Un día de los difíciles

Empiezo a escribir este post a la 1:40 de la madrugada y no sé a qué hora lo voy a acabar, porque desde luego me pienso explayar. Como me acaba de decir mi sobrino Migue por teléfono: «Da caña, Tete, que a ti te escucha y te sigue mucha gente y no hay derecho a lo que has sufrido hoy… Y nosotros contigo. Haz como haría Juan Carlos, Tete». Él es que es muy fan de Juan Carlos Aragón, el Capitán Veneno. Migue, voy a escribir lo vivido, como siempre hago… y dejaré alguna reflexión y alguna pregunta por si alguien quiere contestar. Por supuesto os invito a participar a través de los comentarios o de las redes sociales, como bastante gente ha hecho ya.

Escribo desde el sillón número 6 de la sala de sillones de Urgencias del Hospital Virgen del Rocío de Sevilla. Accedo a mi blog desde el móvil, mientras a la vez se está cargando, pues después de todo el día se había quedado sin batería. Me pongo los auriculares para que suene música aleatoria de la aplicación Tidal y así escribir más relajado y no echo cuenta a tantos pitidos de las distintas máquinas que hay por aquí conectadas a los pacientes. Yo solo tengo una vía con suero y medicación. Y la mascarilla puesta todo el tiempo, por supuesto.

Pero empecemos por el principio, porque para preparar lo que ha sido el día que hemos acabado hace un par de horas teníamos que hacer algunas gestiones el día anterior, el lunes. Ese día hablé por teléfono con Marta, la hematóloga que principalmente me llevaba -junto a Lola- hasta que me fui en octubre a Salamanca para el ensayo clínico. La doctora Mariví Mateos, mi hematóloga de Salamanca ya había informado de todo a Marta y le había mandado los resultados de las distintas pruebas que me había hecho allí durante estos meses. Por tanto, Marta me dice que esté el martes 8 en el Centro de Diagnóstico del hospital para pasar consulta con ella a las 14 horas.

Estupendo, pero surge el problema del desplazamiento porque debido al poco plazo que hay no quiero aventurarme a gestionar un traslado en ambulancia, porque alguna que otra experienca mala he tenido y estaba claro que no podíamos fallar. Pero en un coche normal no podía ir por el dolor de la pierna. Entonces se me ocurrió llamar al amigo Antonio, que tiene un euro-taxi en el que puedo ir montado en mi silla de ruedas y que hemos usado en varias ocasiones. Antonio encantado y nosotros también. Además tuvimos suerte porque le tocaba día de trabajo. Los taxistas ahora en Sevilla están trabajando un día de cada tres.

La noche anterior dormí muy poco, debido al efecto de la medicación para evitar el dolor de la pierna y a los nervios. Tempranito me trajo mi Migue el desayuno de mi club social -què tostadita más buena me prepara mi amigo Carri-. Echamos la mañana en casa de reposo, solo me moví para aseame y vestirme con ayuda de Metchi y Migue y antes de las 13:30 ya nos estaba recogiendo Antonio. El traslado fue bien, aunque los botes y baches de la calzada hacía que sufriera algún dolor puntual, pero poco. Lo pude aguantar.

Entramos en la consulta con Marta poco después de las dos de la tarde, nos alegramos mutuamente de vernos, aunque evidentemente no nos alegramos del resultado fallido del ensayo clïnico de Salamanca y del estado en el que estaba la enfermedad en estos momentos, pues está en progresión, ya que ese ataque a mi rodilla y fémur izquierdo es buena prueba de ello. Me revisó la pierna, vio lo hinchada que estaba, el dolor y la poca movilidad que tenía… Y Marta tenía claro que me tenía que quedar ingresado.. y yo también. Desde luego se lo pensaba pedir porque en casa lo único que estaba haciendo era sufrir, los míos y yo, porque había momentos que no sabíamos qué hacer. Solo reposo, pero así no se iba a arreglar lo de la pierna, está claro. Por tanto, tenemos que hacer frente a dos procesos en paralelo: atacar el mieloma con un tratamiento para que no siga avanzando y, por otra parte, intentar arreglar los destrozos que va dejando y que en esta ocasión le ha tocado a mi pierna izquierda, a la que seguramente habrá que aplicar algunas sesiones de radioterapia.

Me pregunta Marta por la parte izquierda de la cabeza; le digo que creo que ha mejorado bastante, por lo que todo no es malo. Teclea el informe en el ordenador, nos da una copia, hace algunas llamadas para intentar agilizar todo y nos dice que tendremos que ingresar por Urgencias pues no hay ninguna cama libre en la planta de Hematología. Nada más decirnos eso nos miramos mi Merchi y yo y ambos pensamos lo mismo: ¡»Ofú, no nos queda ná»! Marta nos dijo que lamentablemente no había otra forma de hacerlo, pero que estará pendiente los próximos días para empezar con la radio y con el tratamiento de quimio lo antes posible.

Nos dirigimos desde el Centro de Diagnóstico hasta la zona de Urgencias dando un buen rodeo por las obras que hay. Empujó la silla de ruedas Migue y él ya se fue para casa, una vez que Merchi gestionó el ingreso.

De nuevo la pulsera del SAS en mi muñeca

Accedimos pronto al triaje y a la zona de evaluación -lo mío estaba muy claro con el informe de mi hematóloga que llevábamos y que pedía una radiografía de la rodilla izquierda y el ingreso. Un rato en la sala de espera, que estaba bastante saturada. Nos llaman para verme en la consulta 7 el doctor Francisco -muy joven, como todos por allí, médicos residentes que empiezan con muchas guardias en urgencias-. El doctor ve el informe de Marta, me pregunta cómo me encuentro, le digo que estoy bastante dolorido y llama a la enfermera para que me coja una vía y me ponga un primer calmante.

Nos fuimos de nuevo a la sala de espera hasta que nos llamaran para la radiografía. No tardaron mucho, nos fuimos a la zona de Radiología. Lo pasé mal, porque me tuve que tumbar en una camilla al no mantenerme en pie. El paso de la silla de ruedas fue complicado y me dolió bastante, aunque menos mal que me ayudaron la celadora y la auxiliar, muy amables. Me hice las placas pero rabiando porque la postura sobre la camilla era de las que me hacía sentir dolores en la pierna.

De nuevo a la sala de espera y Merchi se acerca a ver al doctor Francisco para que me pongan otro calmante pues yo estaba muy dolorido. Me lo ponen, ya van dos…. y a seguir esperando…

Como siempre mi Merchi conmigo…

Y el tiempo pasa… Y yo estoy allí esperando que me den una habitación en planta o una cama en observación, lo que haya antes. Pues ni una cosa ni otra… toca seguir esperando… y ya vamos por las ocho de la tarde, cinco horas en una sala de espera con bastante gente, con pacientes y acompañantes, con gente que tose, gente de distintas edades y con distinto grado de cumplimiento de normas anti-covid… Y yo, inmunodeprimido, en medio de ese foco solo para… esperar cama..

Me vuelve a doler la pierna y me ponen un tercer calmante. En esta ocasión estaban con Francisco las hematólogas Laura y Silvia, que se acordaron de mí al igual que yo de ellas de tiempos pasados por aquí. Me preguntaron cómo estaba, me confirmaron lo que teníamos previsto, pero todo pasaba por tener cama, claro.

Más sala de espera, hasta las 23:45, más de ocho horas y media de espera para conseguir una cama, que al final no ha sido cama sino sillón. ¿Hay derecho a esto?

Menos mal que al final me llevé una alegría. Estuve tuiteando bastante sobre la situación vivida y también puse algo en Facebook, donde me vio Manoli, que me dijo que entraba como celadora esta noche, que haría por verme y se traería el libro para que se lo dedicara. Dicho y hecho. Conozco a Manoli desde el verano pasado donde estaba ella como celadora en el Servicio de rehabilitación del Hospital Macarena. Y desde entonces somos amigos…

Y aquí estoy en el sillón de la sala de sillones -que por cierto no está llena-, como si estuviera en el sillón de mi casa. ¿Tiene sentido esto? ¿Esto es como una rampa de salida en la que hay que estar para pillar cama el día siguiente? Que alguien me lo explique, por favor.

.Algunas reflexiones y preguntas para terminar.

  • He estado ingresado tres veces en el Hospital Virgen del Rocío de Sevilla accediendo desde Urgencias y las tres veces me han ocurrido situaciones similares a lo que me ha ocurrido hoy.
  • He estado dos veces ingresado en el Hospital de Salamanca accediendo desde Urgencias y en ninguna me ha pasado nada parecido a lo de hoy.
  • Dicen que las comparaciones son odiosas. Por algo será… Son situaciones que no me las ha contado nadie, las hemos vivido en primera persona del plural (mi mujer y yo) .
  • Apoyo absoluto a mis hematólogas y al personal médico y sanitario que estoy seguro que lo sufren tanto como nosotros e igualmente se indignan.
  • Estoy seguro de que se trata de problemas organizativos y de coordinación y además creo que no es difícil solucionarlos. Solo hay que tener intención de hacerlo bien para optimizar recursos.
  • ¿De verdad tiene sentido que yo haya pasado ocho horas y media en una sala de espera compartida como está la cosa ahora para esperar una cama que aún no tengo? ¿Merece la pena asumir este riesgo estando yo inmunodeprimido? ¿No hubiera sido mejor que me hubieran mandado a casa con la medicación y los calmantes puestos y que volviera cuando estuviera la cama? ¿Nadie piensa es? Pensar es gratis…
  • Hora de finalización del post: 6:30, aunque no escrito de forma continua.