Somos un equipo

Es evidente que una enfermedad, sea del tipo que sea, a quien afecta directamente es a la persona que la sufre, que por eso se le llama enfermo o paciente. Y es quien tiene que afrontarla, con la actitud que haya decidido, pero es el principal actor de esta historia. Después entran en juego el elenco secundario, fundamentalmente formado por el personal médico y sanitario que te va a atender y por las personas más cercanas a ti, generalmente familia y amigos, que siempre querrán lo mejor para ti.

Podemos decir entonces que el tratamiento de una enfermedad corresponde a un equipo, capitaneado por el propio paciente, aunque los que de verdad mandan son los médicos, que es como debe ser, porque son los que saben de esto. Desde que tengo el mieloma múltiple me he intentado informar de lo que es esta enfermedad, de los distintos tratamientos que hay… pero siempre haciéndolo en páginas de referencia, como las de las distintas fundaciones, asociaciones y entidades de enfermedades de la sangre. En no pocas ocasiones le he escuchado o le he leído a médicos de referencia decir el que «el verdadero protagonista del tratamiento de la enfermedad es el propio paciente». Por ejemplo, mi hematóloga de Salamanca, la doctora Mariví Mateos, lo dice mucho… y no solo lo dice, sino que he podido comprobar en primera persona que es así, que lo cumple.

Estamos en sus manos y nadie duda de que los médicos siempre querrán lo mejor para sus pacientes, que quieren curarnos, pero hay que reconocer que en algunas ocasiones se debe mejorar el trato y mostrar más cercanía pra que el paciente se sienta más cómodo y con más confianza. En mi caso, os puedo asegurar que no es así, salvo contadas excepciones, siempre me han atendido bien y el trato y la cercanía han sido y siguen siendo geniales, pero me consta que en otros casos no siempre es así.

Cuando la enfermedad requiere que el paciente sea atendido por un cuidador o cuidadora la cosa se complica, porque no todo el mundo tiene la suerte de tener al lado a la gente que yo tengo. Me faltará vida para poder agradecerles lo que hacen por mí. Empezando por mi Merchi, siguiendo por mis hijas Vero y Patri, continuando con mi sobrino Migue y con mi amigo-hermano Carri. Siempre ahí, nunca fallan. Y os aseguro que es muy complicado..

Mi mujer siempre me dice lo mismo: «Seguro que tú harías lo mismo por mí si la situación fuera al revés». Y yo le digo que sí, que lo haría, pero estoy seguro que no lo haría tan bien. Y a mi Patri que le encanta ejercer de auxiliar de enfermería haciendo sus prácticas conmigo. Y aprovechándome de la fuerza de mi sobrino Migue para que me pase de la cama a la silla y me lleve a la ducha. Él por su tete hace lo que sea. ¡Que suerte tengo! Y mi Carri que me prepara todas las mañanas el desayuno como a mi me gusta y me lo trae a domicilio -el tele-tostada le llamamos-.

Y debido a la pandemoa no me puedo relacionar presencialmente con más gente, porque me consta que son muchos los que quieren venir a verme, empezando por mis hermanas, primos, tíos, amigos… pero ahora mismo es imposible. Tengo que cuidarme al máximo para seguir con fuerzas para el #yomecuro. Nos conformaremos de momento con el contacto a través de las redes sociales y las llamadas y videollamadas.

Somos un equipo, remamos en la misma dirección y todos queremos lo mismo: poder controlar este mieloma múltiple que tan cañero nos ha salido. Yo pondré todo de mi parte, mis médicos también y la gente que me rodea presencialmente y a través de las redes no digamos… Resultado: lo conseguiremos.

Y mi Patri que me alegra la mañana cantándome este «Si tú la quieres» a los pies de mi cama. ¡Qué grande es mi niña!