Crónicas hospitalarias. Día 1

Hacía más de un año que no escribía unas crónicas hospitalarias, fue en enero de 2023, fue en Salamanca y este ingreso fue para infundirme las células CAR-T. Conté todo el proceso en este humilde blog y lo incluí en el último de mis libros, en el cuarto. A los nueve meses de esta infusión tuve una recaída, volvió a activarse la enfermedad, recibí un tratamiento de un ensayo clínico nuevo en el Hospital de Salamanca en el Servicio de ensayos, que me duró dos ciclos -dos meses- y después de esto un tratamiento convencional que todavía no había recibido, lo recibí en el Hospital Virgen del Rocío de Sevilla, mi otra casa. Pero tampoco funcionó. Me duró dos ciclos también. Se pone la cosa fea, como cada vez que hay una recaída, hay que pasar el luto correspondiente y seguir con lo que sea, porque para eso cada vez se investiga más, hay nuevos tratamientos y, sobre todo, mis hematólogas de Sevilla y Salamanca son unas cracks.

Según me dijo mi hematóloga Estrella el pasado lunes en consulta, esta vez me había afectado al riñón. Los valores de la creatinina eran muy altos y esto impedía entrar en ningún ensayo clínico, por lo que el primer objetivo era bajar estos valores para poder seguir. Y en esas estamos… Ese mismo día me pidió Estrella cama en una de las dos alas de Hematología del Virgen del Rocío y hasta el jueves -que me hice una nueva analítica- no me llamaron para decirme que el viernes estuviera a las 9:30 en Admisión pues tenía cama asignada.

Pero antes de esto, por casualidades de la vida, el periodista Miguel Fernández me entrevistó en su programa «No te rindas» de Radio Andalucía Información el jueves por la noche. Fue una entrevista breve de sólo nueve minutos pero que me gustó mucho. Aquí os la dejo. Espero que te guste:

Y llegó el viernes. Condujo Merchi, dejamos a Patri en su trabajo, aparcamos, desayunamos donde siempre y nos dirigimos para Admisión. Nos asignaron una habitación de la 8ª planta, habitación individual con cama para acompañante y que estaba muy bien. En esto parece que vamos avanzando, pero todavía falta…

https://twitter.com/juanmadiaz/status/1760948397278715948

Marta estaba acompañada de Clara y Carmen, dos futuras enfermeras que estaban haciendo sus prácticas. Me preguntó Marta si yo tenía PICC puesto y, como le dije que no, fueron las alumnas las que me cogieron una vía en el brazo derecho. Siempre me prestaré voluntario ante el personal en prácticas, porque entiendo que así es como se aprende: haciendo. Y por eso se llama «Hospital Universitario».

Al rato viene a verme la doctora Isabel Montero, una de las hematólogas del equipo, que también se acordaba de mí de haberme atendido en planta varias veces en el pasado, me hace un resumen de la situación actual y me explica el plan previsto. La idea es recibir un tratamiento de quimio por vía intravenosa durante cuatro días seguidos, empezando el mismo viernes, pero no puede asegurar cuándo me pondrían el PICC -teniendo en cuenta que teníamos por delante un fin de semana-, aunque ella lo iba a pedir de forma urgente porque es mejor recibir el tratamiento a través de un PICC que de unas venas de los brazos muy castigadas.

Cuando la doctora abandonó la habitación, me quedé con Merchi comentando todo lo que la doctora nos había dicho y me dio por publicar esto en las redes:

Lo reivindico muchas veces, porque entiendo que se trata de una injusticia, sobre todo pensando en esas personas sin recursos económicos que no se pueden gastar 5 euros diarios para ver la televisión. Siempre lo digo: nadie quiere estar ingresado en un hospital, aquí cada hora de estar tumbado en una cama vale por tres y si encima no puedes ver la tele por falta de recursos… Y eso que ahora las teles son muy modernas: son individuales, le puedes poner auriculares y no molestar a nadie, pero hay que pagar, es un negocio más. Un negocio que tiene que pagar el paciente, al menos aquí. Y lo que más me indigna es que en algunas comunidades autónomas este servicio lo paga la Administración, en otras lo pagan asociaciones de pacientes haciendo un gran esfuerzo, y en otras es el paciente quien paga. Evidentemente es un gasto, pero mientras se siga viendo a la sanidad y a la educación simplemente como gasto y no como inversión en personas, poco vamos a avanzar. Sé que esto es un derecho al pataleo que tengo y que no se conseguirá nada reivindicándolo por aquí -llevo años haciéndolo-, pero mi libertad y mi derecho al pataleo no hay quien me lo quite. No sé lo que le que costaría a la Administración este gasto, pero cuando uno se entera de cosas en las que se gasta mucho dinero y que, según mi opinión, son menos importantes, es lo que hace que me indigne más. Yo uso los datos ilimitados de mi móvil, comparto la conexión con mi ordenador y así puedo trastear por internet, ver la tele, alguna serie o peli…

Al rato llaman a la puerta de la habitación. Es una celadora, Puri, un encanto. Me dice que viene a recogerme para llevarme con silla de ruedas a ponerme un PICC. Estupendo, se había conseguido y podría empezar el tratamiento con el PICC puesto, que era lo ideal. Teníamos que bajar desde la 8ª planta hasta la planta baja. Más de 20 minutos tardamos por culpa de los ascensores y del mal uso que la gente hace de ellos, que todo hay que decirlo. Había menos ascensores funcionando porque algunos estaban estropeados y otros en revisión. Y mucha gente no hace caso a esos carteles de «Uso preferente para el traslado de pacientes». El ombliguismo de hoy en día… A mirar cada uno por lo suyo y la poca empatía. Menos mal que estos casos son los menos… hay más gente buena que mira por los demás, o al menos así quiero verlo.

Será el cuarto PICC que me pongan desde que tengo la enfermedad. Los tres anteriores me los puso José Manuel. Pregunté por él y me dijeron que se había trasladado al Hospital Militar. Por allí estaban Cristina, Consuelo y Esperanza. Fue Cristina quien se encargó de ponerme el PICC y la verdad es que lo hizo estupendamente. El PICC va conectado a una vena central que no está castigada y por ahí se infuden los fármacos de los tratamientos y se extrae la sangre para la analítica. Es muy cómodo porque te ahorras pinchazos, pero hay que tener cuidado porque es un posible foco de infección y hay que mantenerlo siempre muy limpio y sin mojarse.

Cuando terminamos me recogió Puri y esta vez tuvimos más suerte en volver a la habitación porque los ascensores estuvieron más libres. Ya con el PICC puesto, empezamos con los preparativos que hicieron Marta, Clara y Carmen. Cuando vi que Marta me dio una pastilla de dexametasona para que me la tomara, me dije: «Otra noche de insomnio… y van cinco seguidas» Y así ha sido. Nos trajeron a Merchi y a mí la comida -la verdad es que aquí la comida está buena- y cuando llegó la hora en la que salía Patri de trabajar le dije a Merchi que se fuera a recogerla y se fueran para casa. Ella no quería dejarme solo, pero para esto soy muy pesado. Yo estaba bien, con el botón de aviso a las enfermeras al lado y considero que sufrir por sufrir no…. que ya llevamos bastante pasado y lo que seguramente tengamos por delante. Se trata de optimizar recursos y esfuerzos. Al menos yo lo veo así. Si estuviera con mal cuerpo, fiebre, vómitos… pues lo vería normal, pero encontrándome bien y con mayor movilidad que en anteriores ingresos, pues lo dicho: ¡Merchi, para casa!

El tratamiento diario consiste en recibir tres sobres de quimio por vía intravenosa con sus correspondientes lavados. El primero tarda unos 30 minutos en pasar, el segundo una hora y el tercero 24 horas. Así que aquí hay leña. Afortunadamente suele ser un tratamiento poco intrusivo y que yo suelo asimilar bien. Al menos así fue las veces anteriores. Esperemos que esta vez también vaya bien y, sobre todo, que haga su función.

La tarde la pasé viendo concursos, trasteando por las redes y viendo a la selección española femenina de fútbol ganar en la Cartuja. Pude saludar a Ezequiel, enfermero que hacía el turno de noche y que también conocía de anteriores ingresos. Algo de cena, algún capítulo de serie -estoy viendo «Zorro» en Prime Vídeo- y a no dormir. Habré dormido entre dos y tres horas en toda la noche. También aproveché para escribir esto en varios momentos de la noche.

Quiero daros mis gracias infinitas. Por la cantidad de mensajes que he recibido, las muestras de cariño, de ánimo y de envío de fuerzas. Os prometo que me los leo todos y que me ayudan a seguir en esta senda de camino al #yomecuro que tanto está costando. Pero lo vamos a conseguir…

Hoy es sábado y, como siempre digo, estaremos «de hotelito» en el hospital, aunque seguiré recibiendo el tratamiento como si fuera un día laborable. Mi Merchi se vendrá tempranito para hacerme compañía y continuaremos juntos con toda la fe y la esperanza del mundo.

Y a las 6:25 A.M. le doy a publicar. Feliz sábado tengáis…

4 comentarios en “Crónicas hospitalarias. Día 1

  1. La sanidad y la educación siempre serán vistas como gastos. Los que somos profesores como tú y como yo lo sabemos bien. Un abrazo muy fuerte y sobre todo mucha fuerza.

    • Es una pena, pero es así. Y es verdad que es un gasto, pero el avance de un país lo da la inversión en sus ciudadanos. Y no se puede negar que la sanidad y la educación son los dos campos más importantes donde poder invertir.
      Gracias por tu comentario.
      Un abrazo.

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