Nadie la quiere como nosotros

En el post anterior que escribí hace unos días comenté que mi Sevilla FC iría a una nueva final de la Europa League tras eliminar a la Juventus de Turín en las semifinales. Yo pude vivir ese partido de vuelta con mi Migue en el Sánchez-Pizjuán en el que ganamos 2-1 y conté todas mis sensaciones, que no fueron pocas. Disfrutamos mucho.

Esa final se jugó ayer, 31 de mayo. En el Estadio Puskas Arena de Budapest (Hungría). Muy lejos. Pero 13000 sevillistas estuvieron allí. Hay historias de todo tipo del sevillismo para estar presencialmente en esta final, ya que había pocos vuelos chárter que fueran directos y, por tanto, ha habido gente que ha hecho varias escalas de aviones, trenes o autobuses. Incluso ha habido gente que se ha ido en coche o furgoneta. ¡Como para dudar de su sevillismo! Hay gente que no entiende esto, pero yo sí lo entiendo, será que he mamado sevillismo desde chico.

Está claro que me hubiera encantado estar, pero soy consciente de mis limitaciones actuales y las condiciones de este viaje no eran muy propicias para mí. Aparte del tema económico -muy caro todo- está el tema de mi poca movilidad. Así que desde el primer momento decidí que lo vería por la tele, aunque esto es otra…

Mi Patri se puso su camiseta de Puerta, yo me puse la del «Nunca nos rendimos». Cogimos bufanda y bandera y a ver el partido en familia por la tele. Merchi y Vero también se unieron, aunque me quedé viéndolo solo con Vero porque Merchi y Patri se ponen muy nerviosas con este tipo de partidos… Y eso que Merchi es bética, pero hasta para esto está a mi lado… #RivalidadSana.

Y empezó la previa del partido. ¡Qué grande Andrés Palop con sus comentarios! Y sonó en el estadio ese «Cuentan las lenguas antiguas…», ese himno del Centenario de El Arrebato que suena a gloria cada partido del Sánchez-Pizjuán y que ayer sonó cantado por los 13000 sevillistas que allí estaban -la tercera parte de los aficionados que tenía la Roma en el estadio húngaro-. Y sonaron muchos más cánticos sevillistas… Y empezó a rodar el balón… Una primera parte con demasiado respeto entre ambos equipos y miedo a perder. Apenas hubo ocasiones de gol, mucho centrocampismo y sólo en los últimos diez minutos de esta primera parte apretó algo más el Sevilla, tras marcar Dybala para los italianos en el minuto 35.

En la segunda parte estuvo mejor el Sevilla. Consiguió empatar en el minuto 55 gracias a un gol en propia puerta de Mancini tras centro de Navas. Gritos en casa. El Sevilla atacó más en esta segunda parte e intentó ganar el partido, pero no pudo ser. Nos fuimos a la prórroga donde se jugó más bien poco, porque se perdió mucho tiempo atendiendo a lesionados y el cansancio de los jugadores de ambos equipos era evidente.

Y llegamos a los penaltis… La lotería de los penaltis, donde cualquiera puede ganar. Pero el Sevilla FC ha demostrado hasta ahora que juega las finales de Europa League para ganarlas. Y ganamos. Siete de siete. Siete finales jugadas y siete ganadas.

Y miré al cielo. Y me acordé de mi suegro Lorenzo, de los pequeños Julio y Edu, de mis amigos de la peña sevillista Hastalmuerte.net José María Fidalgo y José Carlos Acosta y de tantos sevillistas que por allí están. Y, sobre todo, me acordé de mi padre, el que me enseñó a ser sevillista, el que me llevaba a Nervión a ver el fútbol desde que yo era chico. Mandé un beso al cielo, me abracé con mi mujer y mis hijas y tocaba disfrutar. Muchos mensajes recibidos de enhorabuena. De familiares y amigos, sevillistas y no sevillistas. Sé que hay gente que son de otros equipos -incluso béticos- o que no les gusta el fútbol que se le alegran por mí, lo cual les agradezco enormemente.

Y hoy hay que celebrarlo. No me quitaré la camiseta del Sevilla FC en todo el día y, como socios que somos, iré con mi Migue esta noche al Sánchez-Pizjuán a la celebración oficial.

Después de la mala temporada que veníamos sufriendo los sevillistas nadie podía esperar esto que hemos vuelto a vivir. En Liga cercanos en muchas ocasiones a los puestos de descenso, en la liguilla de Champions haciendo un pésimo papel… Menos mal que al menos conseguimos quedar terceros del grupo y esto nos llevó a la Europa League, nuestra competición fetiche. En ella hemos conseguido eliminar a grandes equipos europeos: Manchester United en cuartos -que ya había eliminado a Barcelona y Betis-; Juventus de Turín en semifinales y Roma en la final. Y en esto ha tenido mucho que ver don José Luis Mendilíbar, un entrenador humilde, que lleva menos de tres meses como entrenador sevillista, y vaya la que ha liado… Gracias, Mendi. ¡Renovación ya! El milagro de Mendilíbar…

Y para terminar: a mí me suele caer más o menos bien todo el mundo. Pero con Mourinho no puedo, lo siento. Su prepotencia, sus gestos desde el banquillo y continuas protestas, su mal perder echándole la culpa al árbitro, su actitud quitándose la medalla de subcampeón y regalándola… Para mí esto es un desprecio. ¡Cuanta gente quisiera ser subcampeona de la Europa League! La verdad es que esta sensación no la conocemos los sevillistas, porque como cada vez que jugamos una final de Europa League la ganamos…

#VamosMiSevilla #NuncaTeRindas #NadieLaQuiereComoNosotros #LaSéptimaEsNuestra

Una final de Europa League más…

Ayer, 18 de mayo de 2023, hicieron trece años desde que mi padre nos dejó. Un maldito cáncer de pulmón se lo llevó. Tenía 74 años -la misma edad con la que murió mi madre unos años después por culpa de un cáncer de mama metastásico-. Sí, el maldito cáncer, que desgraciadamente tan presente está en muchas familias. Qué os voy a contar yo…

El tabaco podía con él, no podía dejar de fumar, era superior a él… y mira que lo intentaba, pero sólo lo consiguió al final, cuando la enfermedad estaba ya muy avanzada y lo menos que le pedía el cuerpo era fumar. Los que hemos sido fumadores sabemos el trabajo que cuesta dejarlo, así que si no has fumado nunca… ni lo pruebes; y si ya eres fumador, intenta dejarlo, pero tienes que estar convencido de ello. El tabaco no trae nada bueno, os lo aseguro.

El 19 de mayo de 2010 jugaba el Sevilla FC la final de la Copa del Rey contra el Atlético de Madrid en el Nou Camp de Barcelona. Mi sobrino Migue y yo teníamos entrada para asistir al partido y billetes de AVE que nos consiguió mi amigo Juan. Y un día antes fallece mi padre. Y yo junto a él. Pude despedirme de él. Pero él quería que fuéramos a la final y la ganáramos. Y eso hicimos. Fuimos, ganamos 2-0 y pudimos dedicarle esta Copa del Rey. A Migue y a mí se nos caían las lágrimas por las mejillas acordándonos de él mientras nuestro equipo daba la vuelta de honor al campo con la copa conseguida. ¡Esta fue por ti, papá!

Y ayer, aunque ya han pasado trece años, ocurrió algo parecido. Semifinales de Europa League. Partido de vuelta en el Sánchez-Pizjuán frente a la Juventus italiana. Resultado de la ida: 1-1, aunque mereció ganar el Sevilla. Lástima de ese gol de los italianos más allá del descuento. Otro 18 de mayo importante, aunque siempre lo es, porque yo de mi padre y de mi madre me acuerdo cada día.

Desde el primer momento tenía claro que, Dios mediante, a este partido asistía. Y activé mi carnet de abonado el primer día que se podía. Me perdí el partido de cuartos de final frente al Machester United porque estaba en Salamanca… y eso que también tenía el carnet activado. Pero lo primero es lo primero, esto lo tengo claro desde que tengo mi enfermedad. Y tratarla es mi prioridad, todo lo demás viene después y cuando se pueda. Este partido en casa contra el Manchester fue un partidazo del Sevilla. Lo vi en el móvil estando en Salamanca y le ganamos 3-0 a los ingleses. Pero además de lo bien que jugó el equipo sevillista -después de la temporada que llevamos- me llamó la atención el ambientazo de las gradas: todos de blanco, animando desde el principio al final y haciendo del Sánchez-Pizjuán «el manicomio de Sevilla».

Y ayer otra vez, pero en esta ocasión todos de rojo. Se iba calentando el ambiente en los días previos en las redes y se iba «engorilando» el personal, aunque poca motivación extra necesita el sevillismo porque jugar una semifinal de Europa League, aunque ya hemos jugado -y ganado- seis, ya tiene su motivación, porque no es nada fácil llegar hasta aquí. Lo que pasa es que esta temporada casi ningún sevillista esperaba esto, después de la temporada que llevábamos tan mala en Liga, Champions y Copa del Rey. Pero ha sido llegar Mendilíbar y ha cambiado todo, afortunadamente. Antes tenía que haber venido…

Así estaban ayer algunos de los puentes de la SE-30:

La tarde se puso lluviosa -¡qué faltita hace el agua!, pero mucho tenía que llover para que yo no fuera al Sánchez-Pizjuán…

Mi Patri se puso su camiseta de Puerta -a la que le tiene un cariño especial- y tiene otra con el 16 de Antonio Puerta firmada por todos los jugadores de aquella época, aunque esta se le ha quedado pequeña, claro… y nos hicimos esta foto antes de salir de casa:

Como cada vez que juega el Sevilla en casa, mi Merchi me acerca con el coche a los alrededores del estadio y me recoge al final del partido. Sigo diciendo que no sé qué haría sin ella, de verdad. Pero antes recogemos a mi Migue y en esta ocasión venía con nosotros mi Patri para acompañarnos.

Cuando llegamos a los alrededores del estadio, ayer un poco más lejos que de costumbre porque vaya como estaba todo, descargó Migue la silla de ruedas del coche, me senté en ella y él me empujó. De camino, entre tanta gente vestida de «colorao», nos encontramos con Edu y Javi, hijos de mi primos Juan Miguel y Esmeralda y no pudo faltar la fotito:

Y algo más de una hora antes del partido accedimos al estadio. A mí me gustar llegar con tiempo suficiente al estadio, sobre todo, porque nuestro acceso es a través de un ascensor y si se llega más tarde de la cuenta se tarda bastante en llegar a tu sitio. Los bares de los alrededores a tope, las furgonetas-hamburgueserías con mucha gente y la gente que se lleva sus propias bebidas también. Esto es lo que llamamos «la previa», aunque ayer entró el personal antes al estadio para empezar con la animación desde que el equipo saliera a calentar. La previa de mi Migue y mía es tomarnos un coca cola y/o agua con unos quicos que compró Migue antes. Y las fotitos de siempre antes de entrar en el estadio y desde nuestro sitio:

Ambientazo en las gradas. Todos de «colorao». Un cántico tras otro. El himno del Arrebato, más sentido que nunca. Y empieza el partido. Minuto 16: «Antonio Puerta, lololololo…». No pita el árbitro un penalti clarísimo a Oliver Torres -el árbitro de campo puede ser que no lo vea, pero el del VAR, ¿qué vio? Porque nosotros tenemos una televisión junto a nuestro sitio y las distintas repeticiones demostraban que era penalti-. Bronca monumental. Llegamos al descanso 0-0. Este resultado nos llevaría a la prórroga porque ya no vale lo de los goles en campo contrario, por lo que quedar 0-0 es lo mismo que quedar 1-1. El partido estaba disputado y se veía que cualquiera podía ganar, aunque los dos equipos se tenían respeto mutuo. Muy bien los dos porteros. En la segunda parte se adelantó la Juve 0-1, pero pocos minutos después empató Suso de un zurdazo impresionante desde fuera del área.

1-1 fue el resultado tras el tiempo reglamentario, igual que en la ida, así que nos fuimos a la prórroga. Se notaba a los equipos cansados, pero fue Lamela el que atinó con la portería con un cabezazo que puso el 2-1 en el marcador. Y a partir de ahí tocó sufrir, sobre todo, tras la absurda expulsión de Acuña por perder tiempo en un saque de banda. Pero ganamos. Y lo celebramos. Vaya si lo celebramos… Y lo hice abrazándome a mi Migue y mandando besos al cielo, para mi padre y para todos esos sevillistas que vieron desde el tercer anillo que jugábamos otra final europea. Me acordé especialmente de mi padre y de mi amigo Carlos Acosta, al que su familia llevó consigo. «Siempre presente»:

Y mi Migue puso en su Twitter esto:

Tocó disfrutar. ¡Qué grande! ¡Qué alegría! Hay gente que no entiende esto pero, por muy mercantilizado que esté el fútbol, muchos lo vemos como un sentimiento, algo que has vivido desde chico, que te lo enseñó tu padre o alguien de tu familia y por eso dices lo de «Sevillista hasta la muerte». Yo respeto que se pueda defender otros colores o que no guste el fútbol, y creo que lo he demostrado, pero también pido respeto para mí y mi sentimiento sevillista. «Oe, oe, oe, nos vamos a Budapest… Que bote Nervión…»

Y el 31 de mayo en Budapest se enfrentará en la Final de la Europa League el Sevilla FC a la Roma de Mourinho. Y por allí estarán miles de sevillistas y otros miles lo veremos por televisión. Me encantaría poder ir, pero soy consciente de mis limitaciones y ahora mismo no puedo. Séptima final de Europa League. Las seis anteriores ganadas. Vamos a por la séptima… Después pasará lo que tenga que pasar, pero por nosotros que no quede, que para eso somos el equipo del «Dicen que nunca se rinde». Yo quiero ir otra vez a la Plaza Nueva para que desde el balcón del Ayuntamiento de Sevilla nos enseñen otro «paragüero» a mí y a miles de sevillistas.

Y el domingo tenemos derbi de Liga en el Sánchez-Pizjuán. Allí estaremos otra vez, D.m. pero, sobre todo, apuesto por una #RivalidadSana. Me acuerdo ahora de la foto que me hice con Pepe en Tenerife hace un par de semanas:

#VamosMiSevilla #NuncaTeRindas.

Rivalidad sana

Soy sevillista desde chiquitito. Mi padre me enseñó a serlo. Y también me enseñó a respetar a los béticos. ¿Y por qué? Él me decía que porque mi abuelo, mis tíos y mis primos eran béticos. Mi madre también lo era, pero no le gustaba el fútbol. Recuerdo de mi época en la que iba a la EGB que en mi casa se juntaba la familia todos los domingos para ver el partido de las ocho de la tarde en la tele. ¿Y por qué en mi casa? Porque mi abuelo materno, mi abuelo Paco, vivía con nosotros y allí que juntaba a toda la familia para ver el partido. Ahí empecé yo a enterarme de lo que era un fuera de juego -mi tío Juan le decía «orside»-, un penalti y un gol. Porque prácticamente lo hacíamos todos los domingos…

Mi padre y yo éramos los únicos sevillistas de la familia. Todos los demás eran béticos. Me acuerdo cómo me sentaba mi abuelo en sus rodillas siendo yo un renacuajo y me decía: «Mi niño es bético como su abuelo». Y yo le decía: «Yo soy sevillista como mi padre». Y así ha sido hasta hoy. Y lo seguirá siendo, porque yo pienso cumplir eso de «sevillista hasta la muerte».

Recuerdo cómo se vivían las victorias y las derrotas de unos y otros… y los derbis no digamos. El cachondeíto típico de por aquí, pero siempre con respeto porque en aquella época los triunfos y trofeos de ambos equipos ya sabemos los que eran… y hoy podías ganar, pero en el próximo partido lo mismo te tocaba perder y tendrías que aguantar el chaparrón. Y así era en la familia y en el colegio. Y posteriormente con el paso de los años en el trabajo, en las reuniones de amigos y en los bares. Esos lunes de incorporación al trabajo tras un finde en el que te tocó perder y al otro le tocó ganar… había que aguantar el tirón porque siempre se hacía con el respeto necesario, salvo excepciones que siempre las hay.

Pero hace ya varios años que este respeto se está perdiendo, lo mismo que en otros ámbitos de la vida. No sé si la aparición de las redes sociales y el mal uso que se hace de ellas ha contribuido a ello, seguramente sí, porque la crispación que se nota en determinados temas es brutal y para mí preocupante.

Como representante del «buenismo» que algunos dicen que soy, me gustaría cambiar esta tendencia negativa que estamos viviendo en los últimos tiempos para gestionar la rivalidad sevillana y volver a transformarla en esa rivalidad sana que algunos hemos vivido. Quizás sea una utopía, pero por intentarlo…

Voy a aportar mi granito de arena junto al doctor David Vicente Baz, salmantino, bético, oncólogo del Hospital Virgen Macarena de Sevilla y coordinador del Plan integral del cáncer en Andalucía. Un crack, vamos… Hace un par de días contactó conmigo a través de Twitter y me dice lo siguiente: «Juanma, no me gusta nada la que se está liando con el derbi. Veo mucha crispación que a la ciudad y al fútbol no le favorecen en nada. Una foto de gente del Sevilla y del Betis con la camiseta de su equipo juntos tranquilamente igual ayudaba. ¿Cómo lo ves?»

¿Que cómo lo veo? Pues magnífico. Aquí estoy para lo que haga falta… Y nos hemos organizado para hacer hoy esto:

No sé si servirá para algo o no, pero nosotros lo intentamos… así que si te animas sube una foto con tu amigo o familiar del otro equipo a tu red social preferida y ponle el hashtag #RivalidadSana. Estoy seguro que somos más los que apostamos por ella que los que no, lo que ocurre es que estos últimos hacen más ruido.

La sexta es nuestra

Imagen de la web oficial del Sevilla FC

Hoy los sevillistas nos hemos levantado contentos y ayer nos fuimos a dormir contentos. Nuestro Sevilla FC ganó anoche en Alemania su sexto título de la Europa League, competición europea en la que es el auténtico líder desde que ganó la primera en 2006.

Todos sabemos lo complicado que ha sido -y está siendo- este año el poder disputar las distintas competiciones deportivas, aunque el fútbol profesional ha conseguido disputar las suyas durante este verano. Ya solo falta la final de la Champions que se juega mañana en Portugal entre el Bayern y el PSG.

Los que me conocéis sabéis que soy muy sevillista, me gusta el fútbol en general y mi Sevilla FC en particular. Es algo que vivo desde pequeño gracias a mi padre. Él me enseñó a ser sevillista y por eso seré sevillista hasta la muerte…

Desde que se reanudó la competición tras el confinamiento son varios los artículos que he escrito en Columnas blancas -blog de opinión sevillista que administro junto a mis amigos Sebas y Acosta y al que tanto cariño le tengo-. El último lo escribí ayer mismo como motivación para el partido, lo titulé «Una final europea en agosto«, pero esto no fue lo único que hice como efecto motivante, aunque la verdad es que tampoco necesitaba ninguna motivación extra, pues bastante motivado y nervioso estaba ya. Y mi sobrino Migue más aún. Los dos grabamos este vídeo que subimos a Youtube y que publicamos en las redes sociales. Esperamos que os guste. Algunos dicen que somos los nuevos compadres y su «Eso es así«…

A las nueve de la noche nos plantamos frente a la tele dispuestos a disfrutar del partido. Camisetas, gorras, banderas… mucho escudo del Sevilla FC, lo sentimos así. No os voy a dejar por aquí la crónica de lo que ocurrió durante los noventa minutos pues se puede leer en muchos sitios, solo os diré que me pareció un buen partido, muy disputado y en el que pudo ganar cualquiera de los dos equipos -fundamental esa parada de Bono a Lukaku-. Se llegó al descanso con el marcador 2-2 y le dije a mi gente que en el segundo tiempo solo habría un gol y quien marcara se llevaría la Copa. Por supuesto yo deseaba que fuera el Sevilla FC, pero no las tenía todas conmigo…

Y llegó esa chilena de Diego Carlos que, tras rebotar el balón en un contrario, se coló en la portería de los italianos. Besos, abrazos, saltos -yo no, mi pierna no me deja-, gritos, emoción… ¡Grande mi Sevilla! Tocaba sufrir hasta el final. Sufrimos… y ganamos. Final. Sevilla FC 3 – Inter de Milán 2. Y la Copa para Sevilla. La sexta.

Y en el post-partido, Migue y yo grabamos la segunda parte del vídeo:

Tocaba celebrarlo y disfrutarlo pero, tal y como decimos en el vídeo, con responsabilidad. Tras el mal año que llevamos con la dichosa pandemia que nos afecta a todos, estas alegrías ayudan un poco. No se trata de ser superficial y de darle más importancia de la que tiene, porque es solo fútbol, pero para los que, por ejemplo, estamos luchando contra una enfermedad y necesitamos motivaciones extra para seguir adelante, estos subidones no nos vienen nada mal, la verdad. Pero claro, para disfrutarlo en condiciones hay que ser sevillista… Mi prioridad es la que es: curarme, pero en el camino son muchas las piedras que hay que pasar y por eso viene de lujo un alegrón como el de ayer.

Me acordé de mucha gente, sobre todo de sevillistas que ya no están con nosotros y están en ese tercer anillo del Sánchez-Pizjuán. De mi padre -gracias, papá, por hacerme sevillista-, de mi suegro, de mi cuñado Luis, de los pequeños Julione y Edu…

Y, sobre todo, quiero agradecer las felicitaciones recibidas por parte de amigos, familiares y seguidores que me han llegado por las redes. Felicitaciones de sevillistas y de no sevillistas, de béticos, de gente de otros equipos, de gente que le gusta la cruzcampo y de gente que la odia, de gente que no le gusta nada el fútbol… Eso de que te digan: «Juanma, a mí no me gusta el fútbol pero me he alegrado mucho por ti» o «Juanma, sabes lo bético que soy y jamás reconoceré haber dicho esto, pero enhorabuena, te lo mereces» llega al alma, os lo aseguro. Podría poner muchos más ejemplos porque me han llegado y sé que me lo mandan y me lo desean de corazón. ¿Es para sentirse afortunado o no? ¡Qué grande mi gente!

¡Gracias, Sevilla FC! La sexta ya está aquí.

Rivalidad sana (2ª parte)

Pantallazo

No , la primera parte no está aquí. La escribí en Columnas Blancas y surgió a raíz de la buena eliminatoria de Copa del Rey realizada por el Betis frente al Barcelona. No voy a insistir en lo ya contado en dicha entrada, pero he querido escribir aquí una segunda parte por los comentarios dejados en la misma.

Empezaba el post original diciendo que muchos de los que visitan Columnas Blancas -mayoritariamente sevillistas, como es lógico- seguramente no estarían de acuerdo conmigo con la forma en la que yo entiendo la rivalidad. Y basta comprobar los primeros comentarios al post para darse cuenta que efectivamente es así.

Y sí, es verdad que el Sevilla le ganó el partido de ida de la Supercopa de España por 3-1 al Barcelona allá por el mes de agosto, pero esto no contradice lo que yo digo en el artículo: «…Y en el partido de vuelta han conseguido ganar los de la avenida de la Palmera por 3-1, siendo el primer partido que el Barcelona ha perdido fuera de casa en Liga y Copa«. ¿No hay contradicción, verdad?

Agradezco también los comentarios de @elfregonero (Carlos) y Lola, así como los que me han dejado en Facebook y en Twitter amigos/as béticos/as, todos ellos con respeto y demostrándome el porqué son amigos míos y sabiendo entender perfectamente el concepto de rivalidad sana.

Pero lo que me ha llamado la atención sobremanera es la cantidad de comentarios dejados por chicos y chicas de la clase de Lola. Esto es enseñar, educar en directo, mostrarle a su alumnado lo importante que es adquirir valores como respetar al adversario, o al que piense distinto de ti, o al que tenga otros gustos, aunque para ello haya que apoyarse en el fútbol, que, por cierto, a Lola ni siquiera le gusta.

Son alumnos de 6º de primaria, de 11 años. Empezaron comentando este post que escribió el fregonero tras el partido de ida, fomentando el que comentaran los sevillistas al artículo escrito por un bético. Y después al revés: los béticos debían comentar el artículo escrito por mí -sevillista- en Columnas Blancas. Aunque finalmente comentaron indistintamente béticos y sevillistas.

Les agradezco infinitamente a ellos sus comentarios y a Lola su forma de enseñar, porque estoy seguro que con esto que han hecho han podido aprender más sobre el respeto que aprendiéndose cualquier texto que pudiera venir en un libro de ídem.

Y me quedo con el último comentario de Lola: «…lo que me importa de verdad es ver que con este trabajo y otros que hicimos antes, la inquina, los gritos a la vuelta de un fin de semana, las peleas de patio y el estrés en sus cuerpecitos, ya casi no existe. Se divierten con el fútbol, se gastan bromas, pero no hay violencia ni agresión. Y molaquetecagas. Eso sí, se les va a caer el pelo porque escribiendo en el cuaderno no tienen tantas faltas, pero ni de lejos«.

Sí, es verdad, Lola, tienen que esforzarse para teclear mejor y corregir esas faltas, pero por lo demás me quito el sombrero ante ellos y ante ellas :-). GRACIAS.

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