Pruebas y más pruebas

Desde que terminé con el tratamiento de rescate hace aproximadamente un mes y que constó de cuatro ciclos que empezamos a principios del pasado mes de septiembre, estoy ahora en un momento de realización de pruebas para el siguiente paso, que en principio está pensado que sea un trasplante de médula alogénico, es decir, de donante externo.

Este último tratamiento combinado que he recibido de quimio, Bortezomib, Dexametasona y Lenalidomida me ha sentado bastante bien y parece que ha hecho su efecto, porque al menos ha controlado la enfermedad, ha conseguido que desaparezca el bulto que tenía en la cabeza, al menos externamente y que mejore muchísimo la pierna izquierda, primero desapareciendo el dolor y después osificando el hueso de la rodilla para que pueda empezar a dar mis primeros pasos, tal y como me confirmó el traumatólogo en la consulta que tuve con él el pasado jueves. A la vista de la radiografía que me había hecho esa misma mañana, me confirmó que la pierna estaba bastante bien y que ya podía empezar a hacer pequeños ejercicios con ella, aunque siempre con precaución y poco a poco, empezando a levantarme de la silla de ruedas agarrándome a algún sitio y usando el andador. Y en esas estamos para volver a soltar la silla de ruedas y volver a andar. Al igual que la otra vez, por mí no va a quedar, aunque iré con paciencia y con precaución. Ya os iré contando mis avances.

Cuando a finales de enero fuimos mi Merchi y yo a la consulta de mi hematóloga Marta, salimos con un montón de papeles, ya que cada uno de ellos correspondía a una solicitud de prueba que me tenía que hacer. Son las siguientes: analítica de sangre para buscar donante, aspirado de médula, analítica completa de sangre y orina para reevaluación, resonancia magnética craneal y PET-TAC. Todo ello para que todas esas pruebas confirmen cómo vamos y poder seguir adelante con la idea del trasplante de médula.

Ya me he hecho todas las pruebas anteriores menos el PEC-TAC, para el que me llamaron el pasado viernes y me dieron cita para el día 4 de marzo. Ninguna de ellas es nueva para mí, ya soy veterano en estas lides y me las conozco todas; desde luego unas son más llevaderas que otras, pero se lleva la palma en cuanto a prueba complicada la resonancia craneal.

Me la hice ayer y era la cuarta que me hacía. Fui con mi Merchi al Centro radiológico CERCO un poco antes de las 12:30 que era la hora a la que teníamos la cita y la verdad es que iba bastante nervioso, porque esta es una prueba muy desagradable y claustrofóbica, según he podido comprobar en las tres anteriores que me he hecho -dos en Salamanca y una en Medicina Nuclear del Hospital Virgen del Rocío de Sevilla-. Llevaba toda la semana preocupado y pensando en ello, pero me la tenía que hacer porque en el PEC-TAC no se distingue bien cómo está el tema óseo por la cabeza, por lo que hay que hacer esta prueba más específica para que nos diga cómo está la cosa por ahí arriba.

El primer problema llegó cuando nos acercamos con la silla de ruedas empujada por mi mujer a la puerta donde me iba a hacer la resonancia y nos dice la enfermera que mi mujer se tiene que ir a la sala de espera -cosa lógica- y que yo tengo que ir andando desde la puerta hasta donde está la máquina para tumbarme en la camilla, ya que la silla de ruedas no puede entrar porque la máquina está imantada. Tenía por delante cinco o seis metros que tenía que hacer caminando… y yo llevo más de seis meses sin andar. ¡Toda una proeza para mí! Pero gracias a la ayuda de las enfermeras Raquel y Eli lo conseguimos, con trabajito pero conseguimos llegar a la camilla. Andando mis primeros pasos de nuevo…

Me tumbo en la estrecha camilla por la que pasará el tubo de la máquina, me explica Raquel en qué consiste la prueba y me dice que durará unos 25 minutos, que no me puedo mover para nada, me da unos tapones para que me los ponga en los oídos, me pone la careta encima de mi mascarilla -esta vez la careta no presiona tanto como las veces anteriores, afortunadamente- y me da la perilla de socorro para que la sostenga en la mano por si me agobio y hay que parar la prueba. Yo le digo que no la voy a parar, que muy mal se tiene que poner la cosa para que yo la pare; así que adelante…

Empiezan esos ruidos infernales de los que te enteras de todos a pesar de tener los tapones puestos en los oídos y yo empiezo a cantar al ritmo de los ruidos, a rezar, a acordarme de mi gente, a pensar en mi padre y en mi madre que desde ahí arriba me están ayudando, y a acordarme de cosas bonitas vividas y de las que me quedan por vivir. Esta es mi estrategia y os aseguro que me da resultado, creo que hasta me tranquiliza más que el lorazepam que me tomé una hora antes de la prueba. Pasan los 25 minutos -que a mí me parecieron al menos 80-, se para la máquina y termina la prueba. De nuevo superada y, aunque esté mal que yo mismo me lo diga, otra vez fui un campeón.

Tengo que reconocer que esta es la ocasión en la que mejor lo he soportado; no sé si es porque ya me estoy haciendo experto en este tipo de pruebas, o porque la máscara que me pusieron no estaba tan ajustada a la cara, o por todos los ánimos y envíos de fuerza que he recibido y que tanto agradezco, pero la realidad es que con toda la preocupación que llevaba al final no fue para tanto. Prueba superada y a otra cosa. Ahora lo que hace falta es que los resultados sean buenos, que hayamos conseguido controlar los plasmocitomas de ahí arriba y a seguir adelante…

Al salir de la prueba me recibió mi Merchi en la sala de espera y me propuso que, como yo estaba en ayunas para hacerme la prueba, nos tomáramos algo en un bar que había al lado sentándonos en uno de los veladores que tenían fuera. Yo por supuesto sigo sin entrar en locales cerrados como medida de precaución, siempre al aire libre. Acepté la propuesta y me tomé una cervecita sin alcohol y un montadito de carne mechá con tomate y alioli que me supieron a gloria y mi mujer se tomó un Aquarius de naranja y unas papas aliñás sanluqueñas con salmorejo por encima que probé y también estaban riquísimas. Tenemos que volver a ese sitio, pero sin hacerme una prueba antes. Disfrutamos de las tapitas, conversamos un ratito los dos juntos, nos fuimos para el coche y nos volvimos para casa.

En la consulta que tengo con mi hematóloga al próximo viernes supongo que nos dirá los resultados de las distintas pruebas que me he hecho, a falta del PET-TAC que me lo tengo que hacer posteriormente. Esperemos que estos resultados sean favorables y podamos seguir adelante con el tratamiento elegido, que en esta ocasión es un trasplante alogénico de médula ósea.

Y no quiero acabar este artículo sin acordarme de que hoy es 21 de febrero: