Y la tercera de tres

Escribo estas líneas la noche del Viernes Santo de 2022, después de haber descansado unas horas tras la maravillosa madrugá que me ha tocado vivir y que todavía me tiene emocionado. Os lo cuento desde el principio…

Todo empezó en casa: coger mi papeleta de sitio, preparar las estampitas del Señor y de la Virgen, algunas pulseritas y colgantes de nazarenos que me había preparado mi Merchi, la ropa de nazareno… y la silla de ruedas manual. En esta ocasión no me acompañaría la Talquita, le daríamos descanso.

Para cumplir con la tradición me fui con mi Merchi a la que fue casa de mis padres -y mía hasta que me casé- y que ahora es la de mi hermana Chari, de mi cuñado Joaquín, de mis sobrinos Manu y Ángela, de mi Migue y de mi tío Carlos. Los dos pequeños se vestirían de nazareno junto a mí y harían su estación de penitencia con nuestra Hermandad de Los Gitanos; Manu por primera vez desde el principio… y fue un campeón porque la hizo entera.

Mi cuñado Joaquín empujó mi silla de ruedas hasta llegar al templo de Los Gitanos acompañado de algunos amigos. Mi amigo Coli, que junto a Francis irían encargados de los más pequeños en el cuarto tramo del Señor, me ayudó a llevarme a mi sitio para esperar a la salida y allí tomó el relevo mi amigo-hermano Carri que desde ese momento ya no se separaría de mi lado. Pude saludar a varios amigos y familiares que también pertenecen a la Hermandad: Félix, de la Junta de gobierno; Rebeca, de San José Obrero, que iba acompañando a su sobrina; Pedro y su hijo, clientes del «Tos x =»; Joaquín, capataz de San Juan Bosco; Sergio y el hermano de mi compi Paqui, miembros de la Agrupación musical de Nuestro Padre Jesús de la Salud; mi sobrina Mari y su hija Daniela; Ángel Luis, ex-alumno de mi IES Chaves Nogales. Y los que me faltaron… En definitiva, amigos y familiares que iban a hacer su estación de penitencia de una u otra forma: con cirio, llevando una cruz, empujando mi silla de ruedas o tocando con la banda detrás del Señor.

Antes de salir le dije a mi amigo Carri que me llevara al interior del templo para ver al Señor de la Salud, pues durante todo el recorrido no podríamos verlo, ya que nuestro sitio estaba detrás de la Virgen de las Angustias. Y entramos. Y lo vimos. Y le rezamos. Y pudimos saludar a Juanma Martín, capataz del Señor, al que entrevistamos en el último programa de «La voz de los imparables». Nos deseamos mutuamente una feliz estación de penitencia, me dijo que haría una levantá dedicada a los #yomecuro tal y como le pedí en el programa y nos hicimos una foto:

Y a partir de ahí tocó disfrutar… Carri y yo íbamos justo detrás del palio de la Virgen de las Angustias, en la primera fila de penitentes. Él empujó mi silla durante todo el recorrido, salvo algunos momentos en los que fue relevado por su hijo Pablo, que vino junto a Noelia después de la Catedral y nos acompañaron buena parte del recorrido de vuelta. También nos acompañaron mi Merchi, mi Patri y Alberto. Durante todo el recorrido, sobre todo el de vuelta, pude saludar a más amigos, familiares y seguidores de las redes que me encontraban fácilmente al ir en silla de ruedas. Cada saludo era una emoción más.

Le hablé a Ella durante todo el camino, le recé mucho, le pedí por mí, por mi familia y por todos mis compañeros; le di las gracias por estar en mi equipo y por la ayuda que me está prestando… y disfruté, disfruté mucho, pero también me emocioné. Cada levantá, cada vez que los costaleros decían «¡Al cielo!», cada marcha que tan magníficamente interpretaba la banda de las Nieves de Olivares -¡vaya banda y vaya repertorio!-.

Y cuando estábamos llegando al Templo para la recogida le digo a mi amigo Carri: «Carri, tengo promesa de entrar en el templo andando, así que desde el momento en el que lleguemos a la zona de seguridad con vallas me levantaré de la silla de ruedas y yo la empujaré. Ponte a mi lado por si necesito ayuda». Dicho y hecho. Fueron más de 30 minutos en pie, varias marchas y saetas -entre ellas una de la cantaora flamenca Esperanza Fernández, que cantó a pie de calle justo a mi lado-. Manolo, hermano de Carri, inmortalizó este momento en el que yo iba andando:

Cuando entró la Virgen en el templo le volvimos a rezar a Él y a Ella, nos despedimos de los más allegados y nos fuimos. Fuera nos estaba esperando nuestra gente. Carri se fue con su familia y yo con la mía. Me quité el hábito nazareno y nos paramos junto a San José Obrero para tomarnos algo, ya que mi Merchi había aparcado por allí. Coincidimos con mi tío Carlos, con quien tuvimos el gusto de compartir un aperitivo y además nos invitó él.¡Bien por mi tío Carlos!

Una vez en casa tocaba descansar después de tantas horas. Pero las emociones no acababan. Por la tarde recibí un vídeo del capataz Juanma Martín en el que se demuestra que cumplió lo que me prometió. ¡Detallazo total! Mil gracias, Juanma, Aquí lo tenéis:

Tres estaciones de penitencia completadas. Tenía que hacerlo… y es que tengo tanto que agradecer… Os aseguro que jamás se me va a olvidar esta madrugá del 2022 ni esta Semana Santa que ya está casi terminando, aunque todavía tengo que ver mañana a mi Hermandad de la Trinidad que, aunque hace mucho que no salgo de nazareno en ella, sigue siendo mi Hermandad. Muchas emociones que guardar en mi memoria y que estoy dispuesto a repetir el próximo año, si Dios quiere, porque quiero seguir viviendo y seguir disfrutando de las cosas bonitas que la vida -y sobre todo la gente- nos ofrece… Seguimos, porque #SomosImparables.

4 comentarios en “Y la tercera de tres

  1. Para mí, ha sido impresionante verte de nuevo en esa fila de los gitanos. Como bien sabes, siempre me emociono cuando veo nuestro Manuel y Angustias, pero cuando te dejé me emocioné mucho de volver a compartir esos momentos qué antaño hacíamos. Un abrazo amigo.

  2. La verdad es que leyéndote puedo adivinar lo que viviste….muy emocionante, seguro que Él y Ella te han escuchado y te seguirán acompañando en el equipo.
    Me alegro por tí, por todo lo que disfrutaste y viviste
    Un abrazo 😘😘💪💪

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