De nuevo #yomecuroOnTour…

Ayer fue 7 de julio… San Fermín. Y es que esto de «San Fermín» sale solo cuando uno dice «7 de julio»… y además canturreando. Pero ha sido un San Fermín distinto, que se lo digan a los pamplonicas que no han podido disfrutar de su fiesta y de sus encierros como hacen todos los años. Lo mismo que ha pasado con todas las ferias y fiestas del país. Pero seguro que llegarán tiempos mejores y volveremos a esa normaidad tan necesitada una vez superemos la pandemia que, no olvidemos, sigue estando entre nosotros.

A mi Merchi y a mí nos tocó ayer viajar otra vez, un nuevo #yomecuroOnTour –hashtag creado por mi sobrino Migue cuando empezamos con esta historia-. Junto a nuestro chófer Jesús salimos de Sevilla a las 7:30 de la mañana en drección a Salamanca pues, tras la última visita de la semana pasada, me habían citado para hacerme una resonancia magnética craneal. Debía acudir en ayunas, por lo que cuando paramos en el viaje para desayunar mientras Merchi y Jesús tomaban algo, yo le dediqué y firmé el libro a Jesús, que también es mecenas del mismo.

Llegamos al Hospital de Salamanca un poco antes de las 12, que era la hora a la que yo tenía la cita, pero había quedado en la puerta con Inés e Irene, que me habían pedido un libro y aprovechamos el momento para dárselo, saludarlas y hacernos una fotito. Ellas son voluntarias de la Asociación ASCOL, una de las asociaciones que también se beneficiarán de lo recaudado por mi libro y de la que también me haré socio, pues trabajan muy bien y toda ayuda es poca. Encantadoras Inés e Irene. Desde estas líneas quiero agradecerles su apoyo y estoy seguro que seguiremos en contacto.

Y llega el momento de la resonancia… Os puedo asegurar que lo pasé mal. Yo ya me he hecho pruebas de todo tipo, sobre todo en estos últimos dos años y medio que llevo liado con la enfermedad, pero creo que en esta prueba ha sido donde peor lo he pasado o, al menos, empatada con la resonancia de espalda que me hice de urgencias en el Hospital Virgen del Rocío cuando tenía el dolor fuerte de espalda y tuve que aguantar tumbado en esa mesa-camilla casi una hora con un dolor muy fuerte.

El problema de la resonancia craneal es la sensación de agobio porque, además de ponerte una careta de plástico como la de los jugadores de fútbol americano, además de tener el tubo estrecho pegado a la cara, además de tener la cara aprisionada por los laterales… además hay que ponerse mascarilla por el protocolo actual. Yo llevaba una de tela, me prepararon y les dije que me soltaran, que me tenía que concentrar. Un poquito de respirar, me cambio la mascarilla por una quirúrgica que me dieron, me presigno, vuelvo a respirar varias veces y les digo que adelante… Me dan en la mano izquierda la «perilla del SOS», para pulsarla por si me siento demasiado agobiado y hay que parar. Pero yo me repito a mí mismo varias veces que no apretaré esa perilla, aunque os aseguro que ganas te entran muchas veces. Tenía que aguantar unos 45 minutos. Cierro los ojos, rezo, me acuerdo de mis padres, de mi mujer, de mis hijas, de mis hermanas, de toda mi gente… sigo rezando, sigo con los ojos cerrados y eso sigue pitando… Y así 45 minutos que me parecieron 180 al menos. Pero lo conseguí, me porté como un campeón. Espero que en un futuro las investigaciones nos lleven a que se puedan mejorar las condiciones para hacerse este tipo de pruebas porque yo estoy seguro que de esa mesa-camilla se baja mucha gente sin hacérsela. Quiero agradecer el apoyo y el trato de las profesionales que me atendieron antes, durante y después de la prueba pues gracias a ellas lo conseguimos.

Una vez terminada la prueba, desayunamos algo -yo estaba en ayunas y me dijeron que debía beber mucha agua- y me llamaron al móvil para decirme que acudiera a la consulta de la neuróloga, pues quería comentar conmigo los resultados de la resonancia y hacerme una exploración para comprobar si había habido cambios tras la exploración que me hizo la semana pasada.

Esperamos un poquito y nos atiende la doctora Alañá, todo un encanto y derroche de profesionalidad. Nos explica lo que hay: un plasmocitoma en la cabeza -esto ya se sabía pues tengo un bulto considerable- y otro en la parte izquierda de la cara que me afecta al oído, de ahí los dolores que tengo en esa zoa desde hace varias semanas. Pero lo importante es que la resonancia demuestra que no ha afectado al sistema nervioso y, por tanto, podemos seguir adelante con el tratamiento previsto con las CAR-T.

Evidentemente no son las mejores noticias, pero tampoco son las peores. Nosotros vamos a seguir, claro que sí… y lo vamos a conseguir. Ahora tengo que estar un par de semanas sin medicación para empezar a partir del 20 de julio con las pruebas previas, el ingreso en el hospital y la infusión de las células CAR-T en mi cuerpo. Mientras llega ese momento vamos a intentar recargar las pilas y esperemos que pueda soportar el dolor de oído…

La primera vez que escuché eso de plasmocitoma fue cuando me detectaron la enfermedad, allá por finales de 2017… y es que tenía un plasmocitoma en el húmero derecho… y así empezó todo. Ya llevamos mucho recorrido y mucho pasado, pero seguiremos luchando porque #SomosImparables y estoy seguro que #yomecuro…

Salimos del Hospital algo después de las tres de la tarde, paramos a comer algo en el Hostal Asturias de Jarilla, donde habitualmente paramos para comernos unos huevos fritos con chorizo -ayer también-, y donde tan bien nos atienden Paola y el resto del personal. Y antes de las ocho estábamos en casa, reventados, pero contentos por el trato recibido y porque seguimos adelante…

#SeguimosJuanma