Viendo Sevilla desde el cielo…

Tengo que reconocer que en el momento de escribir estas líneas todavía estoy emocionado de lo que hemos podido vivir mi Merchi y yo estas últimas veinticuatro horas. Son cosas que se viven y que, como siempre digo, es lo que nos vamos a llevar.

Ya conté por aquí que este año hacíamos las bodas de plata de casados mi Merchi y yo. Fue el pasado 5 de julio y para celebrarlo nos fuimos a Roma, pues yo sabía que era uno de los sitios que ella tenía muchas ganas de ver. Y, aunque disfrutamos de buenas cosas y pudimos vivir buenos momentos, podemos decir que tuvimos mala suerte y no salió todo tan bien como esperábamos. También lo conté por aquí.

Uno se queda con esa espinita clavada y piensa que algo debe hacer para cambiar esa impresión y ese decir «yo no vuelvo a Roma hasta que no se me olvide esto», frase que repetimos mi Merchi y yo a menudo.

Pues bien, teniendo claro en todo momento cuál es nuestra prioridad y que las enfermedades no entienden de vacaciones y que siempre han de ser tenidas en cuenta, la vida sigue… y nosotros, como parte de ella, tenemos asumido que hay que seguir viviendo. Y tenemos que disfrutar de las cosas bonitas que la vida nos ofrece, sin hacer locuras y siempre dentro de nuestras posibilidades, por supuesto. Es bonito disfrutar de la familia, de los amigos, de los comentarios bonitos de las redes, de los paseos… La vida ofrece muchas posibilidades, pero también es cierto que cada uno tiene su vida y, desgraciadamente, no todos tenemos las mismas posibilidades de poder disfrutarla. Por eso, siempre recomiendo que, en la medida de tus posibilidades, disfrutes de tu vida, porque lo que sí es cierto, mientras que nadie demuestre lo contrario es que todos tenemos una vida y solo una.

Hace unas semanas recibía en el grupo de Whatsapp de la familia de mi mujer -que se llama «Aguarenais» y que todavía no sé porqué- unas fotos de mis cuñados Quino y Ángeles en el hotel de cinco estrellas Eurostars Torre Sevillla, que está en la Cartuja -en las últimas plantas de lo que por aquí se ha llamado y se sigue llamando «la Torre Pelli» y que tantas críticas ha tenido y sigue teniendo…-. Fotos de las vistas desde la habitación, desde el spa, desde el mirador de la última planta. Fue ver esas fotos y decirme a mi mismo: «Yo tengo que ir ahí con mi Merchi». Dicho y hecho. Había que aliviar el mal sabor que nos dejó el viaje a Roma y disfrutar de nuestra querida Sevilla desde las alturas, pegados al cielo.

Eso sí, en agosto, que es temporada baja en Sevilla pues la gente huye de «la caló». Los turistas también. O al menos sobre el papel, porque nosotros hemos visto bastante turismo, la verdad. Pero tenía que ser en agosto pues los precios son más bajos que en otras épocas del año. Yo tuve que renunciar a la sesión de spa, pues sigo con las curas de la herida de la espalda y no puedo mojarla.

Nuestra reserva incluía una habitación doble con baño adaptado, aparcamiento y desayuno. El check-in no se podía hacer hasta las 14 horas; nosotros llegamos algo antes, dejamos la maleta en la recepción del hotel y estuvimos dando una vuelta por el centro comercial y comimos algo antes de volver al hotel.

Nos dieron una habitación de la planta 26, cogimos un ascensor supersónico -es espectacular la velocidad que alcanza- y en segundos subimos 26 plantas. Una vez comprobada lo chula que era la habitación y las vistas que teníamos, acompañé a mi Merchi a la planta 35, donde estaba el spa, y allí ella disfrutó de cincuenta minutos que se le pasó volando. Cuando subí para recogerla me permitieron acceder al ventanal para disfrutar de las vistas. ¡Impresionante!

Por la noche cogí mi andador Talquito y cruzamos hacia Triana para cenar. Estuvimos en el «Sol y sombra» de la calle Castilla y la verdad es que cenamos muy bien: tomatito aliñado con melva, un revuelto y unos chocos fritos que estaban de muerte. Eso sí, todo con precio para guiris. O es que ha subido bastante todo en general… Y subimos al mirador de la última planta del hotel -planta 37- para ver Sevilla de noche…

Ya por la mañana desayunamos en el restaurante del hotel que estaba en la planta 34 y que también tenía unas vistas impresionantes, aparte de tener un buffet en condiciones.

Una vez que desayunamos volvimos a la habitación para terminar de recoger todo y bajamos a recepción para hacer el check-out y despedirnos hasta una próxima ocasión. Pero antes Daniel, uno de los recepcionistas, nos hizo esta foto a las puertas del hotel. Gracias a él y a todo el personal por su atención y trato. En cuanto podamos volveremos…

Y es que… Sevilla es todavía más bonita desde el cielo. Y esto para terminar:

Empezamos el ciclo 18

No me lo creo ni yo. Dieciocho ciclos ya de un mismo tratamiento. Y no me lo termino de creer porque en las anteriores líneas de tratamiento que he seguido, ya sean tratamientos convencionales o ensayos clínicos, ya sean en Sevilla o en Salamanca, no he tenido más de seis o siete ciclos del mismo tratamiento, y ha habido que abandonarlo por distintas circunstancias, pero fundamentalmente porque la enfermedad decía que aquí estaba ella; aparecía normalmente atacando con fuerza y había que dejar el tratamiento y buscar otra opción. Menos mal que hoy en día existen esas otras opciones, esas puertas que se abren cuando se cierran otras… y es que no me cansaré de decir que me ha tocado la lotería desde el momento en el que conseguí entrar en el Servicio de Hematología del Hospital de Salamanca. Empecé por allí en octubre de 2019, que ya ha llovido -bueno, llover no ha llovido mucho…-, ya mismo cumpliremos tres años de nuestros #SalamancaOnTour.

En esta ocasión fui acompañado por mi sobrino Migue, pues mi Patri había cogido unos días libres de su trabajo en Granada y se ha venido al campo junto a Alberto para estar con nosotros unos días. No era plan de irnos Merchi y yo miércoles y jueves a Salamanca pues había venido para estar con nosotros.

Mi Migue, que siempre está ahí, dijo que sin problema, que él me acompañaba para que se pudiera quedar Merchi. Y eso hicimos… Nos vinimos Migue y yo temprano del campo a Sevilla, desayunamos juntos y en mi casa nos recogió el taxi a las diez de la mañana. De nuevo nos recogió Juan, que ya era la tercera vez que nos llevaba. Viaje agradable y de buena conversación, aunque Juan es del otro equipo de la ciudad. Gracias por todo, Juan. Hasta una próxima ocasión.

Llegamos al hospital de Salamanca sobre las 14:30, saludamos a mis enfermeras cracks, me pesé -86,1 kilos-, y fue María quien me tomó las constantes y me hizo la extracción de sangre en mi pinchazo número n tendiendo a infinito -término matemático total-. También pude saludar a Alicia, a la que hacía bastante tiempo que no veía. Hemos quedado que en la próxima visita me traerá mi tercer libro para que se lo dedique. Cuando terminamos llamé a la empresa de taxis, nos recogió Matías y nos acercó al hotel. Antes de entrar para descansar del viaje comimos algo en uno de los bares que están frente al hotel.

En la recepción del hotel Silken Rona Dalba nos atienden con el buen trato de siempre, en esta ocasión estaba Raquel, que nos dio las tarjetas de la habitación y la clave wifi. Migue y servidor descansamos un ratito y, cuando acabó Pasapalabra, nos fuimos a dar un paseo. Salimos los dos en manga corta, pero nada más pisar la calle me di cuenta que una manga larga no sobraría, que esto era Salamanca, no Sevilla; así que Migue fue a la habitación a coger una sudadera fina que mi Merchi me había guardado en la maleta… muy previsora ella. Paseo por el entorno de la Plaza Mayor -¡qué bonita es!, no me cansaré de decirlo-. Y cenamos muy bien en el «Ruta de la Plata». Paseo de vuelta hasta el hotel y recogida.

A la mañana siguiente nos recogió Juan Carlos del hotel, nos despedimos de María José, que estaba en Recepción, y llegamos pronto a la zona de Ensayos clínicos del Hospital. Nos atendió Dora, nos preguntó cómo estábamos, le dije que ya tenía la analítica del día anterior y nos dio número para consulta. Nos llamaron pronto, y en consulta estaba David, médico residente que estaba con Bea en la última visita que hice, por lo que conocía el problema que tenía con el quiste de la espalda. Me preguntó cómo estaba y cómo me iban las curas. Yo le dije que iba mucho mejor, que me dolía bastante menos y que parece que me han hecho buenas curas en mi Centro de Salud. Me vio la herida y comprobó que estaba mucho mejor, me confirmó que aún quedaba algún resto de infección según dice la analítica, pero me dijo que me pondría el tratamiento. Respiré, porque no las tenía todas conmigo… y lo de saltarme una segunda sesión consecutiva de tratamiento no me hacía nada de gracia, porque uno ya se conoce a su enfermedad tras la experiencia acumulada…

Tocaba esperar a que llegaran los chutes de Dara y Talque de Farmacia. Y mientras esperábamos, pudimos saludar a la gente de Ascol, que nunca fallan; vino a verme Bea, otra de mis hematólogas, que me preguntó cómo estaba y a la que le agradecí su llamada de la semana pasada para decirme el resultado del cultivo del quiste y tranquilizarme, pues el antibiótico que me mandó controlaría la infección. Que siguiera con las curas y a ponerme el tratamiento, como me había dicho David.

Fue Mayte quien me dio la premedicación y quien me tomó las constantes y me puso los chutes cuando llegaron de Farmacia, poniéndome la inyección de Dara primero y una hora después la del Talque. Nueva toma de tensión y temperatura y, como todo estaba bien, nos da permiso para irnos. Llamo al taxi, viene a recogernos Andrés -buena gente también- y viajamos con él hasta llegar a Sevilla. Una vez allí, cogió Migue el coche y nos fuimos para el campo, donde nos estaban esperando mi Merchi, mi Patri y Alberto. Y juntos vimos el programa que repitieron de «El cazador» en el que salí yo, que emitieron por primera vez el pasado 1 de julio y del que ya os hablé por aquí.

Hemos empezado un ciclo más… Dieciocho van ya… y seguiremos con los que hagan falta mientras que este tratamiento me tenga a la enfermedad controlada. Y mientras… ¡a seguir viviendo! porque… ¡Vivir es urgente!

La mañana de la Virgen

Hoy es 15 de agosto y, a pesar de ser lunes, es festivo nacional. He visto en las noticias que en torno a este día celebran sus fiestas más de 1200 pueblos y ciudades de España, cada uno con sus características y singularidades.

En concreto, en Sevilla capital el 15 de agosto se celebra el Día de la Virgen de los Reyes, patrona de la archidiócesis de Sevilla. Se conoce como «la mañana de la Virgen» porque a las ocho de la mañana está saliendo por la Puerta de los Palos de la Catedral y aproximadamente una hora después está entrando por la misma puerta, acompañada de un cortejo formado por fieles, representantes civiles, militares, del clero y del ayuntamiento.

Pero esta «mañana de la Virgen» tiene mucho de tradición. Son muchos los sevillanos -de la capital y de la provincia- que acuden acudimos cada año. Incluso hay gente que viene andando durante toda la noche desde su localidad de origen hasta la puerta de la Catedral, con sus sudaderas para el frío, sus chalecos reflectantes o sus bastones de senderismo. Hoy mi Merchi y yo hemos visto a unos cuantos y a unas cuantas sentados en sus sillas portátiles en la Plaza Virgen de los Reyes para ver la salida, porque así lo manda la tradición.

Para mi familia siempre ha sido una tradición, sobre todo para mi abuelo Paco y para su hija Manoli, mi madre. Me puedo considerar un afortunado porque desde que yo era pequeño siempre hemos veraneado… y siempre durante el mes de agosto… y siempre en Sanlúcar de Barrameda o en Chipiona. Primero de alquiler y después en el piso que compraron mis padres en Sanlúcar. Un mes de vacaciones, sí, pero la parada para «la mañana de la Virgen» había que hacerla. Mi abuelo, mi madre y yo nunca faltábamos, unas veces acompañados por unos y otras por otros.

Recuerdo especialmente cuando mi padre ya había fallecido y mi madre se venía la tarde de antes con mi tío Carlos -la del día 14- en «los Amarillos» desde Sanlúcar. Yo los recogía en la Estación de autobuses -en la del Prado-, nos íbamos para el campo para dormir allí y a la mañana siguiente mi madre tocaba diana antes de las seis de la mañana y allá que íbamos. Aparcábamos en el entorno de la estación, cruzábamos por los jardines Murillo, recorríamos el barrio de Santa Cruz y llegábamos al entorno de la Catedral. Siempre en la calle Alemanes delante del Palacio Arzobispal, ese era nuestra sitio para esperar a Ella. Una vez que la veíamos, volvíamos de vuelta al entorno de la Estación, desayunábamos por allí y ellos volvían a coger el autobús para Sanlúcar y yo volvía al campo.

Hoy hemos vuelto a ir mi Merchi y yo. ¿Qué haría yo sin ella? La última vez fuimos a ver a la Virgen de los Reyes en 2019, yo iba en silla de ruedas y también vino con nosotros nuestra hija Patri. Estos dos últimos años no ha podido ser por culpa de la dichosa pandemia. Hoy mi Patri está trabajando en Granada, por eso hemos ido los dos solos. Eso sí, yo he ido con andador -con mi Talquito-, hemos hecho lo que hacíamos siempre -menos ir a la Estación de autobuses- y hemos pasado una magnífica «mañana de la Virgen».

Os dejo por aquí un vídeo que he publicado en mis redes y algunas fotitos:

¿Es fe? ¿Es devoción? ¿Es tradición? Un poco de todo, pero lo que tengo claro es que hoy mi madre, mi Manoli, estaba conmigo viéndola y, mientras viva y las fuerzas no me abandonen, no faltaré, con la ayuda de mi Merchi, por supuesto, que siempre está a mi lado.

Y para terminar os dejo esta sevillanas que en 1988 sacaron el grupo «Nomadejado» y que titularon «La mañana de la Virgen». ¡Qué recuerdos!

Comentarios que llegan al alma

Son muchos los comentarios que recibo a través de los comentarios de este blog y de mis redes sociales. En todos esos comentarios hay mucho cariño, envío de fuerzas y de ánimos… algo que os aseguro que me hace sentirme muy acompañado y que me ayuda mucho. Es no sentirse solo en este camino al #yomecuro que tan complicado se hace algunas veces… Mi familia, mis amigos actuales y los que lo fueron en la infancia, los que fueron mis compañeros de estudios, de carrera, de trabajo…; la gente que me sigue en las redes sociales… todo hace un gran equipo que me acompaña en este camino.

Sabéis que gracias al apoyo de muchos mecenas hemos publicado tres libros solidarios. Y lo he hecho con dos objetivos fundamentales: que le sirva a quien lo lea y tiene la vertiente solidaria, pues estoy donando todo lo que me corresponde como autor a entidades que luchan contra el cáncer, apoyan la investigación y ayudan a pacientes y familiares.

He creado tres álbumes de fotos de los lectores de los libros, así que si aún no me has mandado la foto ya me la puedes ir mandando para que la incluya en el álbum. También os pido que me mandéis vuestras impresiones una vez que os leáis el libro «Cada vez más cerca del #yomecuro». Ya he recibido varias impresiones y todas ellas son buenas, pero os voy a dejar por aquí la de mi amigo de la infancia y compañero de colegio Javier. En los Salesianos de la Trinidad. Él de letras y yo de ciencias; él del Betis y yo del Sevilla… pero el comentario me parece genial (al igual que los que me mandó en los dos libros anteriores). Tengo su permiso para publicarlo, así que aquí lo tenéis. Disfrutadlo como lo he disfrutado yo:

Hola, Juanma.
Aquí estoy, fiel a la cita de cada verano (van tres), y para cumplir con gusto la petición que me haces en tu bonita dedicatoria.
Esta mañana he completado la lectura de «Cada vez más cerca del #yomecuro» que me ha tenido enganchado durante unos pocos días. Tus libros se leen rápido y del tirón, aunque te empeñas en ponerlo cada vez más difícil: cada vez más páginas… Pero bienvenidas son.
Comparto contigo algunas impresiones de mi lectura. Empezaré elogiando tu estilo.
Tal vez por deformación profesional me fijo mucho en la forma, en la estructura de los textos que leo, en la coherencia y cohesión, en la corrección gramatical y la variedad léxica… Tu estilo, creo que ya te lo he dicho alguna vez, es sencillo y directo. Y esto es una hermosa cualidad, pues, si bien hay quienes se deleitan con el barroquismo de frases y palabras, las tuyas (tus frases y palabras) huyen de la retórica, no dejan espacio a la ambigüedad, son claras y cumplen a la perfección el objetivo que te propones. La lectura es ágil y tienes la virtud de introducirnos con naturalidad en tus viajes y vivencias como si el que te lee estuviera allí, presenciándolos, viéndolos junto a ti.

En un comentario de texto, al análisis de la forma le sigue el del contenido. Y aquí también tengo que alabar tu estilo, tu talante. No sé si recuerdas la última escena de «La vida de Brian». Los Monty Python hacen cantar al grupo de crucificados aquello de «Always look on the bright side of life», mira siempre el lado bueno de la vida, a pesar de las dificultades. Eso es lo que tú haces cada día. Esta canción tiene una melodía simpática, optimista y muy pegadiza. Pues bien, la melodía de tu libro es simpática, optimista y muy pegadiza. Uno de los elementos que hace que una canción sea pegadiza son las recurrencias, es decir, las sucesivas repeticiones de patrones melódicos. En tu libro hay muchos de estos patrones que como una gota constante, van horadando la piedra. Decía el poeta Ovidio «Gutta cavat lapidem non vi sed saepe cadendo», esto es, «la gota horada la piedra, no por la fuerza sino cayendo constantemente». Perdón por el latinazgo, pero de alguna manera tú me has dado pie con uno de esos patrones melódicos que repites una y otra vez en latín: carpe diem, motivadora expresión acuñada por el poeta Horacio en un hermoso poema que a mí me gusta leerles a mis alumnos el primer día de clase. Pues vamos con esos patrones. Dicho queda el primero, carpe diem, pero hay más:

• Yomecuro. ¿Cómo no? Repetido como un mantra, una y otra vez. He leído en los últimos días un libro de Marián Rojas Estapé, «Cómo hacer que te pasen cosas buenas», y me he acordado de ti. «Una actitud adecuada y sana», escribe, «puede ser la medicina natural más poderosa a nuestro alcance.» Y tú esta medicina la manejas a la perfección. Eres todo un modelo.
• Por mí y por todos mis compañeros. La solidaridad te mueve, no solo tu bien. Eso lo tienes clarísimo. Otros podrían, en su desdicha, mirar solo su ombligo y buscar su propia salvación. No es tu caso. «No nos salvamos solos», dice el Papa Francisco, nos salvamos en racimo. Y en cada paso que das, efectivamente, piensas en el racimo.
• Crack. La primera acepción del DRAE la obviamos, la segunda dice que crack, voz inglesa, es un deportista de extraordinaria calidad. En tu libro, en tu vida, reconoces a muchos cracks, no tienen que ser deportistas porque tú te fijas en la segunda parte de la definciión, en lo de ‘extraordinaria calidad’, cada uno en lo suyo. Así que asistimos a un desfile de cracks: enfermeras, médicas/os, taxistas, amigos/as… No lo pongo en duda, si lo dices, seguro que lo son, pero estoy convencido de que por encima de todos ellos el verdadero crack eres tú.

• Gracias. Si hiciéramos un ranking de las palabras que más aparecen en el libro, esta se llevaría la palma, de esta forma nominal o en su variante verbal: agradecer. Creo que no hay un capítulo en el que no apararezca, al menos, una vez. Sabes que los antiguos alumnos salesianos solemos rescatar el lema «es de bien nacidos ser agradecidos». Tú demuestras tu buena cuna, Obdulio y Manoli, en cada gracias que escribes.
• Mi Merchi. Mil veces repetida. Así que ni una palabra más, tú las dices todas y te quedas corto. ¡Qué afortunado eres! Que sepas que ese monumento que le tienes prometido se va haciendo cada vez más grande con el paso de los meses. Así que ve ahorrando. Pero tampoco te preocupes demasiado, pues somos muchos los que responderemos en un próximo crowdfunding para este merecido monumento.
Y, como ocurre con las canciones pegadizas, que hay melodías que se te meten en la cabeza y que resulta difícil dejar de tararear, así estos patrones recurrentes van calando en quienes te leemos (el optimismo, la solidaridad, el reconocimiento, el agradecimiento…) y nos va haciendo mejores.

Un último apunte sobre tu estilo: la elegancia. Reconoces a toda la buena gente que te rodea, todo lo bueno que te pasa, pero cuando hay algo, alguien, que no, lo pasas por alto o lo tratas con un tacto y una elegancia encomiable. No te ensañas con el taxista al que ya tienes vetado (nadie sabemos por qué ni tenemos por qué saberlo) ni te extiendes en tus denuncias y reclamaciones más allá de lo necesario, que además es por el bien común, hables del acerado o de las plazas de aparcamientos. Lo dicho, la elegancia prima.
Para terminar, que ya me estoy enrollando demasiado, quiero felicitarte por los testimonios que recoges al final. He disfrutado cada uno de ellos por su variedad, profundidad, calidad y cariño.
Ánimo y adelante, tienes un gran equipo, ¡el mejor!, y no hablo del Sevilla Fútbol Club, que aunque sea un buen equipo, no es el mejor (jeje), ya lo veremos esta temporada que pinta en verde como la portada de tu libro; hablo de un equipo más serio y competente: Él y Ella te acompañan. Y a ellos, quienes creemos, les rezamos por ti.
Gracias por compartir tu vida. Aunque no nos veamos, aunque no hablemos siquiera por teléfono, estamos contigo, cada vez más cerca del «yomecuro».
Un fuerte abrazo.

¿Es para sentirse querido o no? Soy muy afortunado. Mil gracias, Javier.

Esta vez no me pude poner el tratamiento

En el #SalamancaOnTour que tocaba esta semana no hemos podido completar el ciclo 17 de mi ensayo clínico. Ayer tocaba la segunda sesión de este ciclo, pero no me pude poner el tratamiento, que en esta ocasión solo tocaba el Talquetamab. Pero, como siempre, empecemos por el principio…

Había pedido el taxi como es habitual para el miércoles a las diez de la mañana. Nos recogió otro taxista nuevo para nosotros, Miguel, con el que estuvimos charlando buena parte del viaje. Llegamos al hospital de Salamanca a las dos y media, saludamos a nuestras enfermeras cracks que estaban por allí -Patri y María- y a Belén, la auxiliar con la que también estuvimos charlando un rato mi Merchi y yo. Me pesé, me tomaron las constantes -tensión y temperatura- y fue Patri quien me hizo la extracción de sangre para la analítica. Como todo estaba bien, llamamos al taxi, nos recogió Juan Carlos y nos acercó al hotel, donde pudimos saludar a Raquel y a Rocío. Aunque antes de entrar al hotel comimos algo… Yo llevaba la camiseta personalizada del Salamanca que me regalaron mi vecina y amiga Maricruz y su primo Jairo, delantero del equipo charro. Tengo que decir que he tardado un poco en estrenarla porque la camiseta es talla L… y yo no me ponía una talla L desde que era chico.

Tras descansar un ratito en el hotel nos fuimos a dar un paseo por el entorno de la Plaza Mayor y a tomarnos algo de cena. No nos alejamos mucho porque yo iba con el andador -mi Talquito- y todavía me canso mucho. Los paseos tienen que ser cortos. Pero ¡qué bonita es la Plaza Mayor de Salamanca y qué buen ambiente tiene siempre! En esta ocasión había mucho turismo, muchas familias e incluso sonaba una tuna…

La mañana siguiente empezó de una forma espectacular cuando leí el siguiente tuit de Emergencias Sevilla. Mil gracias, de corazón:

https://twitter.com/EmergenciasSev/status/1555037057319202816

De nuevo nos recogió Juan Carlos y nos acercó al hospital. Tras esperar no demasiado tiempo, salió nuestro número para la consulta de Hematología. Nos atendió Bea, ya que sabíamos que Mariví estaba de vacaciones, pues nos lo dijo en la última consulta que tuvimos con ella. Bea nos dijo que los resultados de la analítica estaban bien, salvo la PCR que estaba un poco alta. La PCR en un análisis de sangre es la Proteína C Reactiva y si tiene niveles altos es indicativo de que puede haber una inflamación o una infección en el organismo. Momento en el que aprovecho para decirle que tengo un bulto en la espalda en la zona lumbar que desde hace unos días me está doliendo. Entonces me dice Bea que probablemente esa sea la razón de la PCR alta y me manda una ecografía de urgencia. Me dice que cuando me la haga vuelva a la consulta para decidir lo que haremos según el resultado de la ecografía.

Entonces es cuando nos damos cuenta de lo grande que es el Hospital nuevo de Salamanca, pues tenemos que andar bastante hasta llegar a la zona de Radiología, donde me harían la ecografía. Entregamos el volante hecho por mi hematóloga, esperamos un poquito y me hice la prueba. El mismo médico que me hizo la ecografía me dijo que se trataba de un quiste y descartó que se tratara de un plasmocitoma. ¡Menos mal, porque yo ya estaba bastante asustado! Será que lleva uno tanto pasado…

Mi Merchi pidió una silla de ruedas para hacer la vuelta porque ya había andado bastante. Y sin problemas… nos la dejaron. La atención y el trato como siempre exquisitos. Volvimos a la zona de Ensayos clínicos para volver a entrar en consulta y, mientras esperábamos, vinieron a vernos Emi y Julia, de la Asociación Ascol. Un buen rato de charla que echamos con ambas. El trabajo que hace la gente que trabaja en Ascol y sus voluntarios es brutal. Por eso es una de las asociaciones de las que soy socio y a la que le dono parte de los beneficios de mis libros y de las iniciativas solidarias que organizo con ayuda de mi gente.

Cuando volvemos a entrar en la consulta con mi hematóloga nos confirma Bea que se trata de un quiste que hay que quitar y tomar antibióticos durante un tiempo para acabar con la infección y que no me podría poner el tratamiento. Nos dice que ya ha hablado con la dermatóloga de guardia para que no tengamos que esperar mucho, aunque eso sí, tendremos que entrar por Urgencias. Nos miramos Merchi y yo y no hace falta decir nada.

Allá que vamos de nuevo con el informe en la mano. Llegamos a Admisión de Urgencias, le cuenta Merchi al administrativo la historia y le contesta que le parece muy bien, pero que allí entra todo el mundo por Triaje y allí es donde debemos exponer el caso. Nos dan un número y a esperar. Tras unos veinte minutos de espera entramos en Triaje, le contamos la historia a la doctora que allí estaba -recién acabada la carrera, como casi siempre- y llamó a la dermatóloga de guardia delante nuestra. A la segunda consiguió contactar con ella y le confirmó que nuestra hematóloga había hablado con ella.

Nos viene a recoger una celadora con una silla de ruedas -los desplazamientos allí son largos- y nos llevan a G-1, que es como otra Sala de espera pero para entrar ya en una consulta específica. Al poco tiempo entramos en la consulta de Dermatología. Nos atienden dos dermatólogas -Lía y Carmen- un enfermero -Álvaro- y una auxiliar -Belén-. Les agradezco lo bien que me trataron en todo momento. Aunque me pusieron anestesia local, me dolió bastante y puse en mis redes esto:

Y nos volvimos con Matías para Sevilla. Nos paramos en el camino a comer algo porque ni habíamos desayunado… Ahora toca arreglar esto que, como muchos me habéis dicho en las redes, es otra piedra en el camino. Pero el camino sigue… y nosotros seguimos en él. Ese camino que lleva al #yomecuro… Ahora toca tomar antibióticos durante diez días e ir al Centro de Salud para hacerme las curas diarias. Y dentro de dos semanas volver a Salamanca para empezar con el ciclo dieciocho, si Dios quiere. Y, sobre todo, ¡a seguir viviendo!… pero cuidándose.

Álbum digital de lectores (y van tres…)

Se va a cumplir un mes desde que hicimos el lanzamiento de mi tercer libro «Cada vez más cerca del #yomecuro». Lo lanzamos el pasado 29 de junio y desde entonces se puso a la venta en la web de libros.com -tanto en formato papel como en formato digital (e-book)-.

A partir de esa fecha también empezaron a recibir los ejemplares del libro aquellos mecenas que solicitaron una recompensa sin dedicatoria. Pero los que quisieron el libro con dedicatoria y firma han tenido que esperar un poquito más, pues hasta este momento he firmado y dedicado más de 150 libros… Y mis dedicatorias son personalizadas y de página completa, no sé cómo no se me ha caído la mano derecha de tanto escribir. Pero tengo que reconocer que me encanta, aunque he tenido el salón de mi casa lleno de cajas de libros durante un tiempo. A mi Merchi esto no le gusta tanto, la verdad.

Yo creo que, salvo algunos mecenas a los que yo le pedí el libro o aquellos a los que yo les voy a entregar el libro dedicado en mano, todos los mecenas deben tener ya el libro en sus manos. Y ahora viene la segunda parte: la fotito. Sí, me gustaría que me mandarais una foto en la que se os vea con el libro, tanto si te hiciste mecenas como si compraste el libro después de su lanzamiento. Lo que se trata es de hacer un álbum digital de lectores, al igual que hicimos con los otros dos libros. Aquí os dejo enlazados los tres álbumes (pulsando sobre cada imagen os lleva al álbum en cuestión):

Tú mismo puedes subir la foto en el álbum, aunque si lo prefieres puedes mandarme la foto por cualquiera de mis redes sociales o por correo electrónico a juandiaz8@gmail.com.

Y hoy mi Merchi y yo hemos grabado un vídeo en la playa de Sanlúcar pidiendo que nos mandéis esas fotos con el libro:

Un mes de julio completito…

Mucho tiempo sin aparecer por aquí… y es que me he llevado muchos días dedicando y firmando libros y esto me ha quitado casi todo el tiempo. Creo que ya he firmado más de 150, entre los mecenas que pidieron el libro y los que he dedicado a gente cercana. Y todavía me faltan…

Empecé el mes yendo a Granada con mi Merchi y mi Vero para llevar a nuestra Patri, pues empezaba a trabajar allí todo el verano, su primer trabajo como TCAE -ella quiere que lo diga así: Técnica en Cuidados Auxiliares de Enfermería (¿podré decir «Técnica»?)- en el Hospital Virgen de las Nieves de Granada. Y encima empieza en el Servicio de Neonatal -los recién nacidos- ¡con lo que a ella le gustan los niños! Y además se queda en casa de mis cuñados Quino y Ángeles. ¡Qué grandes los dos…! Creo que es una situación muy favorable para empezar, aunque todos los trabajos tienen lo suyo. ¡A por todas, Patri!

En casa de mis cuñados vimos el viernes 1 de julio mi participación en el concurso «El cazador» y lo conté por aquí. También conté que mi Merchi y yo hacíamos las bodas de plata y todas las vicisitudes del viaje a Roma, que no fueron pocas, y que también conté por aquí.

Desde entonces no escribía nada en este humilde blog… y han pasado quince días. He titulado este artículo como «Un mes de julio completito» porque, aunque todavía estemos a 22 de julio, son muchas las cosas que hemos hecho desde que empezó el mes. Y es que a lo que ya hemos contado hay que sumarle unos días en Sanlúcar de Barrameda con Patri y Alberto, pues ella cogió unos días de vacaciones; un par de visitas a Salamanca, pues me pusieron chutes el lunes 11 y ayer, día 21.

En ambas visitas me vio mi hematóloga, la doctora Mariví Mateos, a quien le entregué mi tercer libro dedicado -ha vuelto a escribir el prólogo de este libro, tres de tres-.

También le entregué el lunes 11 los libros dedicados a los que se habían hecho mecenas por allí: mis enfermeras crack Balbi, María y Patri; la limpiadora Alicia y el conductor Matías. Y en la segunda visita entregué los libros dedicados al personal del hotel donde nos quedamos, pues me lo habían pedido en la visita anterior. El hotel Silken Rona Dalba, donde ya llevamos bastante tiempo alojándonos. Gracias, Rocío, Mª José, Marisol y Raquel. Todas las fotos están en el álbum digital de lectores que, una vez más, he creado para la ocasión. Y las que faltan…

Y también he ido a consulta de oculista y de dentista. La primera, la doctora Casanovas, me ha dicho que a finales de septiembre me opera de cataratas del otro ojo, del izquierdo. Tendré que compatibilizarlo con mis visitas a Salamanca, pero lo haremos, pues hay buena disposición por ambas partes. Mi dentista, el doctor Paco Acedo, me dijo en la revisión que tengo la boca bastante bien y solo necesité una limpieza parcial y un empaste. Nueva revisión dentro de seis meses. Me encantan las palabras que se leen en ese mural:

Otra cosita: fui con mi Merchi a ver al traumatólogo especialista en tumores óseos que me operó de la pierna izquierda y que tan buen trabajo hizo. El doctor José Manuel Gallo, que aceptó escribir el epílogo de mi tercer libro y que, por supuesto, ya tiene dedicado.

Cantamos en Triana a la Virgen del Carmen con nuestro coro de San José Obrero:

Y hemos estado en el campo:

Y hoy, viernes 22, me he venido con mi Merchi a Sanlúcar para pasar unos días. Iremos a la playita y pasearemos por Sanlúcar, que es muy bonita y se tapea de lujo. Lo que podamos, está claro. Pero ahora que estoy bien tenemos que aprovechar el momento, pues bastante llevamos pasado. Como yo digo: A SEGUIR VIVIENDO…

Y lo del tercer libro, los mecenas, el álbum digital de lectores… lo dejo para un próximo artículo, ¿vale? Solo una cosa: si quieres comprarlo puedes hacerlo desde este enlace o pinchando en la siguiente imagen:

Viaje a Roma

El pasado 5 de julio hicimos mi Merchi y servidor las bodas de plata de casados, algo que ya conté por aquí en el post anterior. Y con motivo de ello llevaba meses pensando en algo especial que pudiéramos celebrar y disfrutar los dos. Pensé que lo mejor sería hacer un viaje juntos, que lo suyo sería viajar a Paris, pues solo conocemos Eurodisney cuando llevamos a Patri por su comunión, o a Roma, la ciudad eterna que ninguno de los dos conocemos. La luna de miel la hicimos viajando a República Dominicana, porque en el año 97, que fue cuando nos casamos, lo que se llevaba era viajar al Caribe.

Y que conste que pensé en hacer este viaje cuando todavía estaba en silla de ruedas y tenía movilidad prácticamente nula, aunque tenía la confianza en que volvería a andar. Empecé a planificar el viaje en diciembre y viajaríamos en julio. Faltaba bastante tiempo… Elegí Roma, no sé porqué, pero fue el viaje que elegí.

Salimos el lunes 4 de julio, nuestra Vero nos acercó al aeropuerto y podemos decir que empezamos bien, pues la atención que recibí como persona discapacitada fue muy buena, gracias a Ana y a Montse. Tuiteé esto y grabamos un vídeo:

Una vez aterrizados en el aeropuerto de Ciampino-Roma nos estaba esperando Marco, chófer con el que había contactado mi hermana Auxi para llevarnos al apartamento. Gracias por el detallazo, hermanilla.

Al llegar al apartamento nos recibe Kamila, muy simpática y atenta con nosotros todo el tiempo. Pero tenemos la primera incidencia: cuando vamos a salir para hacer nuestra primera visita resulta que el ascensor se ha estropeado y tengo que bajar las escaleras desde un tercer piso. Con mucho trabajo, pero lo hice. La pobre de Kamila no sabía qué decirnos… Medio nos entendíamos en inglés.

El apartamento estaba cerca del Coliseo. Bueno, lo de «cerca» es muy relativo, porque a mí con la poca movilidad que tengo me parecía lejísimo. Me movía con mi Talquito, que es mi andador, pero acababa reventado porque mi movilidad todavía es muy limitada. Y menos mal que no me llevé la Talquita porque Roma está poco adaptada para personas con movilidad reducida, al menos los sitios por los que hemos estado. Esto te hace apreciar aún más lo que tenemos en Sevilla…

Comimos una pizza marguerita en la Trattoria Luizzi, que estaba cerca de donde nos alojamos. Y nos gustó tanto que comimos ahí los tres días. La tarde del lunes vimos el Coliseo y el Foro romano, cogimos un taxi y nos dejó en el apartamento.

Tuvimos mala suerte, pues los días 5 y 6 -que eran nuestros días completos en Roma- había convocada una huelga de taxis en toda Italia y, por supuesto, en Roma también. No había taxis en la calle y esto hacía que los otros servicios públicos como bus y metro se colapsaran. Y los servicios privados como Uber también. Y es que turistas hay en Roma para llenar diez campos de fútbol de los grandes.

El día 5, que era el día de nuestro aniversario, sacamos el ticket para dos días del bus turistico. Dimos dos vueltas completas en él y al menos pudimos ver muchos de los sitios característicos de Roma sin bajarnos del autobús. Ahí mismo fue una chica peruana, que estaba sentada frente a nosotros, quien nos dijo lo de la huelga de taxis.

Así que por la tarde, cuando llegamos al apartamento, muy cansados, usé la app de Uber para solicitar un taxi para la mañana siguiente porque teníamos que ir a ver El Vaticano como fuera. Y así hicimos. Nos recogió Igor a las 9:00 y nos dejó en los museos vaticanos. Por cierto, ¡vaya cómo se conduce en Roma…! Tela de gente para visitar los museos vaticanos y la capilla sixtina. Menos mal que ahí sí hay una verdadera atención al discapacitado, con acceso diferenciado y préstamo gratuito de silla de ruedas. Lo sentí por mi Merchi, que se tuvo que hartar de empujar la silla, aunque ambos salimos encantados con las maravillas que pudimos ver allí. 

Al salir de los museos dejamos la silla de ruedas que nos prestaron y volvimos a coger mi andador. Un ratito de caminata con mi Talquito hasta llegar a la plaza de San Pedro, donde nos hicimos unas fotitos:

Por cierto, el álbum completo de fotos lo tenemos aquí:

Y teníamos que volver al apartamento… y comienza la odisea. No hay taxis en la calle. En Uber nos dejan tirados dos veces tras esperar más de veinte minutos cada vez. Se lo comenta mi mujer a una pareja de carabineris y le dicen que cojamos el bus o el metro, que ellos no pueden hacer nada. Me atrevería a asegurar que en Sevilla la policía local o nacional no contestaría así en una situación tan excepcional.

Pues nada, toca andar hasta la parada 6 del bus turístico, que es la parada del Vaticano, pero hay que andar más de un kilómetro. Y a las dos de la tarde. Y con un sol y un calor de escándalo. Ni sé cómo llegué… Llegó pronto el bus y nos bajamos cinco paradas después, que era la del Coliseo. En realidad la parada está a unos 400 metros del Coliseo y mi mujer le preguntó al chófer si nos podía dejar antes pues nos cogía más cerca del apartamento y así no tendría que andar tanto. Su respuesta categórica y tajante: «No, no, no… paro en la parada». En fin, sin comentarios…

Nos bajamos en la parada, llegamos al Coliseo andando esos 400 metros. No podía más. Mi mujer preguntó a una ambulancia que estaba por allí por si nos hacía el favor de acercarnos. Estábamos a unos 600 metros del apartamento y nada… aquí la solidaridad y la ayuda al prójimo parece que brilla por su ausencia. Sé que esto depende mucho de la persona que te toque, pero de nuevo me atrevo a decir que en Sevilla te ayudan en un 90% de ocasiones cuando las circunstancias son estas.

Incluso se pararon algunos coches de Uber a recoger a clientes de hoteles. Por eso estaba colapsado el servicio de Uber. Tampoco nos echaron cuenta…

En fin, tocaba seguir andando. Mi mujer estaba muy preocupada porque era una situación muy complicada, pero yo le dije que iríamos andando despacito, parándonos las veces que hiciera falta. Y eso hicimos. Nos comimos una pizza en el Luizzi a las seis de la tarde y un poco más adelante nos paramos de nuevo para comernos un helado de los buenos.

Llegamos al apartamento poco después de las siete de la tarde totalmente reventados los dos. Una duchita y a descansar, porque el día había sido muy intenso.

A la mañana siguiente habíamos quedado a las 9:00 con Marco para llevarnos al aeropuerto, pero antes vino Kamila para despedirse. Le pagamos el «impuesto del turismo», pues por lo visto hay que pagar 3,50 € por día y visitante. Total: 21 €. ¿Esto pasa en Sevilla? Sé que en Cataluña sí existe ese impuesto, al menos cuando fui con los chavales de viaje fin de curso al pirineo catalán hace varios años existía, pero en Sevilla no me suena. Pues 21 € más que se le saca al turista. Lo que no sé es en qué se emplea ese dinero, porque suciedad por las calles hay tela, al menos por donde nosotros hemos estado… y no hablemos de los agujeros en las aceras y falta de rebajes de las bordillos. Cantidad de barreras urbanísticas y arquitectónicas. Yo creía que una ciudad tan turística como Roma tendría esto superado. Pues no, me he llevado una decepción, la verdad.

Y cuando llegamos al aeropuerto de Ciampino-Roma buscamos la atención para personas con movilidad reducida, pues la llevábamos solicitada. La vedad es que nos costó, porque la verdad es que la atención dejaba mucho que desear. Y tuiteé esto:

Y tras dos horas y media de vuelo, aterrizamos en Sevilla y la atención fue otra:

Aquí lo he contado todo lo que nos ha pasado a mi Merchi y a mí en este viaje a Roma. Es verdad que hemos tenido mala suerte por la huelga de taxis, una situación sobrevenida que nadie puede saber con anticipación pero que a nosotros nos ha afectado mucho, debido a mi poca movilidad. Pero es mejor quedarnos con lo positivo: con estos días que hemos compartido los dos para celebrar nuestras bodas de plata, con esa visita a El Vaticano que tanto nos ha gustado, con esas pizzas y helados que nos hemos comido tan buenos, con ese apartamento tan agradable en el que nos hemos alojado y con la atención que ha tenido Kamila con nosotros. Y es que seguimos viviendo…

Bodas de plata

Tal día como hoy, hace veinticinco años, a las 21 horas, me estaba casando con mi Merchi delante de María Auxiliadora, en su Santuario de la Trinidad. Ejerció de padrino mi suegro Lorenzo y de madrina mi madre, Manoli, la chica del ok. Ambos, junto a mi padre, Obdulio, y mi suegra, Águeda, se estarán alegrando desde ahí arriba de que sigamos juntos y hayamos compartido tantas cosas, buenas y malas, pero nos quedamos con las buenas. Y las que nos quedan por compartir, Dios mediante… Cuando yo digo que lo mejor que me ha pasado en la vida ha sido compartir mi vida con ella… creo que no exagero.

Estas fotos son de aquel día, 5 de julio de 1997. Tenemos muchas más, aunque entonces no existían los smartphones, pero como muestra creo que valen estas:

Y nos ha dado por venirnos a Roma para celebrarlo juntos, pero esto ya lo contaré en otro post. Seguimos viviendo…

Concursando en «El cazador»…

Empiezo a escribir estas líneas justo el día después del 18 de mayo de este año, un día que me dice mucho, pues en este 2022 se cumplen doce años que mi padre nos dejó y que el Sevilla FC ganó la Copa del Rey de 2010 en Barcelona al Atlético de Madrid. Y yo estuve allí, con mi Migue, porque estoy seguro de que mi Obdu quería que estuviéramos allí. Y lo disfrutamos. Y brindamos al cielo…

Pues el 18 de mayo de 2022 me habían citado para participar como concursante en el programa «El cazador», un programa concurso de preguntas y respuestas que se emite de lunes a viernes en La 1 de Televisión española y que solemos ver a diario en familia pues nos gusta mucho. Había escrito hacía unos meses para participar en el programa, cuando aún estaba con movilidad casi nula y moviéndome con silla de ruedas. Lo hice porque vi que era un programa inclusivo, pues he visto concursar varias veces a personas con algún tipo de discapacidad. Me llevé una sorpresa cuando a los pocos días me llamaron de la productora Mediacrest -que es la que hace el programa- para hacerme un casting online. La chica que me hizo el casting, Sandra, me dijo que había pasado el casting con nota y que seguramente me llamarían para concursar.

Esto fue a primeros de año, por lo que cinco meses después ya creía que no me llamarían. Hasta han cambiado de presentador… el vasco Ion Aramendi le ha dejado el sitio al gallego Rodrigo Vázquez. Ambos lo hacen genial, desde luego. ¡Vaya crack Rodrigo, que es a quien he conocido y quien creo que también se emocionó un poco! Pues a primeros de mayo recibo esa llamada en la que me dicen que me invitan a concursar, me preguntan por mi situación actual -les digo que ya estoy la mayoría del tiempo desplazándome con andador, aunque solo puedo andar distancias cortas- y me dicen que por correo me mandarán las instrucciones de todo.

Les digo que para viajar necesito ir acompañado pues todavía no tengo mucha movilidad y me dicen que no hay problema dada mi situación, por lo que me mandan dos billetes de AVE. Y allá que vamos mi Merchi y servidor… En AVE a Madrid. Mi Merchi siempre conmigo… ¿Que haría yo sin ella?

Al llegar a Atocha hago el maratón del día, andando con el andador desde donde nos deja el AVE hasta donde nos recogería la conductora que nos lleva a las instalaciones de la productora donde se graba el programa. Bastantes metros que tuve que andar. Tuvimos que ir muy lejos de Atocha -Paloma, la conductora, nos dijo que esto estaba en Boadilla del Monte- y mucho tráfico y atascos, aunque la mayoría afortunadamente estaban en sentido contrario -de entrada a Madrid-.

Al llegar a las instalaciones de la productora nos reciben Josemi y Andrea, que están muy atentos con nosotros -como todos-, nos hacen un test de antígenos siguiendo el protocolo anti-covid, nos llevan a un camerino y allí viene Aníbal -un malagueño del Sevilla FC- para explicarnos todo. Merchi se quedaría todo el tiempo en el camerino mientras yo estoy en el estudio grabando.

Visita a maquillaje, elección de vestuario con Patricia, de estilismo -menos mal que me dejó ponerme la camiseta del #yomecuro-, reunión previa con los otros concursantes y con Aníbal para recibir las últimas instrucciones y directos al plató de grabación. Mis compañeros concursantes fueron Albert, de Valencia; Natalia, de Málaga y Ramón, de Córdoba. Conocimos a Suso, el regidor y a Rodrigo, el presentador. Muy buena gente ambos.

Os dejaré por aquí y en mis redes el enlace a la grabación del programa. Creo que hicimos un buen papel y que resultó un buen programa, pero David «el estudiante» en la ronda final es muy bueno, pues contesta muy rápido. Se lo dije a mis compañeros cuando vi que era él el cazador que nos tocaba. Solo pudimos hablar con él a distancia y le dimos la enhorabuena por habernos cazado. Si seguís el programa de forma más o menos habitual sabréis que conseguir 22 casillas en la ronda final no es fácil y es una buena marca. Y si encima acertamos dos rebotes más aún -me encantó la pregunta de Paco Buyo en la que había que responder «Sevilla FC»-. ¿Y qué me decís de la pregunta del Teorema de Pitágoras? ¿Lo habré explicado veces…?

Una experiencia más vivida. Sinceramente os digo que no iba con la idea de traerme dinero, aunque evidentemente si hubiera ganado algo me hubiera encantado, sobre todo porque habría donado una parte y otra parte la habría gastado con mi familia, pues se lo merecen por estar siempre ahí.

Pero no pudo ser… Lo importante es que uno se sigue sintiendo vivo y con ganas de hacer cosas… «por mí y por todos mis compañeros». Tenía muchas ganas de poder contaros todo y por eso cuando nos montamos en el AVE de vuelta tiuteé esto:

Hoy, 1 de julio, ya se ha emitido el programa y, por tanto, he podido publicar esto. Nos ha cogido en Granada, pero lo hemos visto en familia en casa de mis cuñados Quino y Ángeles. Os recomiendo que veáis el programa si no lo habéis visto, porque más allá de ganar o no, para mí hay cosas más importantes, como enviar los mensajes que me dejaron mandar durante mi participación en el programa. Además dejé un ejemplar de cada uno de mis dos primeros libros dedicados a todo el personal que hace posible «El cazador». Gran experiencia, sí señor. A seguir viviendo…

Aquí os dejo el enlace al programa completo #ElCazador537:

Y gracias a la gente de «El cazador» por tuitear esto antes de la emisión del programa:

https://twitter.com/ElCazadorTVE/status/1542885754283499521