Sin ti… todo sería más dificil

Entramos en un nuevo fin de semana de ingreso en el hospital, en lo que yo llamo «estar de hotelito», con mi pulsera en la muñeca y todo. Permitidme la broma, pero ya se sabe que los fines de semana básicamente lo que se atiende son las urgencias. Yo seguiré ingresado al menos hasta el lunes, pues ese día me toca el último pinchazo de Bortezomid de este primer ciclo del nuevo tratamiento. Y a partir de ahí lo más seguro es que me den el alta para acabar el ciclo en casa con los medicamentos que tengo que tomar por vía oral

Ayer viernes me puse el Bortezomid y me limpiaron el PICC. Vino a verme la doctora Isabel Montero, me estuvo reconociendo, me dijo que me pondrían una transfusión de sangre porque estaba algo bajillo -yo me lo notaba desde hacía un par de días- y comentamos las distintas opciones de tratamiento para un futuro próximo, pero esto mejor lo dejamos para otro post.

Mi hematóloga de referencia, Marta Reinoso, me dijo que se intentaría pasar a verme cuando acabara con sus consultas. Y así fue. Bien avanzada la tarde se pasó a verme, estuvimos un buen rato comentando cómo iba todo y cómo queremos que vaya en un futuro próximo, pero, como ya digo, lo contaré en otro post.

Porque os estaréis preguntando qué tiene que ver el título de este post con lo que lleváis leído hasta ahora. Y la verdad es que la respuesta está clara: NADA, pero siempre me gusta hacer esa pequeña crónica hospitalaria del día y que quede por aquí reflejada.

Pero ahora sí, me centro en el título del post. Modestia aparte, creo que pueden ser cientos las personas que se pueden sentir identificadas con dicho título, entre familiares, amigos y seguidores que estáis ahí y que sin vosotros todo sería mucho más difícil. Pero me voy a centrar en una sola persona….

Y ella es Mercedes Delgado Molina. Mi Merchi. Mi esposa y la madre de mis hijas. De las mejores personas que he conocido en mi vida. En este blog he escrito con anterioridad valorando su comportamiento conmigo desde que estoy enfermo, aunque es verdad que hace tiempo que no lo hacía y esto es algo que no se puede olvidar.

Llevamos unas semanas que no estamos en nuestro mejor momento -sobre todo yo- por las últimas noticias recibidas con respecto a la enfermedad y al tratamiento que seguiremos. Y a esto le unimos el dolor de pierna que tengo y que no me abandona de momento.

Por.mucho que uno quiera mantener una actitud positiva en todo momento -yo soy de los #yomecuro, que no se olvide-, uno es humano y es difícil ser optimista cuando te dicen que otra línea de tratamiento ha fallado y que la enfermedad está fuerte y avanza. Momento bajonazo, no hay otra. Pero ahí está mi Merchi con ese «seguimos, gordi. Lo importante es que tenemos otra puerta abierta». Y nuestras manos apretadas con fuerza… Y leyendo juntos todos vuestros mensajes de ánimo que nos llegan a través de las redes y que tanto nos ayudan.

A mi lado desde el minuto 1. Solo he conseguido que las noches las pase en casa para que descanse bien, porque el sillón del Hospital es un suplicio. Y lo hace a regañadientes, pero es mejor así porque yo estoy muy bien atendido por auxiliares y enfermeras y por la mujer de mi compañero Jose que siempre está dispuesta a ayudarme para lo que haga falta.

Y Merchi ayudando a la celadora a mover mi cama en los traslados para las pruebas, estando pendiente de los posibles saltos para que mi pierna no sufra. Y Merchi ayudando a la auxiliar de turno -ya casi todas amigas- para mi aseo personal y para cambiarme. Ambas cosas las hacemos en la cama, ya que no me bajo de la cama para nada. Lo del pudor y la vergüenza con las auxiliares ya lo superé hace tiempo….

Cuando veo por la tarde a Merchi que da una cabezadita en el sillón suelo observarla mucho, ya que yo lo de dormir poco. La mayoría de las veces le noto la cara de cansancio, algo normal, pero no dejo de pensar en lo afortunado que soy por tenerla como compañera de vida.

Puede sonar a pasteloso, pero me propuse a mí mismo decirle al menos una vez al día un «te quiero» y agradecerle todo lo que está haciendo por mí. Ella me dice que lo del «te quiero» está bien y ella me responde «y yo», pero que no tengo que agradecerle nada porque está segura que yo haría lo mismo por ella. Yo le digo que seguramente así sería, pero tan bien no me saldría, estoy seguro. Y sigo con mi hucha para hacerle un monumento, pero no será un monumento como tal, será algo distinto para lo que ya estoy barajando varias ideas.

Merchi, aquí llevas mi «te quiero» de hoy, aunque cuando llegues al hospital te lo diré acompañado de un besito.

Cuando escribo esto son las 5:15 de la madrugada, pero no quiero terminar el post sin agradecer a mi amigo Carri las viandas que nos ha mandado para los cuatro que estamos en está habitación. Daremos buena cuenta de ellas durante el finde y veréis como las defensas suben….