Fútbol y educación (mi crónica del viaje a Valencia)

Mucho tiempo sin pasar por aquí, demasiado tiempo quizás… esperemos poder cambiar estas malas costumbres.

Nota previa: Y más tiempo todavía sin escribir en éste mi blog sobre una de mis pasiones: el Sevilla FC… y es que los últimos artículos futbolísticos y sobre mi equipo que escribí lo hice para Columnas Blancas que, desgraciadamente, ha desaparecido hace algún tiempo.

Ayer estuve en Valencia para ver el partido de vuelta de la UEFA Europa League entre el Valencia C.F. y el Sevilla F.C. y ésta es mi crónica particular.

Todo empezó tras finalizar el partido de ida el pasado jueves 24 de abril en el Sánchez-Pizjuán. Nada más pitar el árbitro el final del partido ya había una cola importante de aficionados para conseguir una entrada para el partido de vuelta. Se juntaba todo: buen  resultado en la ida (2-0), partido de vuelta en día festivo y con puente para mucha gente y además se trataba de un desplazamiento cómodo al no ser excesivamente lejos y poder ir fácilmente en coche o autobús.

Yo quería ir y mi sobrino Migue también. Así que él madrugó el viernes pasado para ponerse en la cola de las taquillas -yo tenía que trabajar-, pero fue imposible conseguir entradas. Incluso gente que pasó allí toda la noche no las consiguió. Pero en la misma cola se comentaba que se podían comprar por internet en la web del Valencia. Pues dicho y hecho, ¡a por ellas! No fue fácil, lo conseguí a la tercera, las dos primeras veces me dio error. Entradas en “zona valencianista”, pero seríamos muchos los sevillistas que estaríamos por allí. Lo importante era estar.

¿Y el viaje? Previamente a conseguir las entradas habían contactado conmigo los amigos Sebas y Acosta, presidente y secretario de la peña “Hastalamuerte” respectivamente, y co-administradores de Columnas Blancas, para ofrecerme la posibilidad de viajar con ellos en el autobús que fletaría su peña. Una vez que conseguí las entradas les confirmé las reservas en dicho autobús.

Salimos a la 1 de la madrugada de la explanada de Gol Sur del Sánchez Pizjuán. Autobús Alompe Rojo -no podía ser de otro color-. Buen ambiente, buena gente, gente joven sana con ganas de pasarlo bien… y llegamos a Valencia. Eran las 10 de la mañana y nos dirigimos a la playa de Malvarrosa, punto de encuentro de la afición sevillista desplazada y que rebautizamos como “Malvaroja”. Llegamos casi de los primeros y poco a poco iban llegando el resto de aficionados que viajaron en autobús, en coche o en AVE. Un calor y un sol de cuidado… muchas neveras, reuniones de amigos, cervecitas… Allí coincidí con mi amigo Pepe y su hijo Dani y pude ver a bastantes amigos y conocidos que también se animaron a acompañar al equipo. Pasamos calor, mucha calor, porque había poca sombra, por lo que de vez en cuando había que resguardarse en un bar y tomar algún refrigerio. El presidente del Sevilla FC, Pepe Castro, incluso vino y estuvo saludando a los que por allí nos encomtrábamos.

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A las 18:30 iniciamos el “corteo”. Yo no sabía lo que quería decir esto.

– Migue, ¿qué es esto del corteo?

– Es ir acompañado por la Policía hasta el estadio.

– ¡Ah, vale!

Más de una hora andando, con cánticos, unos más afortunados que otros. ¿Cuándo desterraremos los insultos y las faltas de respeto a los contrarios? Confío en que algún día pasará… ¿Y por qué hay tanto majara que se esconde en la multitud y aprovecha para romper espejos retrovisores, papeleras, botellas de vidrio y pegar porrazos a todo lo que van encontrando a su paso? No creo que lo haga en su casa… Falta educación.

Los que tenían el acceso al estadio por la zona sevillista tuvieron problemas para entrar, pues por lo visto sólo abrieron una puerta para que accedieran los más de 2500 aficionados que tenían entrada por esa zona. Los que teníamos el acceso por otra zona del estadio no tuvimos problemas para acceder, aunque era una zona compartida entre aficionados de ambos equipos.

Junto a nosotros se sentaron unos jóvenes aficionados valencianistas que accedieron a hacerse esta foto conmigo:

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La afición valencianista empujó de lo lindo, animaba de forma constante con sus cánticos -unos más afortunados que otros-. ¿Por qué ese “Puta Sevilla” o “Ese portugués qué hijo puta es”? Y los sevillistas con ese “Puta Valencia” o acordándose del eterno rival que allí no pintaba nada. ¿Se gana algo con esto? ¿Para animar hay que insultar o menospreciar al rival? De verdad que no lo entiendo. Y es que hay gente que se transforma cuando de fútbol se trata. Gritos insultantes coreados por una amplia mayoría que estoy seguro que en su “vida normal” no hacen.

Y en cuanto al partido… el Sevilla jugó muy mal. Parecía nervioso, poco asentado en el campo y el Valencia empujado por sus seguidores -cómo rugía en Mestalla ese “Sí se puede, sí se puede”- consiguió igualar la eliminatoria antes de la media hora de partido. Dos goles que le dieron alas para seguir intentándolo. En la segunda parte consiguieron marcar el tercer gol y, por tanto, ponerse la eliminatoria a su favor y desde ese momento se dedicaron a usar acciones poco deportivas para perder tiempo: simulación de lesiones, retrasos en los saques de puerta, desaparición de los recogepelotas, e incluso el público ayudaba lanzando en varios ocasiones balones al terreno de juego para obligar al árbitro a parar el partido.

Llegamos al descuento apesadumbrados. 5 minutos para seguir sufriendo e intentándolo hasta el final. Los valencianistas cantando el “Sí, sí, sí, nos vamos a Turín”… Minuto 94: saque de banda de Coke a la cabeza de Fazio que peina la pelota hacia el interior del área y allí aparece M´Bia para colocar un testarazo en la red. Gooooool. Saltamos, brincamos, nos abrazamos -los sevillistas, por supuesto- y los valencianistas se quedan con esa cara que se queda uno cuando tiene el objetivo casi conseguido y lo pierden en el último momento.

Final del partido. El “Sí, sí, sí, nos vamos a Turín” cambia de cantantes. Ahora lo cantamos los de las camisetas rojas, junto a otros cánticos sevillistas -himno del Arrebato incluido, que sonaba con fuerza en Mestalla cantado por todos-, a la vez que los jugadores saludaban a la afición y lo festejaban desde el césped. Mientras los valencianistas abandonaban el estadio tristes, los sevillistas aguantábamos en las gradas con nuestros cánticos hasta que la policía nos permitiera salir. Las redes sociales echaban humo… fue épico, pues se pasó de la decepción de encontrarnos con algo inesperado al subidón que supuso el gol de M´Bia segundos antes de que acabara el partido.

Desalojamos el estadio con tranquilidad, los autobuses nos estaban esperando junto al estadio e iniciamos el viaje de vuelta, contentos por el resultado final, pero decepcionados por el juego desarrollado por el Sevilla durante la mayor parte del encuentro.

Y ahora nos espera en la final el Benfica… y será en Turín el próximo 14 de mayo. Seguramente no podré ir, pero la viviré como si estuviera allí, porque para los que nos sentimos sevillistas -papa, gracias por inculcarme este sentimiento desde chiquitito- será algo MUY GRANDE. Otra final europea más, la tercera… y al igual que las otras dos hay que ganarla.

¡Enhorabuena, sevillistas!

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2 pensamientos en “Fútbol y educación (mi crónica del viaje a Valencia)

  1. Una gran alegría coincidir contigo en Valencia, mi querido amigo desde la infancia de colegio desde los seis años. Fue un gran día que pasamos junto a mi hijo y tu sobrino, uno de esos días que jamas se olvidan en la vida. Aún nos queda que mañana nos acompañe la suerte y el décimo de lotería que compramos en la playa de “la malvarroja” nos toque, entonces seguiremos la alegría que anoche nos dio nuestro equipo. Un abrazo amigo.

  2. Y totalmente de acuerdo con que hay que dejar los cánticos insultantes hacia el otro equipo y la otra ciudad. La grandeza se demuestra con la clase y se hace animando a nuestro equipo sin necesidad de insultos, ofensas ni destrozando cosas.

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