Nuevas crónicas hospitalarias (2)

La noche ha sido larga, no he dormido apenas por el insomnio que me produce alguno de los medicamentos que estoy tomando. Y además el aire acondicionado de la habitación suena bastante fuerte y a Merchi también le ha costado dormir. Es lo único malo que tiene la habitación porque por lo demás está genial. Yo me puse mis auriculares con música del móvil y me puse a escribir este artículo para Columnas Blancas. Después leí un buen rato en mi kindle -sigo con «La madre de Frankestein», de Almudena Grandes-. Y así fui pasando la noche mientras mi Merchi ya dormía.

Aquí se toca diana temprano, sobre las siete de la mañana, aunque a mí no me hizo falta porque estaba despierto. Me toma Cristina las constantes -tensión, temperatura…-, peso, me revisa la vía intravenosa Óscar, me deja las pastillas y llega el desayuno. Descafeinado, un pan muy duro, mantequilla, mermelada y un paquetito de galletas. Sigo echando de menos mis desayunos con mi amigo Carri, con ese cola-cao que me prepara Noelia y ese pan prieto de La Algaba tostadito -sí, tostadito- con mantequilla y pavo o jamón york.

Tras el aseo empiezan las visitas de los médicos… Bueno, en realidad todas son médicas: Ana, la hematóloga y Mónica, la neuróloga, que me vuelve a hacer un reconocimiento exhaustivo. Ana me comenta que vendrá un enfermero de la UCI para ponerme la vía central en la subclavia -en el pecho-, algo necesario para recibir el tratamiento. Efectivamente viene Edgar, un chico venezolano con el que conecté desde el primer momento porque teníamos en común que ambos acabamos de sacar un libro. Me ha regalado el suyo dedicado -va sobre la situación de su país y los migrantes- y yo tengo pendiente mandarle el mío dedicado. Pero como me ha dicho que el año que viene va a trabajar en el Hospital Virgen del Rocío, asunto resuelto, aunque estoy seguro que se lo daré antes. (El libro que sale en la foto es el de mi mujer, que tiene su dedicatoria especial y por supuesto no se lo podía dar).

Muy profesional Edgar haciendo su trabajo y magnífica la ayuda de Mari Ángeles, otra enfermera que he fichado como ángel de la guarda. Lo mismo que a Susana, que nos ha limpiado la habitación y se nos ha ofrecido a traernos lo que nos haga falta ya que no podemos salir. Pues mira Susana, tráenos unos tapones para el oído, que nos van a venir geniales. Y por la tarde, Gema de auxiliar y Sara de enfermera, dos más para el equipo que empuja para el #yomecuro y que también se ofrecen para lo que haga falta. Y las fotitos no podían faltar:

Estaba previsto empezar con la quimio hoy una vez que tuviera puesta la vía central, pero no ha podido ser porque los responsables del ensayo clínico habían comunicado que hacía falta una punción lumbar y analizar la extracción. Me la hicieron, ha sido un momento algo desagradable, pero el trato de todo el personal que me atendió ha sido exquisito, como siempre por aquí. Y así se llevan mucho mejor las cosas… Mañana estarán los resultados de la analítica y veremos si podemos empezar con la quimio. De momento esto lo único que supone es un pequeño retraso, algo nada importante porque lo que verdaderamente importa es que todo vaya bien.

Seguimos recibiendo mucho apoyo tanto presencialmente aquí por todo el personal sanitario -yo les sigo tocando las palmas y no me cansaré-, como por familiares, amigos, conocidos y seguidores a través de las redes. El camino continúa y tanto Merchi como yo nos sentimos muy acompañados. Y mañana… más.

4 comentarios en “Nuevas crónicas hospitalarias (2)

  1. Ten cuidado con Susana o te contara sus peripecias en Portugal presumiendo de un casoplon que tiene allí, gente de dinero ya se sabe.
    Y a oscar el enfermero le encanta el balonmano y siempre está de buen humor
    Los quiero mucho a todos hazme un favor y me los saludas
    Un abrazo

    • Pues aquí estoy con Susana que me está enseñando fotos de su casoplón portugués y me dice que esta es la misma habitación en la que estuviste tú. Y cuando vea a tu tocayo le daré saludos tuyos.
      Un abrazo.

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