Empezamos con la radioterapia

Ya comenté en la última crónica hospitalaria que hemos tenido que parar el tratamiento y la infusión de las células CAR-T porque el plasmocitoma que tengo en la base del cráneo es bastante grande y está en muy mal sitio como para infundir los linfocitos-T, ya que esta infusión suele provocar algunas inflamaciones y en esta zona puede ser muy peligroso. Tal y como me han dicho mis doctoras, ante todo la seguridad del paciente, lo cual agradezco enormemente.

Ayer por la mañana tenía consulta con el doctor Pérez, jefe de Servicio de Radioterapia, que nos explicó a mi mujer y a mí el procedimiento que seguiríamos. Nos dijo que estaban previstas diez sesiones debido al tamaño del plasmocitoma y que empezaríamos esa misma tarde. Ya estaban contrastadas todas las pruebas iniciales y estaba hecha la máscara necesaria para la radiación.

Por la tarde fuimos para la primera sesión. Me hicieron la tarjeta de «paciente de radioterapia», nos recibió Cristina, la enfermera, que nos explicó todo el funcionamiento y el protocolo a seguir cada día y nos entregó un documento con recomendaciones. Todo muy bien organizado. Las sesiones serían de lunes a viernes a las cuatro de la tarde. Por tanto, estaremos liados con esto hasta el 11 de agosto.

Cuando llega mi turno me reciben dos chicas -ambas se llaman Cristina también- y me tumban en la camilla de la máquina de tomografía -así se llama la que a mí me toca…- y llega el peor momento: me dicen que me quite la mascarilla y que me meta en la boca un mordedor. Primer agobio: no saber cómo poner los labios, la lengua, qué hacer con la saliva… pero nada comparable con el segundo agobio: me ponen en la cabeza la máscara que me hicieron el lunes. Es de plástico en forma de malla, de color violeta y que se ajusta a mi cabeza y a mi cara muchísimo. Aprietan una especie de tornillos en cada una de las cuatro esquinas y la sensación de presión es máxima. Agobio total, pero hay que aguantar. A partir de ese momento son unos diez minutos, aunque al ser la primera vez parecen al menos treinta… Cuando arranca la máquina y el tubo se pone encima de mi cabeza parece que suenan unos caballos galopando y se ven unos rayos luminosos de vez en cuando. Yo me limito a cerrar los ojos la mayor parte del tiempo, a rezar y a pensar en cosas bonitas. Terminamos, me despido de las Cristinas hasta el día siguiente y nos volvemos para el apartamento.

En la mañana de hoy tenía que hacerme una analítica y tenía cita con mi hematóloga. Nos recogió el amigo Juanlu y nos fuimos directamente a «Fase I» de Ensayos clínicos, donde estaban mis enfermeras Patri y María y Carlos, que fue quien finalmente me pinchó y me extrajo los botes de sangre necesarios para la analítica. Teníamos que esperar que estuvieran los resultados de la analítica para que los viera mi hematóloga, la doctora Mariví Mateos. Al rato entramos en la consulta y nos explicó la doctora cómo se habían desarrollado los acontecimientos desde que se detectó ese plasmocitoma y la decisión consensuada con los responsables del ensayo de aplicar radioterapia. Me consta que mi doctora lo ha peleado a base de bien y, por tanto, seguimos en el camino… Me ha prescrito un tratamiento puente mientras estamos con las sesiones de radio, que es un ciclo más de los mismos medicamentos que ya venía tomando -Dexametasona, Isazomib y Lenalidomida- y seguiremos en contacto…

Nos fuimos a Fase I de nuevo para recoger los medicamentos, nos recogió el amigo Antonio -ya eran casi las dos de la tarde- y nos fuimos al apartamento para comer algo porque a las cuatro teníamos que estar de nuevo en el hospital para la segunda sesión de radio.

Esta segunda sesión la aguanté mejor que la primera, quizás uno se va acostumbrando… Yo ya me di 23 sesiones de radio en el hombro cuando empezamos con esta historia y algunas más en la espalda cuando estuve ingresado en el Virgen del Rocío. En ambos casos las aguanté bien y no sufrí efectos secundarios. La diferencia ahora, aunque solo lleve dos sesiones, es la incomodidad de esa máscara, pero por lo demás lo llevo bien. Lo importante es que haga su efecto y consigamos reducir ese plasmocitoma lo máximo posible.

Nos llevamos una sorpresa mientras esperábamos que nos recogiera el taxi. Coincidimos con el amigo Luis, que venía a darse su tratamiento. Luis fue mi compañero de habitación cuando estuve ingresado en noviembre aquí en Salamanca por la neumonía que pasé.

Llegamos al apartamento a las cinco y media y nada más llegar me conecté al «Café con ASCOL», que es un encuentro virtual que organiza la Asociación ASCOL cada tarde de lunes a viernes a las cinco. Ahí estaban Bea, Ascen, Carolina, Isabel, Fernando y Roberto. Fernando está en la habitación que yo he dejado libre en el TAMO pues el próximo lunes le infunden las CAR-T y Roberto -que es de Canarias- vendrá a finales de agosto para esta misma terapia. Ayudan mucho estas reuniones pues nos apoyamos unos a otros y el personal de ASCOL es genial. Les debo un post en exclusiva.

Hoy seguramente no dormiré porque me ha tocado tomar 40 mg de Dexametasona. Intentaremos llenar la tarde-noche viendo alguna serie, escuchando música, adelantando contenido de mi segundo libro y visitando las redes sociales…

De nuevo tengo que agradeceros vuestro apoyo. Son muchísimos los mensajes de ánimo y de envío de fuerzas que recibimos mi Merchi y yo y, aunque ya lo he dicho muchísimas veces, nos ayudan mucho. Sirva como ejemplo esta imagen que Blanca me dejó en Twitter. Me encantó.

2 comentarios en “Empezamos con la radioterapia

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