Hablemos de inclusión

Ayer participé en un programa de una emisora de televisión local de Sevilla -PTV Sevilla-. El programa se llama «Hablemos de inclusión» y es conducido por Juan Castaño.

Juan es amigo mío desde hace muchos años, desde que trabajábamos los dos en el mismo sitio, en la Delegación de Educación de Sevilla, o sea, hace casi veinte años. Recuerdo especialmente el viaje en AVE que compartimos en 2010 para ver ganar a nuestro Sevilla la Copa del Rey en Barcelona al Atlético de Madrid. Y muchas cosas más…

Desde hace un tiempo tiene un programa de televisión con el que pretende divulgar distintos temas relacionados con la inclusión.

¿Que se entiende por inclusión? Pertenecer o ser parte de algo. A veces, este término también se refiere a crear un entorno que promueva el sentido de pertenencia de una persona o grupo, de manera que se sienta apoyada, respetada y valorada.

La inclusión está muy vinculada a las personas con discapacidad -que no minusválidos, menos mal que parece que lo han cambiado o lo van a cambiar-, ya que cualquier actividad que se cree o desarrolle debe estar pensada para todos, con las adaptaciones correspondientes si son necesarias.

Programas como este que hace el amigo Juan son muy necesarios, sobre todo por la difusión porque, como tantas veces digo, esto es tarea de todos.

Os dejo el enlace al programa completo de ayer -yo salgo a partir del minuto 28- y un par de fotos que me mandó el amigo Juan.

Para estas cosas siempre estaré dispuesto a colaborar en la medida de mis posibilidades, porque tengo claro que toda ayuda es poca en estos temas.

Y esta fue la grabación que yo hice con mi propio móvil grabando el televisor:

A veces es «poco a poco»

Gracias a mi amigo Fernando, también paciente de mieloma como yo, por darme el título de este post en un comentario que me hizo a esto que publiqué en Twitter ayer:

Y es que mi amigo Fernando una vez más tiene razón, lo nuestro es «poco a poco»: habrá días mejores -que intentaremos disfrutar al máximo- y habrá días peores -que tendremos que pasarlos lo mejor posible-. Esto es lo que nos ha tocado vivir. No lo elegimos, pero ya que llegó afrontémoslo con fuerza y… «poco a poco».

Llevaba una bonita semana. De hecho, fui el martes a Cádiz con mi cuñado Joaquín al Gran Teatro Falla para ver una sesión de cuartos de final del concurso de agrupaciones. En un principio iba a venir conmigo mi sobrino Migue, pero no se encontraba bien y no pudo venir. Creo que Joaquín y yo vimos la mejor sesión de cuartos de las siete que había. De hecho, en nuestra sesión, de las siete agrupaciones que actuaron, han pasado seis a semifinales, que empiezan hoy. Preciosa experiencia el volver a estar en el Falla como público después de varios años sin poder hacerlo.

El miércoles quedé con mis buenos amigos Antonio y Mariano con los que, aunque estamos en contacto permanente por redes, hacía tiempo que no nos veíamos presencialmente y tomarnos una cervecita -yo SIN-, contarnos nuestras historias y tener esas agradables conversaciones que tres profes de Matemáticas jubilados pueden tener. Un rato muy bueno, como siempre que nos vemos.

Y el viernes tocaba nuevo chute en el Hospital de Día del Virgen del Rocío. Tenía cita a las 8:30, por lo que Merchi y yo dejamos a Patri en su lugar de trabajo, aparcamos, desayunamos y nos fuimos al Hospital de Día.

https://twitter.com/juanmadiaz/status/1753329359463555549

Me llamaron a las 8:45 y, tras saludar a mis enfermeras cracks -en esta ocasión eran Bea, Marina y Silvia y Manuela como TCAE-, fue Marina quien me cogió la vía y quien me dijo que esta vez el tratamiento era más corto, pues sólo me tocaba el Carfilzomib y que en total tardaría en torno a una hora con lavado de vía incluido. Por tanto, Merchi decidió quedarse en la Sala de espera porque no le merecía la pena volverse a casa.

Y así fue. Sobre las 10:00 terminamos, nos despedimos y nos fuimos para casa. Y al rato de estar en mi sillón del salón sentado me empecé a encontrar mal, algo que no me había pasado antes con este tratamiento. Mal cuerpo general, flojera, fatiga -vomité una vez-, algo de fiebre… Así que me fui a la cama y me aislé, por lo que pueda pasar. Y ahí sigo… Ya ayer sábado estuve mejor y no tuve fiebre y hoy sigo igual. Esperemos D.m. poder seguir así y salir del dormitorio a partir de mañana.

La tarde-noche del viernes fue mala, lo pasé mal… uno de esos días que de vez en cuando toca y que, afortunadamente, toca pocas veces. Yo suelo hacer caso a todo lo que me dicen mis hematólogas, menos a una cosa que le dicen a todos los pacientes hematológicos e inmunodeprimidos: «Si te tomas la temperatura y tienes más de 38º, vete a Urgencias». Lo siento, pero yo no voy. Hace mucho tiempo que lo decidí. Mientras pueda gestionarlo en casa… me quedo en casa. Afortunadamente hace mucho que no voy a Urgencias, pero mis malas experiencias en el pasado me hicieron tomar esta decisión. No sé cómo estará ahora ni cómo funcionará, pero lo que yo viví fueron horas de espera en una sala masificada con gente con diversas patologías, sin acceso diferenciado para pacientes inmunodeprimidos y, en definitiva, con una tensión y un estado de nervios que parece que vas a coger allí todos los virus del mundo. Si puedo evitarlo… lo evito. Mientras que no haya otra opción, claro. Es verdad que la saturación de los servicios de urgencias muchas veces es provocada por los propios pacientes, porque muchos van sin tener que ir. Pero conviene darle a esto una pensada para intentar mejorar. Por ejemplo, ¿a nadie se le ha ocurrido hacer en Urgencias un acceso diferenciado para pacientes inmunodeprimidos y de especial atención? No me lo puedo creer… y de verdad no creo que sea tan difícil hacerlo.

Hoy, 4 de febrero, es el Día mundial de la lucha contra el cáncer y, a pesar de ser domingo, seguro que en todas las radios y televisiones hablarán de ello y entrevistarán a especialistas, investigadores y pacientes, lo cual está muy bien, porque toda divulgación que se haga es poca. La pena es que a partir de mañana hablaremos de la lucha contra el cáncer los que lo hacemos en las redes los 365 días del año -este año 366-. Lo que no se puede olvidar es que esto es tarea de todos, para poder seguir avanzando en investigación, tratamientos y curación.

https://twitter.com/juanmadiaz/status/1754001747914244109

Empezamos el 2º ciclo del nuevo tratamiento

Nota inicial: La dexametasona es uno de los fármacos que estoy tomando en este nuevo tratamiento. Ya la había tomado antes en tratamientos anteriores, por lo que sé muy bien de los efectos positivos que tiene y los efectos secundarios. Es un corticoides que produce insomnio, al menos a mí. Y me consta que a otros pacientes que la toman también, por lo que me cuentan. Menos mal que de momento sólo tomo por vía intravenosa 40 mg de dexa una vez por semana -los viernes-, pero lo que tengo claro es que los viernes voy a dormir poco. Al principio intentaba dormir pero, al no conseguirlo, más nervioso me ponía y más difícil me resultaba coger el sueño. A mí me cuesta estar despierto en la cama, no puedo, así que a levantarse. Como uno va aprendiendo, ahora en el momento que me despierto, me levanto y me voy al salón. Lo que se trata es de llenar la noche con cosas que le gusten a uno y ya está. En mi caso: trastear con el móvil, ver alguna serie o película -con auriculares para no molestar a las que duermen-, escribir en el blog -como estoy haciendo ahora a las tres de la madrugada- y, como estamos en época del concurso del carnaval de Cádiz, ver la actuación de alguna agrupación. Hoy, por ejemplo, he dormido dos horas: me quedé dormido a las 0:30 tras ver el impresionante testimonio de Manu Sánchez en Canal Sur y me he despertado a las 2:30. Y aquí estamos escribiendo esto…

Hace un año estaba poniéndome el tratamiento de las células CAR-T en el Hospital de Salamanca y mi Merchi y yo estábamos perfectamente atendidos por la gente de allí, como cada vez que hemos estado desde hace más de cuatro años, que se dice pronto. Muchos viajes en todo este tiempo en busca del camino del #yomecuro…

Y a mi Merchi y a mí nos dio por hacer este vídeo, porque el estar ingresado casi un mes en una habitación de hospital sin poder salir para nada es duro, muy duro. Y nosotros lo hemos vivido ya tres veces. Esperemos que aquí acabe la cuenta, Dios lo quiera.

Pero esto fue hace un año. Ahora seguimos buscando el camino al #yomecuro, pero aquí en Sevilla, en el Hospital Virgen del Rocío. En mi otra casa desde hace seis años. Con mi otra gente, espectacular el trato. Lo que falta es que este nuevo tratamiento de carfilzomib + isatuximab + dexametasona haga su función y controle al dichoso mieloma.

Hoy empezaba mi segundo ciclo, el C2D1, y tenía la cita más tarde que las veces anteriores, a las dos de la tarde. Por lo que le dije a Merchi: ¿Llamo a Manolo y vamos a verlo a él y a Rosario a su casa?». «Claro que sí, llámalos», me dijo Merchi. Manolo y Rosario son los padres de Sergio (qepd), con el que compartí habitación varias semanas en la planta de Hematología. Y allí estaban Manolo y Rosario -dos personas de casi 80 años- acompañando a su Sergio todos los días. Hicimos una buena amistad, como con otra mucha gente, porque compartir una habitación de hospital une mucho, ya que nos ayudamos mutuamente y adquirimos una complicidad especial. Desgraciadamente Sergio falleció hace tres años. Cuando me llamó Manolo para decírmelo no me lo podía creer. Desgraciadamente esto es lo más difícil. Son varios los amigos que se han quedado por el camino pero, como siempre digo, por ellos tenemos que seguir.

Manolo me llama cada dos semanas como mucho para preguntarme cómo estoy y os aseguro que cada vez que cuelgo el teléfono se me caen dos lagrimones. Y siempre le digo a mi Merchi: «Tenemos que ir a verlos». Era algo que teníamos pendiente desde hace tiempo y por fin lo hemos podido cumplir. Un rato muy agradable de charla con los dos. Tenemos que repetir, la próxima vez con una cervecita (SIN) por delante. Gracias por estar siempre ahí, Manolo y Rosario, y a seguir viviendo…

De allí nos fuimos al Hospital de Día del Virgen del Rocío, llegamos un poco antes de las dos de la tarde, que era la hora de la cita, y entré pronto para ocupar uno de los sillones. Tras los saludos iniciales a mis enfermeras cracks Noelia y Luna y a la TCAE Carmen, empezamos con el procedimiento habitual: coger la vía, premedicación, isatuximab intravenoso y carfilzomib intravenoso, con los lavados de vía intermedios con suero. Una vez que ocupé el sillón, le dije a Merchi que esperara a Patri para recogerla y que se fueran para casa. Yo la avisaría cuando acabara para que viniera a recogerme. Me cogió la vía Noelia y me dijo que, como ya era la quinta vez que recibía el tratamiento y lo había asimilado bien, me lo pondría más rápido, por lo que terminaríamos antes.

Efectivamente, terminamos poco después de las cinco de la tarde y un poco antes de acabar se me acerca alguien y me dice: «¿Tú eres Juanma Díaz? Te sigo por redes. Estoy aquí acompañando a mi padre». «Sí, soy yo. Encantado de conocerte. ¿Cómo te llamas?» «Me llamo Juan María. Y además soy sevillista, como tú». «Pues de fútbol no está la cosa para hablar mucho, la verdad. ¡Vaya plan!». Y a partir de ahí entablamos una agradable conversación. Cada vez que voy, consigo desvirtualizar a alguien que me sigue por las redes y es algo que me encanta, porque conocer a las personas presencialmente es mucho mejor que recibir un comentario o un «me gusta» en las redes, aunque esto está muy bien también.

Vinieron a recogerme Patri y Merchi y nos fuimos para casa. Un chute más recibido. Un pasito más. Gracias a mis enfermeras cracks por su profesionalidad y trato, al personal de Farmacia por tenerme el tratamiento preparado cuando llegué, y a ti por el apoyo que me das y que me ayuda a seguir.

Visita a Córdoba

Este pasado fin de semana he estado en Córdoba, acompañado por mi Merchi y por mis cuñados Quino y Ángeles, ya que los Reyes Magos quisieron que así fuera y nos dejaron este detallazo en su casa granaína.

Hemos pasado un par de días magníficos, porque todo ha acompañado, hasta el tiempo, pues han sido unos días soleados y con buena temperatura. Así da gusto, la verdad. Y si a esto le unimos la comodidad del viaje -en AVE ida y vuelta-, lo bien situado que estaba el apartamento donde nos quedamos -en plena Judería, muy cerca de la mezquita-catedral-, lo bien acondicionado que estaba y lo bien que nos acogió Erika, su propietaria… ya sólo faltaba disfrutar los cuatro juntos.

Debido a mis problemas de movilidad, mi primera duda era qué tipo de ayuda llevarme, porque estaba claro que tendríamos que andar, sobre todo por la zona centro, y para esto no estoy preparado. Ojalá lo pueda estar en un futuro… Por tanto, las opciones de bastones y andador quedan descartadas. Los Reyes Magos habían pensado en todo y me habían reservado el servicio de ayuda que prestan en Adif-Renfe -que se llama «Adif Acerca»- para las personas con discapacidad en ambas estaciones, en Sevilla y en Córdoba, y tanto a la ida como a la vuelta. Por lo que me quedaba decidir si me llevaba la Talquita o la silla de ruedas manual. Lo hablé con mi Merchi y decidimos esta última opción porque el sitio por el que nos moveríamos sería el centro de Córdoba que, de las pocas veces que he estado, lo recuerdo bastante empedrado, con muchos adoquines y poco adaptado para personas con movilidad reducida, por lo que con la Talquita no me iba a poder desplazar bien. Por tanto, elegimos la silla manual y fue mi cuñado Quino quien estuvo la mayor parte del tiempo empujándola, con la ayuda de nuestras mujeres en los momentos más complicados.

Nuestro tren salía de Santa Justa el sábado a las 9:10, pero teníamos que estar allí al menos media hora antes para gestionar lo del servicio de ayuda. Así lo hicimos. Muchas gracias a Manolo en Sevilla y a Luisa en Córdoba por lo bien que lo hicieron y nos trataron. Y gracias también a Adif-Renfe por darnos la posibilidad de este servicio tan necesario para nosotros.

Cuando llegamos a la Estación de Córdoba cogimos un taxi y nos llevó al apartamento, donde nos estaba esperando Erika, una chica joven que es la propietaria. Nos encantó todo lo del apartamento: la ubicación, lo bien acondicionado que estaba, los detalles de bienvenida… Muchas gracias, Erika. Repetiremos en cuanto podamos.

Y tocaba disfrutar de Córdoba y de su magnífico centro monumental. Visitamos muchos sitios -mezquita-catedral por fuera, puente romano, plaza de las Tendillas, las caballerizas reales…-, nos hicimos muchas fotos -como siempre hacemos-, nos tomamos una cervecita SIN previa al almuerzo, en el que no podía faltar el salmorejo cordobés y el típico flamenquín. Mi cuñado Quino se pidió rabo de toro. Ya que estamos en Córdoba habrá que probar lo típico de aquí…

Después del almuerzo nos fuimos un rato a descansar al apartamento y por la tarde nos dirigimos a las caballerizas reales -un sitio precioso- pues teníamos entradas para el espectáculo «Córdoba Ecuestre». Magnífico. Nos encantó.

Como cuando acabó el espectáculo la temperatura empezaba a bajar y yo ya estaba algo cansado, compramos algo para cenar de forma ligerita en el apartamento, echamos un ratito de tele y buena charla y retirada. Como siempre, me desperté muy temprano, antes de las seis de la mañana, me puse a trastear con el móvil y a leer un ratito en mi ebook. Y un poco antes de las nueve de la mañana veo esta publicación en Facebook:

Estaba con el móvil, pero me digo… «¿Lo intento?» Venga, vamos allá, por intentarlo que no quede. Y este fue el resultado:

Y tras esta buena noticia y una vez que nos preparamos todos, nos fuimos a desayunar al entorno de la Plaza de las Tendillas. Me llevé una agradable sorpresa porque me encontré en el bar que desayunamos con Manoli y su hija, que nos encantó a Merchi y a mí saludarlas. Manoli también es profe -de Lengua- y hace un año estábamos juntos en el equipo de organización del EABE23, que se celebró en marzo en Sevilla.

He podido saludar a dos personas más que me reconocieron y me siguen por las redes, el amigo Javier, de Dos Hermanas, que también estaba de turismo y Elena que, aunque no estaba allí, sí estaba su hermana en el espectáculo ecuestre y nos reconoció a través de una publicación que puse en mis redes y contactó conmigo por privado. Las cosas que me pasan… y que me encantan.

Recogimos todo en el apartamento, llamamos a un taxi y nos fuimos a la Estación para coger el AVE de vuelta. De nuevo atención magnífica con el servicio «Adif Acerca» y hasta estuvimos un rato de agradable charla con Julia, que fue quien me ayudó a subir al tren con la plataforma elevadora -vaya invento bueno-. En tres cuartos de hora nos plantamos en Santa Justa y allí fue Emilio quien me estaba esperando y me ayudó a bajar del tren. ¡Ojalá todo funcionara igual de bien que esto! Así las personas con discapacidad y movilidad reducida sí podemos viajar y mi experiencia hasta ahora ha sido muy positiva, tanto en tren como en avión.

Mi cuñado Quino fue a sacar el coche del párking, nos recogió y nos acercó a casa. Nos despedimos, nos alegramos del magnífico fin de semana que habíamos disfrutado y esperamos poder repetirlo en un futuro.

La tarde-noche fue futbolera por televisión, pero mejor no hablar de fútbol, porque vaya tela…

Acabando el primer ciclo del tratamiento

Empiezo a escribir esto cuando son las 2:20 de la madrugada…y es que ya sabía yo que la dexametasona haría de las suyas y me produciría ese insomnio que siempre me produce cada vez que entra en mi cuerpo. Uno ya tiene experiencia en esto. Pero quedémonos con lo bueno y es que estoy seguro que tiene más efectos positivos que negativos. ¿Que hay quedarse una noche sin dormir? Pues se queda uno y ya está. Lo importante es que esté haciendo efecto contra la enfermedad y los posibles efectos secundarios del tratamiento. Ya llenaré yo la noche con cosas productivas y que me gustan, como por ejemplo escribir estas líneas en mi blog.

Ayer se cumplía el C1D22, es decir, el día 22 del primer ciclo del nuevo tratamiento que estoy recibiendo en el Hospital de Día del Virgen del Rocío. Es decir, empezaba la última semana del primer ciclo. Cuatro viernes seguidos… y vendrán más. El lunes pasado tuve consulta con mi hematóloga Estrella, que revisó la última analítica que me hice la semana anterior y me dio las pautas para el segundo ciclo del tratamiento que empezaremos el próximo viernes, Dios mediante. Y, por supuesto, le entregué mi cuarto libro dedicado:

Ayer viernes salimos de casa temprano mi Merchi, mi Patri y yo. Dejamos a Patri junto al acceso de Rehabilitación del Hospital para que echara su jornada laboral y nos fuimos Merchi y yo a aparcar y a desayunar -donde siempre- antes de irnos al Hospital de Día de Hematología. Tenía cita a las 8:50, llegamos unos diez minutos antes y no tardó mucho en salir el D7C4 -mi turno de ayer- en la pantalla. Así que entramos, me senté en uno de los sillones y le dije a Merchi que se fuera para casa.

Como era temprano, había todavía poca gente -aunque después se llenó-. Saludé a mis enfermeras cracks conocidas, las dos Beas, y me presenté a Marina, que ya forma parte del equipo de enfermeras cracks. Lo que más me gusta de allí es lo bien que trabajan y la forma tan coordinada en la que lo hacen… y están todo el día liadas: que si poner vías, hacer analíticas, limpiar PICCs, llamar a Farmacia o a celadores, poner tratamientos, plaquetas, bolsas de sangre… una máquina que pita… y puede ser una u otra enfermera -hasta ahora son todas mujeres las que he visto por allí- la que se encargue en cualquier momento. Creo que hay 13 sillones para atender a los pacientes y sigo pensando que aquello se queda corto en número de sillones y, por supuesto, en personal que atiende, porque son muchas las funciones que realizan y, lamentablemente, cada vez somos más los pacientes. Quizás los que mandan deberían redimensionar esto y darle una pensada. Pero claro, se trata de aumentar recursos materiales y humanos y, por tanto, de dinero. Pero esto es Sanidad Pública, la de todos.

Por supuesto, esto último no va en contra del personal sanitario que nos atiende, que hacen más de lo que pueden y que siempre están ahí ayudando y haciendo su trabajo -que recordemos que es tratando con personas que estamos enfermas y que no queremos estar ahí-. Gracias de corazón a todas ellas.

Bea la de aquí -la otra es Bea la de Madrid- se encargó de pincharme para coger la vía. Esta vez lo hizo en el brazo derecho porque el izquierdo lo tengo demasiado castigado, ya que los tres últimos tratamientos los recibí por ahí. Mientras las venas aguanten estaremos sin PICC, lo decidimos entre mi hematóloga Estrella y yo, porque tener un PICC en el brazo -ya lo he tenido puesto tres veces en el pasado- tiene sus ventajas, ya que te ahorra pinchazos y las venas de los brazos no sufren, pues el PICC va conectado a una vena central. Pero también requiere mucha responsabilidad, pues hay que cuidarlo muy bien, ya que es un posible foco de infecciones. Por eso hay que limpiarlo cada diez días en el Hospital de Día y hay que tener mucho cuidado de protegerlo en las duchas para evitar mojarlo. Es posible que finalmente me lo tenga que poner en un futuro próximo, pero mientras tanto seguiremos aguantando esos pinchazos. ¡Total, será por pinchazos recibidos…!

En está ocasión el tratamiento consistía en recibir la premedicación -un paracetamol en pastilla y 40 mg de dexametasona por vía intravenosa- y a la media hora recibir el isatuximab también por vía intravenosa, con los correspondientes lavados de vena con suero. Esta vez no tocaba el carfilzomib, por lo que terminaríamos antes. Nuevamente tengo que agradecer al personal de Farmacia del Hospital el que estuviera allí el tratamiento preparado cuando llegué.

Mientras estaba conectado a la máquina recibiendo el tratamiento, pude saludar a mi amigo Pepelu, un buen amigo de «Los del 67», que había venido a consulta de revisión con su hematólogo, el cual le dijo que seguía perfectamente, que no había rastro de enfermedad y que volvería a verlo dentro de tres meses para una nueva revisión. Me alegro mucho, Pepelu. Estuvimos un buen rato de agradable charla. El sillón que yo ocupaba estaba enfrente del mostrador de las enfermeras, llega otro paciente a entregar en el mismo unos botes para analítica -me pareció- y al irse se dirige a mí y me dice: «Mucho ánimo, Juanma… y seguimos». Yo le digo «igualmente», pero no me dio tiempo a decirle nada más ni preguntarle quién era porque se fue. En ese momento no lo reconocí y seguramente me seguiría por las redes. Así que ya sabes… la próxima vez nos presentamos y hablamos. Y esto va para todos, porque me pasa muy a menudo. Pero yo quiero que nos conozcamos personalmente, porque seguramente nos podamos ayudar mutuamente.

Terminé un poco antes de las dos de la tarde, vino a recogerme Merchi y nos fuimos al mismo bar donde desayunamos para esperar allí tomando una tapita a que saliera Patri de trabajar -acababa a las 15 horas-. Cuando llegó, tomó ella algo y nos fuimos para casa. Estaba cansado pero contento, porque había recibido una nueva sesión del tratamiento, la había tolerado bien y seguramente estaría haciendo su función en mi cuerpo serrano. Muchas gracias una vez más a mis enfermeras cracks por lo bien que me atienden -esta vez fueron las dos Beas, Marina y la TCAE Manuela-. Y a mi Merchi, que siempre está a mi lado.

No quiero acabar estas líneas sin recordar una conferencia a la que asistimos la noche del jueves en San José Obrero impartida por el doctor José Pérez Bernal, verdadero impulsor de los trasplantes y la donación de órganos, médula y sangre y que ya consideramos amigo tras haber acudido cuatro veces, acompañado de personas trasplantadas, al programa de radio que teníamos «La voz de los imparables». Fuimos Merchi, Patri, Alberto y servidor y la verdad es que fue una conferencia muy interesante, sobre todo, porque el doctor sabe transmitir de una forma impecable.

Y hoy sábado se nos presenta un día interesante, ya que los Reyes Magos nos trajeron a Merchi y a mí en casa de mis cuñados Ángeles y Quino una visita junto a ellos a la bonita ciudad de Córdoba. Intentaremos disfrutarla, que la vida está para eso… para disfrutar de los buenos momentos que nos ofrece. Feliz sábado tengáis.