Mi examen de septiembre

Empezaba la mañana de hoy con este tuit, un día importante con el que empezamos este mes de septiembre que se presenta un poco complicado, tanto desde el punto de vista personal con el tratamiento que me espera por delante si todo va bien -que esperemos que sí-, como desde el punto de vista general con esta pandemia que seguimos teniendo encima y que continúa siendo muy preocupante.

Pero me voy a centrar en lo que me ha tocado vivir hoy. Tenía cita en el hospital de Salamanca a las diez de la mañana para hacerme una resonancia magnética craneal, que será la que certifique si las sesiones de radioterapia han hecho su función, han conseguido disminuir el plasmocitoma que tengo en la base del cráneo y esto nos permitiría seguir adelante para hacer la infusión de las células CAR-T tal y como tenemos previsto hacer para llegar al #yomecuro.

Tengo que reconocer que llevo varios días preocupado por dicha prueba, porque me la hice hace un mes y sé lo desagradable que es y además en esta ocasión se une el problema que tengo en la pierna izquierda, con ese fuerte dolor constante que me está haciendo pasar malos momentos.

Nos recoge a mi Merchi y a mí nuestro chófer Antonio, que más que nuestro chófer es nuestro amigo. Desde ayer estaba Antonio preocupado por buscar el mejor coche para recogernos para que yo sufriera lo menos posible para subirme al coche. Entre Antonio y Migue me ayudaron y lo hicieron estupendamente. ¡Qué suerte tengo, de verdad!

Una vez en el hospital nos fuimos para la zona de Radiología, esperamos un rato, los nervios iban y venían, aunque más bien se quedaban, y finalmente entré para hacerme la prueba.

Me recibieron unas auxiliares, un celador joven -único representante masculino-, las técnicas que manejan la máquina y María, que era la enfermera. Me pinchó para ponerme una vía en el brazo izquierdo, pues la resonancia era con contraste. Nos quedamos Merchi y servidor en una sala anexa mientras salía la anterior paciente, que tardó bastante en salir y tuvo que tener algún problema porque salió con no muy buena cara y diciendo que esa máquina la había inventado Torquemada, sí, el inquisidor famoso por sus torturas. Desde luego que sí, porque vaya mal rato que se pasa….

Me ayudan todas a pasarme de la, silla de ruedas a la mesa de la máquina de la resonancia, que previamente habían extraído de sus anclajes para bajala lo máximo posible y facilitarme la labor. La pierna me dolía mucho y había que intentar moverla lo menos posible y lo conseguimos gracias al cuidado que tuvieron estas magníficas profesionales.

Empujan la camilla hacia la máquina y empieza el suplicio: mascarilla, careta de plástico, presión en los laterales de la cara con sendas almohadillas, tapones en los oídos y parte superior de la máquina pegada a mi nariz. Para bajarse y salir corriendo…. Para eso estaba yo precisamente que no podía dar un paso… Y encima con el dolor fuerte y constante de la pierna izquierda. No sé si iba a ser capaz de aguantar, pero lo iba a intentar con todas mis fuerzas, eso seguro. ..

Empiezo a rezar, a acordarme de mis padres, de mi mujer, de mis hijas, de toda mi familia, de mis amigos, de toda la gente que está empujando para que esto salga bien…. Canto para mí…. intento meterle letra a ese ruido tan infernal que sale de esa máquina, siempre con los ojos cerrados, pienso en lo que voy a escribir en este post…. El tiempo pasa, lento pero pasa. Esta vez duró casi una hora, pero a mí me pareció hasta más tiempo, la verdad. Y lo conseguí, de verdad que todavía no sé cómo pude conseguirlo, pero son muchas las manos que me ayudaron. Las mismas técnicas y auxiliares me reconocieron igual que la otra vez que bastante gente detiene la prueba con la perilla de socorro que te dan para pulsar y se bajan de la máquina. A ver si de una vez por todas se consigue mejorar las condiciones para que esta prueba no sea tan desagradable. Para esto hace falta seguir investigando e innovando…

Cuando terminé, entre todas volvieron a pasarme a la silla con la misma delicadeza, les agradecí el trato recibido y me preguntaron por el tema de mi libro. Les expliqué el contenido y la intención solidaria del mismo. Y esta tarde compruebo que María, la enfermera que conocí hoy, tuitea esto:

Muy emocionado al leer esto, la verdad. Es una alegría encontrarse con personas y profesionales de esta calidad. Con más gente así el mundo estaría mucho mejor, no me cabe duda.

Nos recogió de nuevo Antonio, que vino con Migue y nos fuimos al apartamento. Desde que llegamos estoy de descanso y de reposo, porque con tanto movimiento hoy me ha dolido bastante la pierna.

Y así seguiré los próximos días. Sin moverme y confinado, esperando los resultados que me digan mis hematólogas y dispuesto a seguir con todo el ánimo y las fuerzas posibles. Y encima nos hemos enterado que Salamanca entra a partir de esta próxima medianoche con medidas de la fase 1. Pues aquí estaremos, con fe y esperanza…