Comentarios que llegan al alma

Son muchos los comentarios que recibo a través de los comentarios de este blog y de mis redes sociales. En todos esos comentarios hay mucho cariño, envío de fuerzas y de ánimos… algo que os aseguro que me hace sentirme muy acompañado y que me ayuda mucho. Es no sentirse solo en este camino al #yomecuro que tan complicado se hace algunas veces… Mi familia, mis amigos actuales y los que lo fueron en la infancia, los que fueron mis compañeros de estudios, de carrera, de trabajo…; la gente que me sigue en las redes sociales… todo hace un gran equipo que me acompaña en este camino.

Sabéis que gracias al apoyo de muchos mecenas hemos publicado tres libros solidarios. Y lo he hecho con dos objetivos fundamentales: que le sirva a quien lo lea y tiene la vertiente solidaria, pues estoy donando todo lo que me corresponde como autor a entidades que luchan contra el cáncer, apoyan la investigación y ayudan a pacientes y familiares.

He creado tres álbumes de fotos de los lectores de los libros, así que si aún no me has mandado la foto ya me la puedes ir mandando para que la incluya en el álbum. También os pido que me mandéis vuestras impresiones una vez que os leáis el libro «Cada vez más cerca del #yomecuro». Ya he recibido varias impresiones y todas ellas son buenas, pero os voy a dejar por aquí la de mi amigo de la infancia y compañero de colegio Javier. En los Salesianos de la Trinidad. Él de letras y yo de ciencias; él del Betis y yo del Sevilla… pero el comentario me parece genial (al igual que los que me mandó en los dos libros anteriores). Tengo su permiso para publicarlo, así que aquí lo tenéis. Disfrutadlo como lo he disfrutado yo:

Hola, Juanma.
Aquí estoy, fiel a la cita de cada verano (van tres), y para cumplir con gusto la petición que me haces en tu bonita dedicatoria.
Esta mañana he completado la lectura de «Cada vez más cerca del #yomecuro» que me ha tenido enganchado durante unos pocos días. Tus libros se leen rápido y del tirón, aunque te empeñas en ponerlo cada vez más difícil: cada vez más páginas… Pero bienvenidas son.
Comparto contigo algunas impresiones de mi lectura. Empezaré elogiando tu estilo.
Tal vez por deformación profesional me fijo mucho en la forma, en la estructura de los textos que leo, en la coherencia y cohesión, en la corrección gramatical y la variedad léxica… Tu estilo, creo que ya te lo he dicho alguna vez, es sencillo y directo. Y esto es una hermosa cualidad, pues, si bien hay quienes se deleitan con el barroquismo de frases y palabras, las tuyas (tus frases y palabras) huyen de la retórica, no dejan espacio a la ambigüedad, son claras y cumplen a la perfección el objetivo que te propones. La lectura es ágil y tienes la virtud de introducirnos con naturalidad en tus viajes y vivencias como si el que te lee estuviera allí, presenciándolos, viéndolos junto a ti.

En un comentario de texto, al análisis de la forma le sigue el del contenido. Y aquí también tengo que alabar tu estilo, tu talante. No sé si recuerdas la última escena de «La vida de Brian». Los Monty Python hacen cantar al grupo de crucificados aquello de «Always look on the bright side of life», mira siempre el lado bueno de la vida, a pesar de las dificultades. Eso es lo que tú haces cada día. Esta canción tiene una melodía simpática, optimista y muy pegadiza. Pues bien, la melodía de tu libro es simpática, optimista y muy pegadiza. Uno de los elementos que hace que una canción sea pegadiza son las recurrencias, es decir, las sucesivas repeticiones de patrones melódicos. En tu libro hay muchos de estos patrones que como una gota constante, van horadando la piedra. Decía el poeta Ovidio «Gutta cavat lapidem non vi sed saepe cadendo», esto es, «la gota horada la piedra, no por la fuerza sino cayendo constantemente». Perdón por el latinazgo, pero de alguna manera tú me has dado pie con uno de esos patrones melódicos que repites una y otra vez en latín: carpe diem, motivadora expresión acuñada por el poeta Horacio en un hermoso poema que a mí me gusta leerles a mis alumnos el primer día de clase. Pues vamos con esos patrones. Dicho queda el primero, carpe diem, pero hay más:

• Yomecuro. ¿Cómo no? Repetido como un mantra, una y otra vez. He leído en los últimos días un libro de Marián Rojas Estapé, «Cómo hacer que te pasen cosas buenas», y me he acordado de ti. «Una actitud adecuada y sana», escribe, «puede ser la medicina natural más poderosa a nuestro alcance.» Y tú esta medicina la manejas a la perfección. Eres todo un modelo.
• Por mí y por todos mis compañeros. La solidaridad te mueve, no solo tu bien. Eso lo tienes clarísimo. Otros podrían, en su desdicha, mirar solo su ombligo y buscar su propia salvación. No es tu caso. «No nos salvamos solos», dice el Papa Francisco, nos salvamos en racimo. Y en cada paso que das, efectivamente, piensas en el racimo.
• Crack. La primera acepción del DRAE la obviamos, la segunda dice que crack, voz inglesa, es un deportista de extraordinaria calidad. En tu libro, en tu vida, reconoces a muchos cracks, no tienen que ser deportistas porque tú te fijas en la segunda parte de la definciión, en lo de ‘extraordinaria calidad’, cada uno en lo suyo. Así que asistimos a un desfile de cracks: enfermeras, médicas/os, taxistas, amigos/as… No lo pongo en duda, si lo dices, seguro que lo son, pero estoy convencido de que por encima de todos ellos el verdadero crack eres tú.

• Gracias. Si hiciéramos un ranking de las palabras que más aparecen en el libro, esta se llevaría la palma, de esta forma nominal o en su variante verbal: agradecer. Creo que no hay un capítulo en el que no apararezca, al menos, una vez. Sabes que los antiguos alumnos salesianos solemos rescatar el lema «es de bien nacidos ser agradecidos». Tú demuestras tu buena cuna, Obdulio y Manoli, en cada gracias que escribes.
• Mi Merchi. Mil veces repetida. Así que ni una palabra más, tú las dices todas y te quedas corto. ¡Qué afortunado eres! Que sepas que ese monumento que le tienes prometido se va haciendo cada vez más grande con el paso de los meses. Así que ve ahorrando. Pero tampoco te preocupes demasiado, pues somos muchos los que responderemos en un próximo crowdfunding para este merecido monumento.
Y, como ocurre con las canciones pegadizas, que hay melodías que se te meten en la cabeza y que resulta difícil dejar de tararear, así estos patrones recurrentes van calando en quienes te leemos (el optimismo, la solidaridad, el reconocimiento, el agradecimiento…) y nos va haciendo mejores.

Un último apunte sobre tu estilo: la elegancia. Reconoces a toda la buena gente que te rodea, todo lo bueno que te pasa, pero cuando hay algo, alguien, que no, lo pasas por alto o lo tratas con un tacto y una elegancia encomiable. No te ensañas con el taxista al que ya tienes vetado (nadie sabemos por qué ni tenemos por qué saberlo) ni te extiendes en tus denuncias y reclamaciones más allá de lo necesario, que además es por el bien común, hables del acerado o de las plazas de aparcamientos. Lo dicho, la elegancia prima.
Para terminar, que ya me estoy enrollando demasiado, quiero felicitarte por los testimonios que recoges al final. He disfrutado cada uno de ellos por su variedad, profundidad, calidad y cariño.
Ánimo y adelante, tienes un gran equipo, ¡el mejor!, y no hablo del Sevilla Fútbol Club, que aunque sea un buen equipo, no es el mejor (jeje), ya lo veremos esta temporada que pinta en verde como la portada de tu libro; hablo de un equipo más serio y competente: Él y Ella te acompañan. Y a ellos, quienes creemos, les rezamos por ti.
Gracias por compartir tu vida. Aunque no nos veamos, aunque no hablemos siquiera por teléfono, estamos contigo, cada vez más cerca del «yomecuro».
Un fuerte abrazo.

¿Es para sentirse querido o no? Soy muy afortunado. Mil gracias, Javier.

4 comentarios en “Comentarios que llegan al alma

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