A mi cuñado Luis.

Quiero dedicar este post a alguien que nos ha abandonado para siempre: a mi cuñado Luis, hermano de mi mujer, que con sólo 36 años despedimos ayer todos los que le conocimos.

Desde luego que este post se sale de la temática habitual de este sitio y tampoco sé si debería escribir esto, pero como el cuerpo me pide que así lo haga, es por lo estoy tecleando estas letras.

Ha sido el maldito cáncer el que se lo ha llevado para siempre. Él luchó con todas sus fuerzas, siempre estaba animado aunque los dolores que sintiera no le dejaran vivir. Sacando fuerzas de flaqueza cuando le visitaban sus padres -personas mayores con sus achaques propios de la edad-, sus hermanos, sus amigos…

Luis, sabes que compartíamos dos aficiones que se hacían recurrentes en nuestras conversaciones: la Semana Santa, siempre has sido cofrade de los de verdad, has sentido la Semana Santa de Sevilla como nadie, has sido costalero de varias cofradías, aunque desde hace un par de años no has podido sacar ningún paso debido a tu enfermedad. Conocías todo lo que rodea a las hermandades y al ambiente cofradiero.

Tu otra afición era el Sevilla F.C. Sevillista de los buenos, hasta el punto de acordarte de tu camiseta roja en tu último aliento de vida. Afortunadamente has podido conocer esta época tan dorada para el sevillismo y que tanto hemos disfrutado, aunque desde luego que te merecías seguir viendo los triunfos sevillistas. Seguro que desde el cielo los contemplarás.

Quiero que sepas -porque seguro que internet también llega al cielo y seguro que me leerás esto- que tu familia ha estado para quitarse el sombrero: tu mujer no se ha separado de tí en ningún momento, al igual que sus hermanos y tus suegros. ¿Y qué decir de tus hermanos, tus hermanas y tus padres? Puedes sentirte muy orgulloso de todos ellos -lo mismo que yo me siento- pues esto es una verdadera familia. Estos primeros días se están haciendo un poco duros, pero entre todos estamos intentando llevarlos lo mejor posible. Dicen que el tiempo cura todas las heridas y quizás sea así, pero seguro que cuando este año -y el que viene, y el otro, y el otro…- veamos el paso de la Virgen del Subterráneo de la Hermandad de la Cena no será como siempre: algo nos emocionará y nos hará sentir que ésa era tu hermandad, que has llevado esa Virgen sobre tus hombros y seguro que siempre nos acordaremos de eso.

Descansa en paz, Luis.