De viaje en Semana Santa

Cualquiera que lea el título de este post y me conozca dirá: ¿Dónde va este tío con lo capillita que es? Si él en Semana Santa no se mueve de Sevilla. Y además este año estamos de confinamiento… Pues es verdad. He viajado, pero solo un día y fue ayer, Miércoles Santo, acompañado por mi Merchi y fue por obligación porque tenía que ponerme el tratamiento del ensayo clínico que estoy siguiendo en el Hospital Clínico de Salamanca.

Después de las dos últimas Semanas Santas tan distintas que he tenido que vivir por culpa de mi enfermedad y que ya os conté en este blog –en 2018 y en 2019 (2)- llega este año en el que estoy bastante mejor e incluso iba a salir de nazareno en mis hermandades de San José Obrero y de los Gitanos en mi silla de ruedas, porque aunque ya haya ganado bastante movilidad no puedo estar demasiado tiempo de pie, y ocurre lo que ocurre: pandemia, estado de alarma, confinamiento en nuestras casas y sin cofradías en la calle. Me he quitado un poco el gusanillo escribiendo este post en el blog cofrade «Entre varales», un blog que ha creado mi hija Patri con un grupo de amigos y en el que me han invitado a participar como colaborador y asesor. ¡Como para decir que no! Gracias, chicos. Todo un honor para mí.

Al igual que hicimos en el último viaje a Salamanca haríamos día y vuelta en el mismo día para estar en el hospital el menor tiempo posible y así evitar los riesgos de infección lo máximo posible. Quedamos mi Merchi y yo con nuestro chófer Jesús a las cuatro de la madrugada, nos pusimos en marcha, Ruta de la Plata «tó p´lante», no paramos para nada ni nos pararon los guardias -no vimos ninguno en todo el camino de ida- y llegamos al hospital un poco antes de las ocho, hora de entrada de la mayoría del personal del turno de mañana.

Durante la semana anterior ya habíamos preparado con el equipo de hematólogas y la coordinadora de ensayos clínicos toda la logística necesaria: me mandaron informes y justificantes por si nos paraban en carretera y me informaron que la zona de ensayos clínicos había cambiado de sitio, se había trasladado al Hospital de Día, que está en la planta -1, para evitar estar en plantas donde hay personas contagiadas de COVID-19, que por lo visto son bastantes en todo el hospital.

El procedimiento es el de siempre, aunque en esta ocasión al tratarse de la primera sesión de un nuevo ciclo -el sexto ya- también tenía que hacerme un electrocardiograma, que me lo hice justo después de extraerme la sangre para la analítica. También tocaba análisis de orina, por lo que entregamos los botecitos de la orina de veinticuatro horas que recogí el día anterior. Había mucha gente en el Hospital de Día para ponerse sus respectivos tratamientos y es que algunos se han podido parar debido a esta situación de emergencia que estamos viviendo, pero otros no. Y encima al ser hoy y mañana festivos parece que se acumularon ayer más citas de la cuenta.

Nos quedamos en la Sala de espera del hospital de Día pues nos recomendaron que no nos moviéramos de allí, nos comimos un bocata que llevábamos para desayunar con una botellita de agua y esperamos a que viniera la hematóloga para que nos diera el resultado de la analítica y si estaba todo correcto activar el protocolo para que desde la farmacia nos mandaran el Daratumumab para ponérmelo por vía intravenosa. No tardó mucho en llegar la doctora -en esta ocasión era de nuevo Verónica, como la vez anterior- y nos confirmó que estaba todo bien y que me podía poner el tratamiento. El que hubiera tanta gente hizo que se retrasara más tiempo de la cuenta tanto el recibir el tratamiento por parte de la farmacia como el disponer de un sillón libre. Merchi se fue fuera del hospital al taxi con Jesús porque en la habitación donde me iban a poner el tratamiento no dejaban estar a acompañantes como medida de seguridad y era una tontería que se quedara en la Sala de espera.

Empezamos con la pre-medicación algo después de las once y aproximadamente una hora después pudimos empezar con el Daratumumab. Teníamos una tres horas y media por delante que estar enchufado a la bomba de perfusión, pero al final se alargó un poco más porque cuando quedaba poco para acabar se soltó la vía y mi enfermera Marta me tuvo que volver a pinchar en el otro brazo para cambiar la vía de sitio porque en el brazo izquierdo donde estaba desde el principio la vena ya no respondía. Y en el brazo derecho también costó porque la vena está en peores condiciones, pero Marta es toda una profesional y lo consiguió. En estos momentos es cuando echo de menos mi PICC…

Cuando terminé poco después de las cuatro y me dirigía para la salida me encontré con Luis, mi amigo chileno que compartió conmigo habitación cuando estuve por allí ingresado con la neumonía que tuve en noviembre. Él iba a ponerse su tratamiento por la tarde. Los dos nos quedamos con las ganas de darnos un abrazo por la prohibición que tenemos ahora, pero nos lo debemos para una próxima ocasión. Al menos nos preguntamos por nuestras respectivas familias, comprobamos que todos estaban bien y nos mandamos ánimos mutuos. Una gran alegría, la verdad.

Llamé a mi Merchi que ya me estaba esperando en la puerta del hospital y salimos de vuelta para Sevilla a las cuatro y media de la tarde. En una de las rotondas de salida de Salamanca estaba la Guardia Civil parando a todos los coches, supongo que para evitar los desplazamientos de la gente a sus segundas residencias para pasar el puente. Jesús le explicó al agente nuestro caso y no tuvimos ni que sacar papeles. «Sigan», nos dijo y de nuevo Ruta de la Plata «tó p´alante» para llegar a nuestra querida Sevilla, haciendo solo una parada obligatoria para repostar y comprar un refresquito en una estación de servicio. Llegamos a casa sobre las ocho y media; nos perdimos los aplausos de las ocho, pero a esa hora nosotros aplaudimos en el coche.

De nuevo tengo que agradecer el trato recibido por todo el personal del hospital que me ha atendido, el buen hacer de nuestro chófer y ya amigo Jesús, la compañía de mi mujer que siempre está ahí y otra cosa que nunca falla es vuestro apoyo antes, durante y después de cada viaje. Sois geniales y os lo agradezco una vez más de corazón. Dentro de un par de semanas volveremos…

Y ahora de nuevo #YoMeQuedoEnCasa…

#SomosImparables #yomecuro #SeguimosJuanma

1 comentario en “De viaje en Semana Santa

  1. Pingback: #MadrugáGitana20 | Blog de Juanma Díaz

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.