Tres años

Tres años han pasado de aquel 24 de noviembre de 2017 en el que empezó todo. Son varias las veces las que lo he contado por aquí, pero no me importa contarlo una vez más, porque siempre habrá un antes y un después en mi vida y en la de los que me rodean a partir de aquel momento.

Además de profesor de matemáticas, yo era el secretario y el coordinador TIC del IES Chaves Nogales, por lo que siempre estaba liado con mil cosas y era habitual el que llegara un poco tarde a mis clases porque siempre me estaban entreteniendo: atendiendo a cosas de Secretaría, a algún proveedor, resolviendo algún problema de algún alumno o de algún profesor, etc. En este caso recuerdo que estaba atendiendo al proveedor de las fotocopiadoras y casi pasaban ya 10 minutos de clase, por lo que me despedí de Joaquín rápidamente y subí corriendo por las escaleras para ir al aula, con la mala suerte que tropecé con uno de los escalones y, al ir a agarrarme a la barandilla, noté un dolor muy fuerte en mi hombro derecho, algo fuera de lo normal.

Inmediatamente llamé a mi mujer para que viniera a recogerme y nos fuimos a Urgencias. Allí me hicieron una radiografía y el propio médico de Urgencias nos dijo que no le gustaba nada lo que se veía en ese hombro y que nos recomendaba que nos viera un traumatólogo lo antes posible y, si es posible, que fuera especialista en tumores óseos. Y que esa noticia te la dé el mismo médico de urgencias así de primeras hizo que se nos quedara tal cara de preocupación que intentamos moverlo todo lo más rápido posible.

Fuimos a ver a un traumatólogo especialista en tumores óseos, nos realiza varias pruebas y nos confirma que tengo un plasmocitoma en el húmero derecho, que es un tipo de tumor y nos recomienda que nos vea alguien de hematología, porque supone que eso puede provenir de algún tipo de enfermedad de la sangre y aquí empieza todo el periplo…

La primera hematóloga que me ve, me confirma tras todas las pruebas realizadas que lo que tengo es un mieloma múltiple, que es un tipo de enfermedad de la sangre que fundamentalmente ataca al tejido óseo. Ha empezado dando la cara por el húmero derecho pero puede atacar a otras partes del cuerpo. Me comenta que si esta situación se hubiera producido hace 10 ó 15 años, todo seguramente hubiera sido bastante distinto, pues no había tantos adelantos ni tantos avances para tratar enfermedades de este tipo.

Sigo un primer tratamiento con pastillas y con medicamentos que me ponían por vía subcutánea e intravenosa, aunque finalmente no son efectivos. Me doy 23 sesiones de radioterapia en el húmero derecho y esto sí parece que mejora, pero hay que ir más allá, por lo que me tengo que trasladar al Hospital Virgen del Rocío con vistas a hacerme un transplante de médula ósea. Dos intentos más fallidos, no puedo ir al trasplante autólogo, al de mis propias células, y me proponen un ensayo clínico de polifármacos -llamado Selibordara- que tampoco es suficiente para acabar con la enfermedad, ni para hacerla entrar en remisión, aunque sea parcial. Surge entonces la posibilidad de ir a otro ensayo clínico, pero en esta ocasión había que ir a Salamanca, llamado KarMMa-3-, que tiene dos líneas de tratamiento: una línea con las células CAR-T – una técnica muy novedosa y que parece que está dando muy buenos resultados- y otra línea con polifármacos. Como es por sorteo y a mí nunca me toca nada, resulto agraciado con esta segunda línea, que tampoco es efectiva para mí, pero sale una resolución que me permite pasar a la línea de las células CAR-T y es la que tomamos ya por el verano de este año. Sin embargo, una vez extraídas mis células, enviadas a Estados Unidos para prepararlas e infundirlas de nuevo en mi cuerpo, resulta que me sale un plasmocitoma junto al cráneo que hace muy peligrosa la infusión de dichas células, porque los órganos tienden a expandirse y están en una zona muy cerca del cerebro, que puede ser peligrosa e incluso puede llegar a ser mortal.

Me dieron diez sesiones de radioterapia sobre la zona, por si conseguíamos hacer desaparecer o al menos empequeñecer al máximo dicho plasmocitoma, pero a las 3-4 semanas me hicieron una resonancia craneal para comprobar su tamaño y no era lo suficientemente pequeño para poder hacer la infusión, según comentaron los neurólogos. Por tanto, había que parar el tratamiento y volvernos a Sevilla. Y encima de nuevo inmovilizado, porque la enfermedad me había atacado ahora a la rodilla izquierda y al fémur, por lo que no puedo apoyar la pierna izquierda para nada. Y ahora aquí estamos con un tratamiento de quimioterapia y polifármacos para intentar acabar con estos plasmocitomas y ver qué camino tomar, según la decisión que tome mi equipo de Hematología, porque está claro que esto sigue y que #yomecuro.

Es muy difícil resumir en pocas líneas todo lo vivido en estos tres últimos años, porque la vida te cambia por completo, porque han sido muchas las pruebas realizadas, los tratamientos seguidos, las idas y venidas Sevilla-Salamanca, tanta gente conocida, tantos buenos profesionales sanitarios, tanto apoyo por parte de familia, amigos, seguidores… Muy difícil todo, pero lo importante es que seguimos en el camino, que vamos a conseguirlo y siempre va a ser con vuestra ayuda, porque #SomosImparables… #SeguimosJuanma.