Crónicas hospitalarias. Día 2

El segundo día de ingreso es sábado, fin de semana y, por tanto, día que yo llamo «de hotelito», porque baja mucho la actividad, aunque las funciones diarias básicas de aseo, limpieza de la habitación, atención a la persona ingresada y a su acompañante, control de constantes, comidas, etc. no faltan, por supuesto. El protocolo establecido así lo marca. Tampoco suele faltar las visitas de los médicos que están de urgencias para controlar la evolución del paciente. Lo que sí suele haber menos son pruebas de distinto tipo: radiografías, resonancias, ecografías… salvo que sean de urgencias o estén programadas con antelación. Y, por supuesto, hay hemos consultas abiertas, por lo que las salas de espera y los pasillos están casi vacíos. Evidentemente se atienden las urgencias que hayan o que surjan por parte del personal sanitario. Todo esto hace que se esté más tranquilo, que haya menos ruídos y que el domingo nos traigan una paella de almuerzo. Esperando la de hoy estamos…

Y después desde la ventana de nuestra habitación veremos un montón de camisetas blancas y verdes dirigirse a un sitio al que yo sólo he ido una vez en mi vida con mi amigo Pepe Abadín -y para lo que fuimos…-. Tampoco voy a ir hoy a Madrid a ver el Real Madrid – Sevilla. Las circunstancias no me dejan, pero eso de que la entrada para aficionado visitante cueste 75 € es una pasada, ¿no? Se van a cargar el fútbol. Y como siempre los aficionados los últimos para todo. Intentaré ver ambos partidos por el ordenador, tranquilito y baratito.

La noche del viernes también fue de dormir poco por culpa de la dexametasona. En el post anterior conté todo lo que hice durante el viernes y ahora viene el sábado, que ya he empezado a contar antes.

Dormí entre dos y tres horas en toda la noche, y encima no de forma continua. Llegó Merchi temprano a la habitación con una tostaíta de las que a mí me gusta, porque aquí sólo ponen un pan sin tostar. Estaban de turno en la parte de mi habitación Sara como enfermera y Miriam como Auxiliar. Ambas me conocían porque se acordaban de mis anteriores ingresos por allí. Más tarde vino a hacerme un reconocimiento Javier, que era el hematólogo que estaba de guardia. También se acordaba de mi, me preguntó cómo estaba, si había sentido algo que no tuviera anteriormente, me hizo una revisión completa y me dijo que, además de que la creatinina estaba más o menos en los mismos valores había subido la bilirrubina. Yo le dije en tono de humor que el culpable de esto ha sido Juan Luis Guerra. Nos reímos. Por tanto, bajará hoy un poco la dosis de quimio y ya iremos viendo… También me pondrá una infusión de sangre para regular los efectos de la quimio y yo puse en las redes la importancia de la donación, de cualquier tipo, porque se salvan vidas. Yo fui donante de sangre hasta que pude serlo, pero me sigo centrando en la divulgación, porque creo que esto es tarea de todos. Gracias, Javier, Sara y Míriam por vuestro trato y profesionalidad.

Nos quedamos Merchi y yo solos en la habitación, empezó Sara a ponerme el tratamiento enchufado a la máquina, leímos un rato, trasteamos con el móvil, jugamos unas partiditas con la app Triominos -nos gusta- y, sobre todo, charla, mucha charla, aunque ya lo tengamos todo hablado, pero le digo tantas veces que la quiero y que no sé qué hacía sin ella… Nos contamos cosas que hemos vivido juntos -de abuelos cebolletas- y las que nos quedan por vivir, Dios mediante. Para mí con ella todos los días son 14F.

Por la tarde vino a hacernos un agradable ratito de compañía mi hermana Auxi, otra crack. Ea, ya estábamos juntos los tres que hacíamos el programa solidario de radio «La voz de los imparables», con el que nos lo pasamos de lujo y humildemente pienso que fue un gran programa. Menos mal que todavía pueden verse y oírse enlazados desde mi cuarto libro «La voz de los imparables… y más» que seguís teniendo a vuestra disposición en libros.com y en otros sitios.

Las cosas buenas también hay que decirlas. Y en mi opinión y en la de Merchi las comidas que se le ofrecen en el Hospital Virgen del Rocío a los pacientes ingresados y a sus acompañantes son en general buenas, y llegan en buenas condiciones. Se entiende que a unas personas les gusta más un plato que otro, pero eso ya es problema de los que somos pacientes. Así que desde estas líneas quiero darle las gracias a todo el personal de cocina del hospital y al personal que reparte por las plantas las bandejas pues poca gente se acuerda de ellos y hacen muy bien su trabajo.

En el turno de noche estaba Antonio como auxiliar y Ezequiel repetía como enfermero. Seguía recibiendo el tratamiento con normalidad y me encontraba bien, por lo que le dije a Merchi y a Auxi que se fueran para casa porque estaba todo controlando. Por la mañana me dijo Javier que me iba a recetar un medicamento para poder dormir algo más. Y así ha sido, algo más he podido dormir. Pero he tenido tiempo para entretenerme con otras cosas…

Una de las veces que suena la máquina que me está infundiendo el tratamiento, llamo al timbre para que venga alguien. Y como Ezequiel estaba ocupado, viene la enfermera de la otra parte de la planta, Inma, otro encanto que también conocía. Le cuento la historia reciente y a seguir…

Nuevamente se repite la cantidad de mensajes de ánimo que recibo y que agradezco tanto. Entre ellos destaco aquí el del costalero Julio, que lleva en su costal una de mis pulseras #yomecuro #SeguimosJuanma. Me mandó anoche este vídeo que yo puse en mis redes:

Vaya en el momento en el que me ha cogido esto… Los pañuelos que no me falten. Besos al cielo. Seguimos…

Feliz domingo tengáis…

2 comentarios en “Crónicas hospitalarias. Día 2

  1. Grande entre los grandes. Ejemplo a seguir que nos muestra que los milagros de la vida son esas sencillas cosas que nos pasan cada día. Gracias Juanma por estar, por compartir con todos nosotros tus vivencias. Para mi esto es de gran ayuda..

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