#Soydel67

Ayer acabamos septiembre, que ahora para mí es un mes más, pero recuerdo mi época de docente y lo que suponía este mes por la cantidad de trabajo que se acumulaba para cerrar un curso y empezar otro… y encima haciendo los horarios del centro ¡casi na! Ahora todo ha cambiado para mí, pero para los docentes sigue siendo un mes complicado, aunque parece que por fin este curso se vuelve a una cierta normalidad tras estos dos últimos cursos tan difíciles. Les deseo suerte y ánimo a todos los profes, alumnos y familias para afrontar este curso.

Ayer empecé bien la mañana. Fui con mi Merchi al Hospital Virgen del Rocío porque teníamos que entregarle al traumatólogo que me está atendiendo, el doctor Gallo, el calendario del tratamiento correspondiente al ensayo clínico en el que estoy participando en Salamanca para coordinar la operación de rodilla que me tiene que hacer. Nos atendió pronto, rellenó todos los papeles necesarios -que no eran pocos-, cogimos cita para las pruebas de anestesia -que serán el próximo martes- y esperamos un rato para que me hicieran una extracción de sangre para la analítica correspondiente -la número x tendiendo a infinito que me hago-. Así que todo está en marcha y solo queda saber cuándo será el día de la operación. Quedamos a la espera… Seguro que esto me vendrá muy bien para ganar más movilidad y poder poco a poco abandonar la silla de ruedas y volver a andar.

Y por la tarde tenía dos cosas y las dos a la misma hora, a las 20:30: ensayo de coro y quedada con mi gente de «Los del 67». Uno no tiene abuela y al final se cree que tiene muchos dones, pero entre ellos lamentablemente no está el de la ubicuidad, por lo que tenía que elegir ir a un sitio o a otro. Evidentemente elegí ir a la quedada porque era algo que teníamos previsto desde hace tiempo, una quedada a la que se había apuntado más de treinta amigos y amigas, yo había fijado el día y no era plan de faltar. Además era una quedada que en un principio pensamos hacerla en junio, pero que por las circunstancias de la pandemia no pudimos hacer, después venía el verano y decidimos hacerla en septiembre. Y afortunadamente pudo ser ayer.

Mi amigo Fernando se encargó de prepararlo todo, pues nos íbamos a ver en el local de Antiguos alumnos de los Salesianos Trinidad como ya habíamos hecho en ocasiones anteriores antes de la pandemia; eso sí, esta vez tendría que ser en el exterior. Yo sigo teniendo las máximas precauciones y todavía no voy a entrar en locales cerrados y menos con tanta gente. Afortunadamente estuvimos de lujo al aire libre, en la zona exterior nos prepararon unas mesas y sillas y mesas altas y taburetes. Y allí pudimos degustar unas magníficas raciones, montaditos y compartimos cervecitas -yo SIN, por supuesto-.

Me recogió en casa mi amigo Jesús, guardamos la silla en su coche y nos dirigimos hacia la Trinidad. Como llegamos con tiempo, fuimos a verla, sí, a Ella, a María Auxiliadora. Hacía mucho que no iba porque creía que el acceso no estaba adaptado, pero ahora que he comprobado que sí lo está, seguro que me pasaré en más de una ocasión con mi Talquita a verla. Recé ante Ella y me acordé mucho de mi madre, auténtica devota de María Auxiliadora durante toda su vida.

Nos fuimos para el local de Antiguos alumnos y empezaron a llegar amigos. Muchas emociones, muchos abrazos, todos preguntándome por cómo me encuentro, preguntándome por mi Merchi y porqué no había ido -ella no podía faltar al ensayo del coro. Si no hubiera habido ensayo habría venido-. Nos juntamos más de treinta. Me encantó verlos a todos, aunque siento no haberle podido dedicar a cada uno el tiempo que se merecía. Siempre pasa igual en estas cosas. Pero solo con ver esa juntiña allí ya era para estar contento, muy contento. Gente con la que compartí colegio desde 1º de EGB hasta COU -sí, antes se llamaba así-. Y ahí había gente con los que compartí clase en algún momento y otros con los que no. Hasta vino a la quedada uno de nuestros maestros, don Jesús, que no llegó a darme clase, porque él le daba al B y yo era del A -entonces nos separaban por apellidos y ya sabéis que yo soy Díaz-. Mi maestro de 5º y 6º de EGB era don Juan Antonio, que junto a don Jesús formaba un tándem espectacular. Nos llevaban de campamento al lago de los Hurones y don Jesús fue el primero que me hizo cantar, pues me metió en el coro del colegio y me ponía a cantar en el mes de mayo en medio del patio con un micrófono la Salve a la Virgen. Ayer se lo recordé y le dije que todavía estoy en un coro.

Muchos recuerdos. Muchas emociones. Muchas ganas de vernos después de tanto tiempo. Muchas ganas de una próxima quedada. Mucho cariño el que me demostraron. Mucha fuerza la que me dejaron… En definitiva, un rato de los buenos con muy buena gente, que te recarga las pilas de verdad y que te anima a seguir con fuerza.

Gracias, amigos. Gracias, amigas. #Yosoydel67

Y hoy tenía que estrenar la camiseta que me regalaron y que me encantó. Grandísimo detalle: