Acabando el primer ciclo del tratamiento

Empiezo a escribir esto cuando son las 2:20 de la madrugada…y es que ya sabía yo que la dexametasona haría de las suyas y me produciría ese insomnio que siempre me produce cada vez que entra en mi cuerpo. Uno ya tiene experiencia en esto. Pero quedémonos con lo bueno y es que estoy seguro que tiene más efectos positivos que negativos. ¿Que hay quedarse una noche sin dormir? Pues se queda uno y ya está. Lo importante es que esté haciendo efecto contra la enfermedad y los posibles efectos secundarios del tratamiento. Ya llenaré yo la noche con cosas productivas y que me gustan, como por ejemplo escribir estas líneas en mi blog.

Ayer se cumplía el C1D22, es decir, el día 22 del primer ciclo del nuevo tratamiento que estoy recibiendo en el Hospital de Día del Virgen del Rocío. Es decir, empezaba la última semana del primer ciclo. Cuatro viernes seguidos… y vendrán más. El lunes pasado tuve consulta con mi hematóloga Estrella, que revisó la última analítica que me hice la semana anterior y me dio las pautas para el segundo ciclo del tratamiento que empezaremos el próximo viernes, Dios mediante. Y, por supuesto, le entregué mi cuarto libro dedicado:

Ayer viernes salimos de casa temprano mi Merchi, mi Patri y yo. Dejamos a Patri junto al acceso de Rehabilitación del Hospital para que echara su jornada laboral y nos fuimos Merchi y yo a aparcar y a desayunar -donde siempre- antes de irnos al Hospital de Día de Hematología. Tenía cita a las 8:50, llegamos unos diez minutos antes y no tardó mucho en salir el D7C4 -mi turno de ayer- en la pantalla. Así que entramos, me senté en uno de los sillones y le dije a Merchi que se fuera para casa.

Como era temprano, había todavía poca gente -aunque después se llenó-. Saludé a mis enfermeras cracks conocidas, las dos Beas, y me presenté a Marina, que ya forma parte del equipo de enfermeras cracks. Lo que más me gusta de allí es lo bien que trabajan y la forma tan coordinada en la que lo hacen… y están todo el día liadas: que si poner vías, hacer analíticas, limpiar PICCs, llamar a Farmacia o a celadores, poner tratamientos, plaquetas, bolsas de sangre… una máquina que pita… y puede ser una u otra enfermera -hasta ahora son todas mujeres las que he visto por allí- la que se encargue en cualquier momento. Creo que hay 13 sillones para atender a los pacientes y sigo pensando que aquello se queda corto en número de sillones y, por supuesto, en personal que atiende, porque son muchas las funciones que realizan y, lamentablemente, cada vez somos más los pacientes. Quizás los que mandan deberían redimensionar esto y darle una pensada. Pero claro, se trata de aumentar recursos materiales y humanos y, por tanto, de dinero. Pero esto es Sanidad Pública, la de todos.

Por supuesto, esto último no va en contra del personal sanitario que nos atiende, que hacen más de lo que pueden y que siempre están ahí ayudando y haciendo su trabajo -que recordemos que es tratando con personas que estamos enfermas y que no queremos estar ahí-. Gracias de corazón a todas ellas.

Bea la de aquí -la otra es Bea la de Madrid- se encargó de pincharme para coger la vía. Esta vez lo hizo en el brazo derecho porque el izquierdo lo tengo demasiado castigado, ya que los tres últimos tratamientos los recibí por ahí. Mientras las venas aguanten estaremos sin PICC, lo decidimos entre mi hematóloga Estrella y yo, porque tener un PICC en el brazo -ya lo he tenido puesto tres veces en el pasado- tiene sus ventajas, ya que te ahorra pinchazos y las venas de los brazos no sufren, pues el PICC va conectado a una vena central. Pero también requiere mucha responsabilidad, pues hay que cuidarlo muy bien, ya que es un posible foco de infecciones. Por eso hay que limpiarlo cada diez días en el Hospital de Día y hay que tener mucho cuidado de protegerlo en las duchas para evitar mojarlo. Es posible que finalmente me lo tenga que poner en un futuro próximo, pero mientras tanto seguiremos aguantando esos pinchazos. ¡Total, será por pinchazos recibidos…!

En está ocasión el tratamiento consistía en recibir la premedicación -un paracetamol en pastilla y 40 mg de dexametasona por vía intravenosa- y a la media hora recibir el isatuximab también por vía intravenosa, con los correspondientes lavados de vena con suero. Esta vez no tocaba el carfilzomib, por lo que terminaríamos antes. Nuevamente tengo que agradecer al personal de Farmacia del Hospital el que estuviera allí el tratamiento preparado cuando llegué.

Mientras estaba conectado a la máquina recibiendo el tratamiento, pude saludar a mi amigo Pepelu, un buen amigo de «Los del 67», que había venido a consulta de revisión con su hematólogo, el cual le dijo que seguía perfectamente, que no había rastro de enfermedad y que volvería a verlo dentro de tres meses para una nueva revisión. Me alegro mucho, Pepelu. Estuvimos un buen rato de agradable charla. El sillón que yo ocupaba estaba enfrente del mostrador de las enfermeras, llega otro paciente a entregar en el mismo unos botes para analítica -me pareció- y al irse se dirige a mí y me dice: «Mucho ánimo, Juanma… y seguimos». Yo le digo «igualmente», pero no me dio tiempo a decirle nada más ni preguntarle quién era porque se fue. En ese momento no lo reconocí y seguramente me seguiría por las redes. Así que ya sabes… la próxima vez nos presentamos y hablamos. Y esto va para todos, porque me pasa muy a menudo. Pero yo quiero que nos conozcamos personalmente, porque seguramente nos podamos ayudar mutuamente.

Terminé un poco antes de las dos de la tarde, vino a recogerme Merchi y nos fuimos al mismo bar donde desayunamos para esperar allí tomando una tapita a que saliera Patri de trabajar -acababa a las 15 horas-. Cuando llegó, tomó ella algo y nos fuimos para casa. Estaba cansado pero contento, porque había recibido una nueva sesión del tratamiento, la había tolerado bien y seguramente estaría haciendo su función en mi cuerpo serrano. Muchas gracias una vez más a mis enfermeras cracks por lo bien que me atienden -esta vez fueron las dos Beas, Marina y la TCAE Manuela-. Y a mi Merchi, que siempre está a mi lado.

No quiero acabar estas líneas sin recordar una conferencia a la que asistimos la noche del jueves en San José Obrero impartida por el doctor José Pérez Bernal, verdadero impulsor de los trasplantes y la donación de órganos, médula y sangre y que ya consideramos amigo tras haber acudido cuatro veces, acompañado de personas trasplantadas, al programa de radio que teníamos «La voz de los imparables». Fuimos Merchi, Patri, Alberto y servidor y la verdad es que fue una conferencia muy interesante, sobre todo, porque el doctor sabe transmitir de una forma impecable.

Y hoy sábado se nos presenta un día interesante, ya que los Reyes Magos nos trajeron a Merchi y a mí en casa de mis cuñados Ángeles y Quino una visita junto a ellos a la bonita ciudad de Córdoba. Intentaremos disfrutarla, que la vida está para eso… para disfrutar de los buenos momentos que nos ofrece. Feliz sábado tengáis.

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