Crónicas hospitalarias (VIII): un respiro necesario

Viernes, 8 de febrero. 4:15 de la madrugada. Insomnio, como tantas y tantas noches. Una más. Empiezo a escribir este post desde el móvil para no molestar a mi Merchi, que está descansando un ratito porque tampoco estaba pasando una buena noche.

Ayer me pusieron un nuevo chute de quimio por vía intravenosa. Según me comentó la doctora Montero, sólo me han quitado un fármaco con respecto a los que me pusieron la última vez, pues puede producir más problemas gastrointestinales que beneficios. Recordemos que de todas formas se trata de un tratamiento cañero de poliquimioterapia, por lo que sus cosillas tendrá el que esa leña entre en mi cuerpo serrano. Yo lo que pido es que se cargue lo que se tenga que cargar y que me haga los menores estropicios posibles, aunque ya se sabe que en muchos casos los efectos secundarios son inevitables.

Ayer le rogué a la doctora que me dejara salir de aquí. Os aseguro que lo necesito. Tengo que ver algo que sea distinto a esta pared morada que llevo viendo tantos días seguidos y encima sin bajarme de la cama, salvo cuando hago los ejercicios con Eva, mi magnífica fisioterapeuta. Es lo que tiene estar encerrado en una habitación de aislamiento.

Es una petición ya a la desesperada. Hoy cumplo 70 días ingresado, que son muchos y donde algunos han sido mejores que otros, evidentemente. Necesito estar aunque sea un par de días en casa, necesito respirar fuera de aquí, necesito abrazar a mi gente, necesito ver la calle, con todas las precauciones posibles: mi corsé puesto, irme a casa en un taxi montado en sillita de ruedas. No me quedan ganas de repetir la experiencia de la ambulancia que tan mal salió la vez anterior…

Yo afortunadamente me encuentro de momento muy bien y la doctora me dijo que veríamos cómo me sentaba esta quimio, cómo estaba la analítica de hoy y si la cosa iba bien podría irme un par de días a casa. No me quiero hacer ilusiones porque si finalmente no me puedo ir el palo será gordo, pero tengo confianza en que sí pueda ser porque estoy seguro que me va a venir muy bien.

Estoy deseando que amanezca, que empiece por aquí un poco el movimiento, que venga Susi a hacer la limpieza de la habitación, que echemos nuestro ratito de charla. Es curioso, mi mujer y yo casi conocemos su vida, a su pareja, a sus cuatro hijos, que se casa el 4 de mayo y ni se acordó que ese día empezaba la Feria de Sevilla y encima era el fin de semana de las motos en Jerez, donde ellos van todos los años pues tienen un negocio de monos de motos. Qué crack es Susi. Es limpiadora, pero tiene una clase, un saber estar y un darte ese ratito de conversación que hace que te comas media horita del día con cosas agradables, como que te enseñe fotos de sus hijas vestidas de flamenca guapísimas y preparadas por su Richard. La calidad humana de las personas que uno se encuentra por aquí está muy por encima de la media de lo que uno se puede encontrar en cualquier otro sitio, os lo aseguro.

¿Y qué os puedo decir de mi Carmen? Carmen Amuedo, de profesión auxiliar de enfermería y creo que se rompió el molde después de nacer ella. No se puede ser más buena persona. Le queda casi un año para jubilarse y creo que no tiene la autoestima demasiado alta. Yo la quiero mucho porque desde el primer momento me ha demostrado su profesionalidad, su cariño y su cercanía.

Pero claro, ¿qué os digo de Alicia? ¿Y de Fani? ¿Y de Loli? ¿Y de Mari Carmen? Si es que son todas… A ver si me encuentro una rancia y os digo quién es, porque hasta ahora no la he encontrado. Y eso que el trabajo que tienen que realizar no es precisamente agradable, pero cuando se tiene vocación y se entiende que el buen trato al paciente es lo primero pasa lo que pasa, que tienen a uno mlmaíto y hace que la estancia sea más agradable de lo que en un principio es.

Harto de desayunar siempre lo mismo. Colacao o manzanilla con un pan sin sal y sin tostar con mantequilla. Pero como te lo trae la simpática de Carla, una trebujenera con mucho arte, parece que hasta me sienta mejor y todo. Aquí parece que está uno todo el día comiendo y la verdad es que en general la comida está buena, unas veces mejor que otras, pero sigo pensando que ponen demasiado de comer, sobretodo para gente que casi no nos movemos ni gastamos energía. Yo estoy casi todo el día sin hambre y me limito a comer lo mínimo en cada comida.

¿Y las enfermeras? Qué buenas son todas las que me atienden, sobre todo en el trato, que es lo que más valoro, aparte de la profesionalidad que demuestran en el día a día. Esperanza, Pilar, Sonia, Sara… ¡qué buenas sois y qué os agradezco vuestra cercanía!

El tema médicos es el que más descolocado me tiene, sobre todo porque creo que no estoy suficientemente informado. Lo que me descoloca mucho es que cada vez viene a verme un médico distinto. He perdido la cuenta del número de ellos que me han visto desde que estoy por aquí a principios de diciembre. Entiendo que será su forma de trabajo, en equipo, pero yo no siento esa coordinación que haga que yo como paciente me sienta completamente informado de los tratamientos que me van a poner, las pruebas que me van a hacer, etc.

Desde que estoy en aislamiento empezó a llevarme Javier. Venía todos los días a verme pero hace más de una semana que no lo veo. Después vino un día el doctor González, pero tampoco vino más. Y parece que quien se ha quedado de titular es la doctora Isabel Montero, al menos es la que últimamente me está viendo a diario. Me gusta esta doctora porque me explica cada día lo que me van a hacer, aunque tengo pendiente con ella una conversación algo más concreta para que me comente la idea que tiene sobre los próximos tratamientos a seguir. Pero hoy me conformaré con que me dé ese permiso para irme a casa un par de días. ¿Podrá ser? Espero que sí. Después os lo cuento…

#yomecuro #SeguimosJuanma

Y para terminar, como hoy me siento bastante optimista y contento, me ha dado por poner en Twitter esto. ¿Tendremos éxito de convocatoria y podremos hacer algo? A mí desde luego me encantaría, porque somos muchos los que estamos liados con el #yomecuro y muchísimos más los que están apoyando. Al menos nos merecemos conocernos y compartir una cervecita, aunque sea SIN.