Primeros días en casa

Han pasado varios días desde aquel 14 de febrero que me dieron el alta tras tantos días de ingreso en el hospital y que os conté en la última de las crónicas hospitalarias. Y es mucha la gente que me ha preguntado el porqué no publicaba nada más en este blog. No he publicado nada hasta ahora porque tampoco se trata de escribir por escribir, sino hacerlo cuando haya algo que contar y creo que ahora sí puede ser un buen momento, o al menos a mí me lo parece.

Está claro que eso que se dice de que como en casa de uno no se está en ningún sitio es cierto. Y cuando has estado tanto tiempo fuera y encima ingresado lo aprecias aún más. Aunque yo lo echaba a pelear a tomar unas cervecitas en una terracita en estos mediodías de solito que vienen ahora. Pero esto ya llegará…

Lo mejor de estar en casa es estar con mi familia. ¡Vaya cómo se están portando mi mujer y mis hijas! Debido a estar encamado por mi inmovilidad dependo totalmente de ellas y no me descuidan ni un solo momento. Tengo que agradecer también la ayuda de mis hermanas y de mi Migue que también están cada vez que lo necesito.

Estoy deseando adquirir movilidad en las piernas. Es mi próximo objetivo porque salir de la cama es muy importante para mí. Los músculos de las piernas hay que activarlos porque ahora mismo están dormidos. No tengo fuerza ninguna. En el hospital venía Eva, una fisio, que me ayudaba con los ejercicios de rehabilitación y en teoría en casa tendría que venir un fisio enviado por el centro de salud, aunque por lo visto tarda un tiempo en que lo manden, pero yo cuando lo necesito es ahora. Por eso hemos contratado a un fisioterapeuta que viene varios días a la semana para hacer ejercicios e intentar levantarme de la cama. En esas estamos…

Esta semana he ido un par de veces al hospital de día, según me programaron cuando me dieron el alta. Analítica, limpieza del Pic-cateter, chutes de Bortezomid y consulta con la hematóloga. Ida y vuelta en ambulancia sentado en mi sillita y sin problema alguno. Sigo tomando un montón de pastillas y con un parche de morfina puesto, aunque ya sólo de 25, porque afortunadamente el dolor ha desaparecido de momento por completo.

El jueves 21 tuve cita con Lola, la hematóloga que por lo visto me llevará a partir de ahora y me dijo que era una visita de seguimiento tras el alta porque no había ningún resultado nuevo que comunicar, pues se seguía a la espera de resultados de analíticas y demás. Este día era el cumpleaños de mi padre, hubiera cumplido 83 años. Y curioso: me da cita para la próxima visita para el 14 de marzo, día de pi, pero que para mí desde el año pasado es el día de «la chica del ok», pues fue cuando mi madre nos dejó. Cómo dice mi hermana Chari esto no son casualidades, esto es que ellos están ahí a mi lado empujando también para el #yomecuro.

Y lo mismo que están ellos, está tanta gente de mi familia, de mis amigos, de mis compañeros, de mi gente que conozco de las redes, de los que acabo de conocer a raíz de toda esta historia, de los que no conozco de nada pero se dirigen a mí con tanto cariño y me mandan tantos buenos mensajes y ánimos.

¿Y qué os puedo decir de los detalles y sorpresas que estoy recibiendo? Que estoy totalmente abrumado. Sois muy generosos conmigo y os puedo asegurar que cualquier detalle de éstos me llega al alma y me ayuda a seguir adelante. En posts anteriores ya os dejé muestras de algunos de estos detalles y ahora os dejo algunos más.

Soy aficionado desde hace muchos años al carnaval de Cádiz. Me gusta escuchar coplas, sobre todo de chirigotas y comparsas. Este año estoy viendo el concurso del Falla prácticamente al completo y hasta el momento tengo una sensación agridulce, pues no termina de convencerme lo que estoy viendo, aunque reconozco que hay cosas buenas. Pero lo que yo os quería contar relacionado con el carnaval es que mi primo Adrián es un carnavalero de pro, de los que toca la guitarra y canta en agrupaciones. Y coge el tío y me manda este pito de carnaval personalizado con el #yomecuro y el #SeguimosJuanma. No se puede ser más crack. Como comprenderéis… lagrimones. ¡Mil gracias, Adrián!

Modestia aparte, me da la impresión que no hay evento educativo que se organice en el que no se acuerden de mí, o al menos esa es mi impresión por todo lo que recibo a través de Twitter y las redes sociales. Uno de los últimos ha sido este evento organizado en Mérida por el amigo Pedro Márquez con el apoyo de nuestra comunidad GEG España, en el que se exponen experiencias de integración de la tecnología en el aula, fundamentalmente con ayuda de GSuite para Educación. Y lo de que la solución del Breakout Edu con el que se inauguró el evento fuera la palabra #yomecuro es otro grandísimo detalle.

Pulsa en este enlace para ver el vídeo.

Me he visto en muchas pantallas de proyección con mensajes de cariño y ánimo. Tengo guardadas todas las fotos y vídeos que me han mandado y os prometo que también lo publicaré todo por aquí.

Una de las últimas ha sido en esta formación impartida por mi compañera Natalia del IES Chaves Nogales al profesorado que ha aprobado la última oposición. Muchas gracias, Natalia, me consta todo el trabajo que estás haciendo para seguir visibilizando todo lo que hacemos en nuestro centro, llevando adelante también el programa Escuelas mentoras y el Prodig, con ayuda de otros compis como Paqui, Nacho, Juanma y tantos otros y otras.

El pasado domingo 17 se celebró la maratón de Sevilla. Me consta que muchos amigos la corrieron con su pulsera puesta y me dedicaron su llegada a meta, lo cual a mí me parece toda una hazaña. Se lo agradezco mucho a todos, pero me váis a permitir que me centre en 3 personas: por una parte, mi amigo Javier que ha publicado esto en Facebook:

Y por otra parte mis grandes amigos Casti y Castro que, aunque ya corrieron y terminaron el maratón de Valencia en diciembre, han vuelto a correr y terminar sólo dos meses después un nuevo maratón, esta vez el de Sevilla. Y entran en meta así. ¡Qué grandes sois, amigos!

Aquí seguimos… con vuestro apoyo que no me falta en ningún momento y que os vuelvo a agradecer una vez más. Jamás me cansaré, aunque me ponga muy pesado. Con la incertidumbre de lo que deparará el futuro próximo, de si el tratamiento está haciendo su efecto o no, de si nos estamos cargando esas células malas o no, de sí tardaré mucho de bajarme de la cama o no… En fin, nadie dijo que esto iba a ser fácil, pero yo pienso seguir con la misma actitud, aunque os aseguro que se pasan días muy duros, pero hay que superarlos porque hay que continuar para conseguir el #yomecuro y, como siempre, tú a mi lado empujando y apoyando… #SeguimosJuanma.

Crónicas hospitalarias (X): Alta

Jueves, 14 de febrero, día de San Valentín, día en el que muchas parejas celebrarán que están enamorados y enamoradas, en el que se verán muchas rosas y regalitos y en el que yo no creo mucho. Lo que sí creo de verdad es que quiero con locura a mi Merchi y para decírselo a los cuatro vientos no necesito que sea un día señalado como el de hoy. Mejor hacerlo día a día y con hechos, más que con regalitos. Y más aún en esta situación tan especial que nos está tocando vivir y qué tan a prueba nos está poniendo. Por eso tengo que quererla con locura, por su apoyo incondicional, por su siempre estar ahí, por no tener una mala cara en ningún momento, por hacer de enfermera, de auxiliar, de acompañante, todo a la vez, por llevarse de manera tan extraordinaria con todas las profesionales sanitarias que me han atendido durante todo este tiempo de ingreso… ¿Cómo no voy a quererte, Merchi? Si eres lo mejor que me ha pasado en esta vida y Dios quiera que podamos compartir muchos momentos más para que de alguna forma pueda devolverte todo lo que estás haciendo por mí en este proceso para el #yomecuro que vamos a conseguir juntos.

Con la mejor

Me gustaría también felicitar al amigo Valentín García, que hoy celebra su santo, que es padre y guía de nuestro #yomecuro que tantos seguimos y que el otro día disfrutó tanto en el premio de la Comunicación tan merecido que le entregaron los de la Asociación de la Prensa de Sevilla.

Según me comentó ayer Marta, la doctora, parece que hoy me darán el alta y me iré para casa. Tras dos meses y medio seguidos de ingreso, con el único permiso de este fin de semana pasado en el que pude ir a casa y tan bien me vino, parece que pondremos fin a este ingreso tan prolongado en el tiempo y en el que ha habido de todo, días mejores y peores. Ahora mi máxima preocupación es poder seguir en casa con normalidad con el tratamiento que estoy siguiendo. Me cambiarán la medicación a vía oral y haré las visitas que sean necesarias para los pinchazos de Bortezomid al Hospital de Día según me paute la doctora. Y lo que vaya tocando… Habrá que enterarse de todo bien y llevárselo bien planificado.

El tratamiento de momento no me está sentando mal en cuanto a efectos secundarios, lo que sí considero una prioridad es seguir con los ejercicios de rehabilitación para ganar movilidad en las piernas y poder ponerme de pie lo antes posible, ya que eso sería un avance muy importante y una carga mucho menor para mi gente, por lo que será algo que no descuidaremos. Lo trataremos hoy con la enfermera de enlace para ver cómo lo gestionamos, lo mismo que los traslados al hospital, que intentaremos que, mientras que no tenga movilidad, sea con ambulancias en las que yo pueda ir sentado en mi sillita de ruedas, nada de tumbado en una camilla tras la mala experiencia de la otra vez.

Tengo que agradecerle a mucha gente la atención, el trato y el cariño que me han demostrado durante todo este tiempo de ingreso. Ya he comentado muchos detalles en mis entregas anteriores de estas crónicas hospitalarias, pero quiero insistir en ésta, que por el momento considero que será última crónica durante un tiempo, porque lo considero de justicia.

Cada persona es evidente que tiene su forma de ser y su carácter, pero si te dedicas a esto de la sanidad y el trato con personas se supone que algo de vocación tienes, pero lo que ocurre en esta planta de Hematología del Hospital Universitario Virgen del Rocío es algo espectacular. Salgo de aquí con una gran cantidad de amigos y amigas nuevos, que no sólo son amigos de Facebook, que también, sino de los de quedar un día para tomarnos una cervecita (yo SIN). ¿Verdad, Carla, Jesús, Reyes, Susi, Reme, Rafaela, Fani, Carmen, Ali, Loli, Mari Carmen, Mercedes, María José, Charo, Esperanza, Inés, Jordi, Pilar, Paco, Aurora, Geles, María, Vero, Sara, Eva, González, Falantes, Eduardo, Juan Luis, Javier, Lola, Marta, Isabel…? Gente que te trae la comida, limpiadoras, celador@s, auxiliares, enfermer@s, fisioterapeuta, medic@s…. del primero al último, de la primera a la última, todos espectaculares. Mil gracias por todo. Aquí tenéis un amigo para siempre y tened seguro que nos seguiremos viendo, pero no sólo por el hospital, que también porque tengo que seguir para el #yomecuro, pero también nos veremos fuera, seguro. ¡Ah, y el día ese que organicemos seguramente en marzo para una cervecita de la gente del #yomecuro os espero a tod@s!

Durante este último mes hemos estado mi mujer y yo en una habitación de aislamiento los dos solos, con sustituciones que le hacía algunos días mi tío Fernando para ella poder ir a casa a darle una vuelta. Agradecimiento especial también para mí tío Fernando que siempre ha estado y sigue estando dispuesto para lo que necesitáramos. En este tiempo hemos hablado todo lo que teníamos que hablar y más aún, porque como ya os he comentado en más de una ocasión las horas aquí valen por tres, pero lo hemos llevado lo mejor posible.

La primera parte del ingreso sí he estado en habitación compartida, tanto en la tercera planta en un par de ocasiones por no haber cama en mi planta, como ya posteriormente en la habitación 123 de la planta de Hematología. Y está claro que también se establecen relaciones con las personas con las que compartes habitación y sus correspondientes familiares. Podemos decir que con todos ellos mantenemos algún tipo de contacto, aunque sea vía llamadas telefónicas o WhatsApp, porque nos vamos preguntando cómo vamos. ¿Verdad, Emilio, Mari, Eli, Miguel, Inma, Fidel, Juan, Chari, José Manuel, Pepi…? ¡Qué pena me dio enterarme de los fallecimientos de Pepe y de Fernando! Estaban muy malitos, pero no me esperaba que nos dejarán tan pronto. Lo sentí mucho, la verdad.

Pero tenemos que seguir, con la misma actitud positiva para conseguir el #yomecuro. Afortunadamente en la actualidad la gente que se cura del cáncer es más de la que no se cura. Yo sé que en mi caso el mieloma múltiple en la actualidad es incurable, pero existen muchos tratamientos distintos que se pueden hacer para que la esperanza de vida sea larga. Y en esas estamos… yo pienso hacer todo lo que me digan los médicos porque quiero seguir viviendo. De esto sí que no me cabe duda.

Y para terminar me gustaría agradecerte tu acompañamiento, tu apoyo, tus mensajes de ánimos, tus ofrecimientos de ayuda… Ya seas de mi familia, amig@, compañer@, conocid@, amig@ virtual de las redes, totalmente desconocid@…. te puedo asegurar que me siento muy acompañado y querido, por lo que cada vez tengo más claro que no vamos a fallar, porque con el empuje de tanta gente es imposible. Os quiero mucho.

Y también seguiremos con la «Operación pulseras» porque me parece muy importante seguir apoyando y aportando todo lo que podamos para que se siga investigando y conseguir nuevos tratamientos para que los porcentajes de curación sigan aumentando. Todo lo recaudado seguirá yendo a la Fundación Josep Carreras contra la leucemia y otras enfermedades de la sangre, en concreto para el proyecto de «la Fábrica de células imparables«.

Y sigue mandándome las fotitos con la pulsera puesta para seguir con el álbum digital que estamos completando entre todos y que tan chulo está quedando.

Y recuerda que si tienes buena salud y una edad comprendida entre los 18 y 40 años hazte donante de médula. Puedes salvar una vida.

Despedimos estas crónicas hospitalarias por un tiempo con este vídeo de mi Merchi y mío. Muchas gracias por todo. Os queremos.

#yomecuro #SeguimosJuanma

Crónicas hospitalarias (IX): experiencias vitales

Martes, 12 de febrero. Vuelvo a empezar a escribir este post de madrugada porque sigo con insomnio y duermo más bien poco, por lo que escribir unas líneas por aquí es una buena opción para pasar parte de la noche.

Finalmente conseguí irme de fin de semana con permiso a casa, desde la tarde del viernes hasta la primera hora del lunes. ¡Y qué bien me ha sentado! Ya era una necesidad, como os comentaba en el post anterior. Demasiados días seguidos ingresado en el mismo sitio, con aislamiento, sin movilidad… Eso sí, siempre acompañado por mi Merchi.

Lo que si teníamos claro es que el traslado a casa lo haríamos de la forma más segura posible, para no repetir la mala experiencia que tuvimos con el traslado que hicimos en ambulancia y que me obligó a volver con fuertes dolores al hospital. Así que esta vez mi corsé puesto para sujetar bien la espalda, sentado en mi silla de ruedas y llamamos a un taxi de minusválidos donde entro directamente montado en la silla. Todo perfecto.

Llegamos a casa sobre las 6 de la tarde y nada más parar el taxi junto a la Bodega cofrade ya estaban mis amigos Paco y Carri para echar una mano y ayudar para subirme a casa. Sin que nadie los llamara ni les dijera nada, pero cuando uno tiene la suerte de tener amigos y vecinos como éstos pasan estas cosas…. «Juanma, que lo que te haga falta»; «Merchi, a la hora que sea, lo que necesites». Frases como éstas no las hemos escuchado pocas veces… y encima como uno está convencido que las dicen de corazón y encima lo cumplen, los lagrimones que se me caen son de un diámetro considerable porque me siento muy querido por mucha gente y esto hace que me emocione mucho.

Entro en el salón de casa y veo allí una cama articulada como la del hospital que me han traído desde Sanlúcar mis amigos Francesco y Mari, que habían usado antes los abuelos Pasquale y Pepe. Me lo ofrecieron desde el minuto uno y allí estaba. No se puede tener más clase ni ser mejores amigos…. y encima hacen las mejores pizzas de Sanlúcar. Otro motivo de lagrimeo…

Está claro que mi mayor problema era la movilidad, porque dolor no tenía, tampoco tenía mala reacción de la quimio que me puse esa misma mañana, pero sí tenía que decidir si me iba a quedar sentado en la silla de ruedas, o me sentaría en el butacón que era de mi madre o me acostaría en la cama. Estuve un ratito sentado en la silla de ruedas hablando con mis hijas, que ya tenía muchas ganas. Después vinieron mi hermana Chari y mi sobrino Migue y ya estando él no había problema alguno porque con su fuerza me podía manejar perfectamente y, de hecho, fue quien me pasó del carrito a la cama.

¡Qué alegría de ver las paredes de mi casa! ¡Qué alegría de poder hablar con mis hijas, con mi mujer, con mi hermana, con mi Migue…! Hablamos todos los días por teléfono o por WhatsApp estando en el hospital, pero no es lo mismo. Es difícil explicarlo, pero cuando algo se convierte en una necesidad, prácticamente hay que intentar conseguirlo para ponerte contento. Y yo estaba contento, muy contento, aunque decían que no se me notaba porque a la vez me encontraba raro, como desubicado.

Esa noche del viernes dormí estupendamente, como hacía muchos días que no hacía.

El sábado por la mañana se presentó en casa mi hermana Auxi con churros. ¡Qué buenos, por Dios! Después se fue porque tenía que hacer de cicerone con compañeros galeses de su empresa, pero ya vendría el domingo para almorzar.

Durante todo el finde las únicas visitas que he tenido han sido las de la familia cercana, tanto de la mía como de la de mi mujer, lo cual agradezco mucho. No faltó nadie. Mis sobrinos tenían muchas ganas de verme y la verdad es que pudimos compartir unos buenos ratitos. Yo también tenía muchas ganas de estar un ratito con ellos. También vimos el mal partido del Betis, que perdió 3-0 con el Leganés y el agónico empate del Sevilla en otro mal partido.

No quise salir a la calle porque, a pesar de que han hecho buenos días, no quería arriesgar no me fuera a resfriar y no merecía la pena, porque mientras me estoy poniendo el tratamiento las defensas bajan. A pesar de todo no me ha faltado de nada. Ya le había dicho a mi mujer que tenía que comer papas fritas con huevo. Me las hizo el sábado a mediodía, pero tuve mala suerte porque me dio una reacción de la quimio y me quedé sin paladar… Y los huevos fritos no me sabían a nada. ¡Qué coraje me dio! El amigo Carri me trajo de su bar mis tapitas preferidas: atún y jamón. Esto sí que cayó el viernes de cena.

La verdad es que me han mimado mucho, más de la cuenta, diría yo. Mi mujer y mi Patri haciendo de cuidadoras y auxiliares de enfermería, lavándome, cambiándome…. Para esto hay que valer, porque de agradable no tiene nada. ¡Qué suerte tengo, por Dios!

Debido a llevar más de un mes sin poder moverme de la cama es evidente que el aseo personal y el cambio de pañales me lo hacen las auxiliares en el hospital. Y mi mujer siempre está ahí para ayudar a la que le toque. Gracias a la cercanía y el cariño que te demuestran hace que rápidamente te acostumbres a la situación y se olviden las vergüenzas y demás. Se trata de necesidades, que por supuesto fácil no es, pero es lo que hay… Uno ya se entrega.

El domingo llamamos para reservar el taxi para las 7:30 de la mañana del lunes con idea de estar temprano en el hospital, pero se planteaba un problema porque a las 7 había que pasarme de la cama al carrito. Y mi mujer con mis hijas no iban a poder, pero ahí estaba el amigo Carri que se ofreció y fue quien lo hizo. De verdad que me siento muy afortunado de tener amigos como los que tengo.

Un poco después de las 8 de la mañana ya estábamos de nuevo en la misma habitación de aislamiento en la que estábamos antes, pero ya sin el protocolo de aislamiento activado porque ya no lo necesito. Viene Xavi, enfermero que veo por primera vez, me hace analítica y me pone la medicación correspondiente. Xavi es catalán y bético, colabora con la Operación pulseras y pasamos un buen día con él porque hablamos sobre un montón de cosas e incluso nos reímos. Y de auxiliar, mi Ali.

Viene Eva, la fisio, para hacer los ejercicios y la verdad es que el avance es sorprendente. Hacemos unas buenas tandas, consigo mantenerme varios segundos en pie, muchos más que antes, y la verdad es que acabamos muy contentos. Eva asegura que si seguimos así durante toda la semana es muy probable que pronto pueda mantenerme en pie, lo cual sería un avance muy importante para poder irme a casa con muchas más garantías.

Al ratito viene Marta, la doctora, y me dice que en la analítica sale que las plaquetas están un poco bajas, pero que no es algo preocupante y que es debido al tratamiento. Me pincharán el Bortezomid lunes y jueves y seguiremos con los medicamentos que tocan, aunque muchos de ellos pasarán de vía intravenosa a vía oral para que pueda tomarlos en casa cuando en los próximos días me den el alta, como es la idea. Ya que estamos, lo que sí me gustaría es estar aquí por lo menos hasta el viernes para poder aprovechar todas las sesiones posibles de fisioterapia que me van a venir muy bien para recuperar la movilidad de las piernas.

Termino de escribir el post sobre las 11:30 de la mañana. Hoy tengo de enfermera a Esperanza y de auxiliar a mi Carmen, dos cracks. Y de compañía a mi Merchi, como siempre. Ya me asearon, desayunamos -gracias a Carla que hacía varios días que no la veía-, echamos el ratito de charla con Susi -hoy bastante intenso, la verdad- y también ha venido a verme Marta, la doctora, aunque no hay ninguna novedad. Ya sólo esperar que venga Eva para hacer los ejercicios y a dejar que corra el día… otro más camino del #yomecuro…

#yomecuro #SeguimosJuanma

Para terminar os dejo por aquí el vídeo que puse en Twitter y en Facebook de mi Patri cantándome una canción en casa y que tantas visitas y buenos comentarios está teniendo. ¿Cómo no voy a estar contento con estas cosas, por Dios? Si es para comérsela…

Crónicas hospitalarias (VIII): un respiro necesario

Viernes, 8 de febrero. 4:15 de la madrugada. Insomnio, como tantas y tantas noches. Una más. Empiezo a escribir este post desde el móvil para no molestar a mi Merchi, que está descansando un ratito porque tampoco estaba pasando una buena noche.

Ayer me pusieron un nuevo chute de quimio por vía intravenosa. Según me comentó la doctora Montero, sólo me han quitado un fármaco con respecto a los que me pusieron la última vez, pues puede producir más problemas gastrointestinales que beneficios. Recordemos que de todas formas se trata de un tratamiento cañero de poliquimioterapia, por lo que sus cosillas tendrá el que esa leña entre en mi cuerpo serrano. Yo lo que pido es que se cargue lo que se tenga que cargar y que me haga los menores estropicios posibles, aunque ya se sabe que en muchos casos los efectos secundarios son inevitables.

Ayer le rogué a la doctora que me dejara salir de aquí. Os aseguro que lo necesito. Tengo que ver algo que sea distinto a esta pared morada que llevo viendo tantos días seguidos y encima sin bajarme de la cama, salvo cuando hago los ejercicios con Eva, mi magnífica fisioterapeuta. Es lo que tiene estar encerrado en una habitación de aislamiento.

Es una petición ya a la desesperada. Hoy cumplo 70 días ingresado, que son muchos y donde algunos han sido mejores que otros, evidentemente. Necesito estar aunque sea un par de días en casa, necesito respirar fuera de aquí, necesito abrazar a mi gente, necesito ver la calle, con todas las precauciones posibles: mi corsé puesto, irme a casa en un taxi montado en sillita de ruedas. No me quedan ganas de repetir la experiencia de la ambulancia que tan mal salió la vez anterior…

Yo afortunadamente me encuentro de momento muy bien y la doctora me dijo que veríamos cómo me sentaba esta quimio, cómo estaba la analítica de hoy y si la cosa iba bien podría irme un par de días a casa. No me quiero hacer ilusiones porque si finalmente no me puedo ir el palo será gordo, pero tengo confianza en que sí pueda ser porque estoy seguro que me va a venir muy bien.

Estoy deseando que amanezca, que empiece por aquí un poco el movimiento, que venga Susi a hacer la limpieza de la habitación, que echemos nuestro ratito de charla. Es curioso, mi mujer y yo casi conocemos su vida, a su pareja, a sus cuatro hijos, que se casa el 4 de mayo y ni se acordó que ese día empezaba la Feria de Sevilla y encima era el fin de semana de las motos en Jerez, donde ellos van todos los años pues tienen un negocio de monos de motos. Qué crack es Susi. Es limpiadora, pero tiene una clase, un saber estar y un darte ese ratito de conversación que hace que te comas media horita del día con cosas agradables, como que te enseñe fotos de sus hijas vestidas de flamenca guapísimas y preparadas por su Richard. La calidad humana de las personas que uno se encuentra por aquí está muy por encima de la media de lo que uno se puede encontrar en cualquier otro sitio, os lo aseguro.

¿Y qué os puedo decir de mi Carmen? Carmen Amuedo, de profesión auxiliar de enfermería y creo que se rompió el molde después de nacer ella. No se puede ser más buena persona. Le queda casi un año para jubilarse y creo que no tiene la autoestima demasiado alta. Yo la quiero mucho porque desde el primer momento me ha demostrado su profesionalidad, su cariño y su cercanía.

Pero claro, ¿qué os digo de Alicia? ¿Y de Fani? ¿Y de Loli? ¿Y de Mari Carmen? Si es que son todas… A ver si me encuentro una rancia y os digo quién es, porque hasta ahora no la he encontrado. Y eso que el trabajo que tienen que realizar no es precisamente agradable, pero cuando se tiene vocación y se entiende que el buen trato al paciente es lo primero pasa lo que pasa, que tienen a uno mlmaíto y hace que la estancia sea más agradable de lo que en un principio es.

Harto de desayunar siempre lo mismo. Colacao o manzanilla con un pan sin sal y sin tostar con mantequilla. Pero como te lo trae la simpática de Carla, una trebujenera con mucho arte, parece que hasta me sienta mejor y todo. Aquí parece que está uno todo el día comiendo y la verdad es que en general la comida está buena, unas veces mejor que otras, pero sigo pensando que ponen demasiado de comer, sobretodo para gente que casi no nos movemos ni gastamos energía. Yo estoy casi todo el día sin hambre y me limito a comer lo mínimo en cada comida.

¿Y las enfermeras? Qué buenas son todas las que me atienden, sobre todo en el trato, que es lo que más valoro, aparte de la profesionalidad que demuestran en el día a día. Esperanza, Pilar, Sonia, Sara… ¡qué buenas sois y qué os agradezco vuestra cercanía!

El tema médicos es el que más descolocado me tiene, sobre todo porque creo que no estoy suficientemente informado. Lo que me descoloca mucho es que cada vez viene a verme un médico distinto. He perdido la cuenta del número de ellos que me han visto desde que estoy por aquí a principios de diciembre. Entiendo que será su forma de trabajo, en equipo, pero yo no siento esa coordinación que haga que yo como paciente me sienta completamente informado de los tratamientos que me van a poner, las pruebas que me van a hacer, etc.

Desde que estoy en aislamiento empezó a llevarme Javier. Venía todos los días a verme pero hace más de una semana que no lo veo. Después vino un día el doctor González, pero tampoco vino más. Y parece que quien se ha quedado de titular es la doctora Isabel Montero, al menos es la que últimamente me está viendo a diario. Me gusta esta doctora porque me explica cada día lo que me van a hacer, aunque tengo pendiente con ella una conversación algo más concreta para que me comente la idea que tiene sobre los próximos tratamientos a seguir. Pero hoy me conformaré con que me dé ese permiso para irme a casa un par de días. ¿Podrá ser? Espero que sí. Después os lo cuento…

#yomecuro #SeguimosJuanma

Y para terminar, como hoy me siento bastante optimista y contento, me ha dado por poner en Twitter esto. ¿Tendremos éxito de convocatoria y podremos hacer algo? A mí desde luego me encantaría, porque somos muchos los que estamos liados con el #yomecuro y muchísimos más los que están apoyando. Al menos nos merecemos conocernos y compartir una cervecita, aunque sea SIN.