Los matemáticos

Hoy es 25 de noviembre… y empezaba el día poniendo esto en mis redes:

Hace un par de días coincidía en el ascensor de mi bloque con Ángela, hija de mi amigo José Antonio, con el que jugaba al pádel en el grupo «Padeleros» que teníamos cuando yo jugaba al pádel, antes de tener mi enfermedad, por supuesto. Y le digo: «Ángela, me ha dicho tu padre que has empezado Matemáticas en la Facultad». Y me dice: «Sí, Juanma, me gustan mucho las matemáticas y me decidí por esta carrera». «Pues mucho ánimo, Ángela, y a por todas. Y por supuesto aquí estoy por si me quieres preguntar algo».

Mi ofrecimiento desde luego es sincero, aunque el estar tanto tiempo alejado de la docencia y, sobre todo, del mundo universitario y de la carrera de Matemáticas en particular, hace que mi perspectiva quizás no sea acorde con la realidad de este momento. Sólo estoy enterado de las cosas que me llegan por distintos medios -fundamentalmente redes-, pero son cosas que en muchos casos hay que poner en cuarentena porque desde la lejanía es difícil comprobar cuánto hay de verdad en las cosas que se dicen.

Lo que puedo decir con total seguridad es que cuando yo hice la carrera de Matemáticas -la empecé en el año 85- era una carrera muy difícil. Me costó mucho trabajo terminarla, pero la terminé. Sobre todo el principio es mortal. Y es que cuando uno viene del BUP y el COU -sí, era lo que había entonces- sacando buenas notas en Matemáticas y llega a la carrera y empieza a suspender exámenes, a sacar notas muy bajas, a ver que los porcentajes de aprobados eran muy bajos… se te baja la moral. De hecho se producían muchos abandonos y cambios de carrera. Menos mal que yo siempre tuve el apoyo de mis padres -besos al cielo- que confiaban plenamente en mí y me sentía muy apoyado por ellos. Así que seguí adelante y después de más de siete años me licencié en Matemáticas. Era febrero del año 93 y en ese verano me presenté a las oposiciones de profesor de Secundaria de Matemáticas, que las aprobé pero no conseguí plaza. Fue en el año siguiente, en el 94, cuando mi amigo Fernando y yo aprobamos en el IES Nervión. Contento es poco. Funcionario de carrera y profesor de Matemáticas, lo que yo siempre he querido, porque yo soy profesor de vocación. Y además de Matemáticas, lo que siempre me ha gustado.

Posteriormente mis dos hermanas, Chari y Auxi, quisieron estudiar la carrera de Matemáticas, y a las dos les quité las ganas porque, según mi experiencia, es una carrera muy frustrante, salvo que seas un coquito. Muy poca gente terminaba la carrera en los cinco años que eran entonces. Normalmente se necesitaba algún año más, como ocurrió en mi caso y en el de muchos amigos y compañeros. Mis dos hermanas acertaron estudiando Estadística porque terminaron su carrera y hoy en día tienen buenos puestos de trabajo.

Por lo que leo en las noticias parece que ahora todo es bastante distinto. Dicen que faltan matemáticos que quieran ser profesor de Matemáticas y estas plazas son ocupadas por ingenieros, arquitectos y graduados de otras carreras científicas. Que yo no digo que no puedan serlo, me parece muy bien que lo sean, pero quien se meta en esto de la docencia debe entender que algo de vocación debe tener, porque van a tratar con chavales, con personas… y estos se merecen tener un buen trato y que quien esté guiando su proceso de aprendizaje sepa lo que está haciendo. Que en los tiempos que vivimos no es fácil, pero yo aquí también pienso en que hay más alumnos buenos que malos, pero estos hacen más ruído.

A los matemáticos ahora se lo rifan las empresas de tecnología, de consultoría informática, de programación, de inteligencia artificial y demás… y supongo que en estas empresas tendrán mejor sueldo y no tienen que «aguantar» niños, porque el trabajo es totalmente distinto. Eso sí, lo que no creo que tengan son más vacaciones :-). De hecho, a mí en Linkedin me llegan un montón de ofertas de trabajo… y eso que ni lo miro, pero me llegan los avisos al correo y todo es porque en mi perfil pone que soy licenciado en Matemáticas.

(Paro de escribir porque viene mi amigo Jesús a recogerme porque tenemos la comida de amigos matemáticos).

Retomando… ya en casa tras disfrutar de una magnífica comida con mis amigos matemáticos. Otra más. Y van… ya ni me acuerdo. Esto se ha convertido en una tradición para nosotros. El último sábado de noviembre es sagrado, salvo razones de fuerza mayor, claro está. Por ejemplo ni este año ni el pasado ha podido estar físicamente con nosotros nuestro amigo Paco, pero ha estado en videollamada:

Todo empieza con unas cervecitas y tapitas en el que fue mi barrio de siempre, en San Carlos. Me recoge mi amigo Jesús, que también vive en Sevilla Este, como yo. Y nos vamos para allá. Llegamos los primeros y vemos que la Taberna de «La niña de Enrique» está cerrada por asuntos propios, por lo que nos vamos al bar «La duna», que está al lado, para esperar a los demás.

Llegan Fernando y Julio juntos y después llega Aníbal, que es el que viene de más lejos, de Palma del Río. Ya estamos todos. Cervecitas -yo SIN-, ensaladilla y croquetas de serranito -la primera vez que veo esto-. Nos preguntamos cómo estamos nosotros y nuestras familias y nuestras conversaciones se centran en cosas compartidas en el pasado y risas, muchas risas. De enfermedades y tratamientos, lo preciso… no más. Ahí estábamos para otra cosa, para seguir disfrutando de la vida, como solemos hacer cada vez que nos juntamos.

Y de allí nos fuimos al sitio de siempre, a «La Bodega» de Salteras, un sitio espectacular donde se come una carne a la brasa buenísima. Grandísimo rato durante la comida, que acabó cerca de las seis de la tarde, grandísimas conversaciones, recuerdos de anécdotas… con mi gente, con los mejores. Amigos matemáticos de siempre.

Ya he apuntado en mi Calendar la quedada del 2024. Y si podemos hacer otra antes, mucho mejor. Gracias, amigos. Seguimos…

2 comentarios en “Los matemáticos

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